¡Sorpresa! Vas a ser padre (¡Sorpresa! Los hermanos Rich se enamoran 1) 19
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Madison

Intenté convencerme de que aquella conversación no significaba nada.

Lo intenté de verdad durante todo lo que duró el trayecto de vuelta a casa.

También mientras Ryder conducía y me preguntaba por tercera vez si estaba segura de que me encontraba bien.

Lo intenté mientras Noah dormía en su silla de coche, ajeno al virus, a mi crisis existencial y la facilidad con la que las enfermeras habían conseguido poner mi vida patas arriba en menos de cinco minutos.

Incluso lo intenté cuando entré en el apartamento y me encontré con una taza que Hunter había dejado junto a la cafetera esa mañana.

La cogí para meterla en el lavavajillas y me quedé mirándola como una tonta.

Una taza. Solo era una taza, pero de pronto recordé todas las mañanas en las que Hunter me había preparado el café porque ya sabía exactamente cómo me gustaba.

Porque se preocupaba por mí, o eso creía yo.

Tal vez era porque yo era la madre de su hijo y Hunter Rich era el hombre más responsable que había conocido en mi vida.

Dejé la taza en el lavavajillas con más fuerza de la necesaria y me apreté los ojos con los dedos, como si así pudiera quitar de mi mente las cosas que imaginaba.

No podía hacerme eso.

Esa chica estaba despechada, era evidente. Hunter había roto con ella y ahora estaba conmigo, así que podía entender que intentara buscar una explicación que no implicara aceptar que él había preferido a otra mujer.

Además, Hunter me había dicho que quería estar conmigo. Lo había susurrado mientras estaba dentro de mí, pero también antes y después.

Sentí calor en las mejillas solo con recordar todos los momentos en los que me había jurado que quería estar conmigo.

No. Definitivamente un hombre no decía algo así en momentos como los que vivimos solo por responsabilidad… ¿verdad?

Noah protestó desde su carrito y agradecí tener algo en lo que concentrarme. Me acerqué enseguida, comprobé su frente por decimoquinta vez desde que habíamos salido del hospital y respiré algo más tranquila al notar que no parecía tan caliente.

—Estás bien —murmuré mientras le acariciaba una mejilla—. Tú estás bien, el problema lo tiene tu madre, que al parecer es incapaz de estar con alguien sin sentir el mundo de la inseguridad sobre los hombros. —Noah bostezó y sonreí—. Vaya, gracias por el apoyo.

Lo cogí en brazos, solo porque me hacía sentir mejor, y me senté en el sofá con él.

Estaba cansada. Entre el susto de la fiebre y lo que había escuchado en el hospital, sentía que me había pasado un camión por encima. Debería haber aprovechado que Noah estaba tranquilo para dormir un poco, pero en lugar de eso, me devané los sesos pensando en Hunter.

En todo lo ocurrido desde el parto, en cómo me había llevado a vivir con él prácticamente sin preguntarme.

Porque quería a su hijo cerca. Eso había dicho en un principio, y me pareció razonable.

Pero después preparó una habitación para mí.

Compró una cuna, un carro y un montón de cachivaches que ni siquiera sabía si usaría algún día.

Se implicó con Noah tanto que me sentí afortunada.

Hasta ahí todo era normal. Lógico, teniendo en cuenta la personalidad de Hunter.

Pero luego empezamos a besarnos. A acostarnos. A comportarnos como una pareja.

No, como una pareja, no. Como una familia.

Hasta esa misma mañana la evolución no me parecía tan descabellada. Ahora, por primera vez, me preguntaba si tal vez me había dejado llevar por mis propias emociones hasta el punto de quedarme ciega y no ver la realidad.

Si no, ¿cómo es que no había pensado que Hunter sentía una evidente admiración por el modelo familiar que habían creado sus padres? Tanto como para querer repetir el patrón. Formar una familia. Mamá, papá y bebé juntos.

La realidad era que antes de Noah nosotros solo estuvimos juntos una noche. Una noche increíble y con el mejor sexo de mi vida, sí, pero una noche al fin y al cabo.

Después yo desaparecí y nueve meses más tarde reaparecí con la mayor sorpresa de nuestras vidas.

Conociendo como conocía a Hunter ahora, ¿acaso era tan descabellado pensar que estaba conmigo solo para poder darle una familia tradicional al bebé?

Hiperventilé, me puse al borde de un ataque de ansiedad y me calmé tantas veces en el siguiente par de horas, que para cuando la puerta se abrió y Hunter entró en casa, todavía vestido con la ropa del hospital, estaba completamente devastada emocionalmente.

—¿Dónde está mi bebé favorito?

Levanté la mirada del sofá y me fijé en su sonrisa. Mi corazón hizo esa cosa estúpida que llevaba haciendo desde hacía semanas cada vez que lo veía: brincó como un perrito que llevara horas sin ver al amo al que había decidido ser fiel de por vida.

—Dormido —murmuré intentando sonar neutral.

Hunter dejó las llaves sobre la entrada y vino directo hacia nosotros. Primero miró a Noah en mis brazos. Después a mí. Se agachó frente a nosotros y apoyó una mano en la frente del bebé.

—He hablado con el pediatra que lo atendió —murmuró mirando a nuestro hijo—. Está más fresco ahora.

—Sí, le ha bajado la fiebre.

—Bien. —Soltó el aire y entonces me miró—. ¿Por qué no esperaste en el hospital? Pensé que te ofrecerían la sala de descanso adaptada a nuestra familia mientras yo acababa la cesárea. ¿No fue así?

—Estabas trabajando y no quería importunar.

—Madison, ¿qué pasa?

Podría decir que Hunter era muy perspicaz, pero después de las últimas horas que había pasado, no había más que verme para saber que algo no andaba bien.

—Nada —dije—. Ya te lo he dicho, no quería molestar.

—No molestas nunca. Y menos si se trata de Noah. Es mi bebé.

Es mi bebé.

Era una frase de lo más normal. Sin embargo, quise preguntarle si eso era lo único que le importaba. Absurdo, porque obviamente estando enfermo, Noah era lo único que debería importar.

—¿Qué pasa? —preguntó de nuevo.

—Nada, ya te lo he dicho.

—Sí, pero no te creí la primera vez y no te creo ahora.

Intenté sonreír, pero me quedé en una mueca.

—Ha sido un día complicado, eso es todo.

Su expresión cambió de inmediato, volviéndose más comprensiva. Se sentó a mi lado y pasó un brazo por detrás de mis hombros.

—Debiste asustarte muchísimo al notar la fiebre de Noah.

Me acercó a él, me besó el pelo y me quitó parte del peso que llevaba encima sin que yo tuviera que pedírselo. Cerré los ojos e intenté convencerme de que aquello era real. No era solo por Noah.

Pero entonces recordé la voz de Lauren diciendo que Hunter siempre ha sido demasiado responsable.

Me aparté de él con la excusa de reacomodar a Noah, pero lo cierto era que la ansiedad volvía a dominarme.

—Voy a llevarlo a la habitación para que esté más cómodo.

—Déjame a mí.

—Puedo hacerlo —dije.

—Ya lo sé, pero quiero que descanses. Yo me ocupo desde ahora.

Lo observé levantarse con nuestro hijo en brazos y pensé, no por primera vez, que era un padre maravilloso.

No dudó ni un instante de que Noah era suyo, mientras yo había necesitado días para entender qué demonios estaba ocurriendo con mi vida, él reaccionó de inmediato ofreciéndome todo lo que necesitaba: casa, médicos, pañales, cuna, familia.

Todo. Hunter había asumido su paternidad con la misma naturalidad con la que se ponía una bata para entrar en quirófano.

Porque era muy responsable. Y esa palabra de mierda iba a atormentarme por el resto de mi vida.

***

Los dos días siguientes fueron todavía peores. Intenté convencerme de que esa enfermera estaba despechada porque Hunter había roto con ella y ahora estaba conmigo. El problema era que, una vez instalada la duda, no conseguía sacármela de la cabeza.

¿Cómo podía saber que Hunter me habría elegido si Noah no nos hubiera obligado a conocernos más a fondo?

Antes de su nacimiento, él ni siquiera sabía mi verdadero nombre. Yo desaparecí y nueve meses después éramos una familia.

¿Era yo lo bastante buena como para que alguien como Hunter se enamorase de mí si Noah no existiera?

Aquella era la pregunta que de verdad me atormentaba, porque esa reflexión llevó a una certeza que ya no podía tapar más: me había enamorado del padre de mi hijo.

No sabía exactamente cuándo había ocurrido, pero era un hecho.

Y precisamente por eso necesitaba estar segura de que él quería a Madison, y no solo a la madre de su hijo.

Por eso, después de dos días de tormento emocional en los que incluso él notó que algo raro pasaba, decidí dar un paso adelante. Cuando mis padres anunciaron que volvían al pueblo, tomé la decisión de ir con ellos unos días.

Necesitaba alejarme de aquel piso, del edificio entero. Sentía que era una burbuja que no me dejaba pensar con claridad.

Esa noche, cuando se lo dije a Hunter, no lo tomó bien, como era de esperar. Me miró más serio que nunca e hizo la única pregunta que no sabía si podía responder con total sinceridad.

—¿¿Por qué??

—Necesito pensar.

—¿Pensar en qué?

—En esto. En todo.

Su expresión pasó de la incertidumbre a la ofensa en apenas unos segundos.

—¿En esto? Hace unos días estábamos bien. No sé qué ha pasado, desde que Noah enfermó me evitas y ahora me vienes con que quieres marcharte a Ohio. No me jodas, Madison. Me merezco una explicación un poco más extensa que esa.

Inspiré hondo. Tenía razón. Pese a todo y sin importar cómo me sintiera, Hunter merecía que fuera sincera. O al menos todo lo sincera que pudiera.

—Todo esto ha ocurrido demasiado rápido. Hace unas semanas ni siquiera sabía que estaba embarazada y ahora tenemos un hijo, vivo contigo y somos una pareja. ¿No te parece que es todo una locura?

—Me parecía una locura, pero en el buen sentido.

—Nos hemos precipitado.

—No es verdad.

—Sí lo es. Nos hemos precipitado amparados en el nacimiento de Noah.

El silencio que siguió a esas palabras mías me pareció insoportable.

—¿Qué significa eso?

—Significa que no sé si estamos siendo influenciados por esta burbuja de familia feliz que hemos querido crear.

—¿Y qué puto problema hay en crear una burbuja de familia feliz?

Tragué saliva. Aquello no estaba saliendo como yo pretendía. No quería hacer daño a Hunter. Solo quería pensar lejos de él. Lejos de todo aquello que tan difícil me ponía ser práctica y fría.

—Oye, no pretendo quitarte a Noah. Solo te estoy pidiendo unos días para aclarar mis ideas. Voy a volver, él merece crecer cerca de ti, independientemente de lo que pase contigo y conmigo.

Aquellas últimas palabras fueron como dardos envenenados. Fui consciente del dolor que relampagueó en sus ojos, pero no me detuve porque… porque estaba hecha un lío. Y las palabras de esa chica no dejaban de resonar en mi cabeza.

—¿Y qué esperas descubrir en Ohio que no puedas descubrir aquí, hablando conmigo? —su tono fue calmado, me dolió en lo más profundo porque ni siquiera en un momento así montó en cólera o la tomó conmigo. Como mi silencio se extendió, Hunter asintió con rigidez—. Vale, escríbeme cuando lleguéis.

—Lo haré —susurré.

Durante un segundo pensé que iba a abrazarme. Besarme. No sé. Hacer algo peliculero que me diera una pista de lo que estaba sintiendo, pero él solo dio un paso atrás y suspiró.

—Buen viaje, Madison.

Se metió en su habitación y no miró atrás ni una sola vez.

Me dio, de esa forma, todo el espacio y tiempo del mundo para hacer la maleta y volver con mis padres. No salió a despedirse, ni intentó pararme de ninguna forma.

Me dije todo el tiempo que era lo mejor. Tenía que tomarme un respiro, un tiempo para pensar con claridad.

Sin embargo, ni siquiera habíamos salido de Manhattan cuando comprendí que ya lo echaba de menos. Que estaba locamente enamorada de él y no había distancia capaz de impedir eso.

El problema de verdad era que no sabía si Hunter Rich me amaba del mismo modo que yo lo amaba a él. Y no me sentía capaz de vivir eternamente con esa duda.