¡Sorpresa! Vas a ser padre (¡Sorpresa! Los hermanos Rich se enamoran 1) 16
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Madison

—Todo perfecto.

Miré a la matrona e intenté controlar mi ansiedad. Y también intenté que no se notara que estaba ansiosa.

—¿Perfecto de verdad?

—Perfecto de verdad —dijo riéndose mientras se quitaba los guantes—. Tu recuperación ha sido buenísima. El desgarro ha cicatrizado correctamente y el útero está recuperando su tamaño, así que puedes recuperar tu actividad física normal poco a poco.

Asentí y me lamí los labios, nerviosa.

—Actividad física normal.

—Ajá.

—Toda… toda.

La matrona me miró. La miré y sonrió. Tragué saliva, muerta de vergüenza, sobre todo cuando dijo:

—También puedes mantener relaciones sexuales, si es lo que te preocupa.

—Sí. O sea, no me preocupa, pero… bueno. Gracias.

Ansiosa. Me había mostrado muy ansiosa. Y después de todo esa matrona trabajaba en el mismo hospital que Hunter.

Hospital que pertenecía a su familia. Y yo había sido el caso más comentado en los últimos tiempos, así que posiblemente esa matrona sabía que iba a llegar a casa y abalanzarme sobre Hunter.

Genial. No tenía vergüenza. Casi.

—Lo que sí tienes que saber es que por lo general, las primeras veces notarás sensibilidad, incluso alguna pequeña molestia, pero no deberías notar dolor.

Si algo te duele, paráis. Si necesitas lubricante, no te cortes a la hora de usarlo.

Durante la lactancia puede haber más sequedad vaginal.

Y siempre puedes consultar una fisioterapéutica de suelo pélvico si las molestias son intensas.

—Vale.

—Por otro lado: tema anticoncepción.

—Sí, claro, eh…. Por supuesto —dije muerta de vergüenza.

Controlaba esa parte. Sé que parecía que no porque, bueno, había parido un bebé sorpresa, pero de verdad la controlaba. No pensaba convertirme en la primera mujer del mundo en tener dos embarazos crípticos seguidos sin enterarse.

Salí de la consulta sintiéndome extrañamente nerviosa. No era como si tuviera obligación de acostarme con Hunter esa misma noche, podíamos esperar, pero… pero no quería esperar. Dios, quería tenerlo dentro de mí y la urgencia era tal que llegué a casa en tiempo récord.

Entré en el ascensor y me miré en el espejo.

—Vas a acostarte con él —le dije a mi reflejo.

Y luego me reí como una lunática. Al menos hasta que las puertas volvieron a abrirse y entré en casa.

Hunter estaba en la cocina preparando café.

—Hola —dije, repentinamente tímida.

—Hola, cielo. ¿Qué tal?

—Bien.

—¿Todo bien con la matrona?

Si estaba igual de ansioso que yo, disimulaba bastante mejor.

—Todo perfecto. Está todo… todo genial.

Fui consciente del momento en que se dio cuenta de lo que eso significaba, porque su mano se quedó inmóvil sobre la cafetera y una sonrisa lenta se extendió por su rostro.

—¿Perfecto… perfecto?

—Eso he dicho.

Hunter carraspeó.

—Me alegro.

—Yo también.

El silencio que sobrevino a aquella situación fue incluso absurdo. Habíamos tenido un hijo y, sin embargo, ahí estábamos, nerviosos ante la perspectiva de tener sexo.

Además, llevábamos una semana teniendo sexo, solo que sin penetración, pero había tenido a Hunter desnudo tantas veces que ya conocía su anatomía casi mejor que la mía propia.

Entonces… ¿Por qué estábamos comportándonos como dos adolescentes que acababan de descubrir para qué servían sus genitales?

—Entonces… —dijo él.

—Entonces… —carraspeé y miré alrededor—. ¿Dónde está Noah?

Hunter sonrió, soltó la cafetera y, por fin, se acercó a mí.

—Con mis hermanos.

—¿Con tus hermanos?

—Ajá. Cassidy y Ryder se lo han llevado.

—¿Se lo han llevado a dónde? —pregunté ansiosa.

—A casa de mis padres. Está prácticamente toda la familia allí y tenemos todo el tiempo del mundo para estar tranquilos… y solos.

Parpadeé, cayendo en la cuenta de que Hunter había ido como mil pasos por delante de mí.

—¿Has entregado a nuestro hijo a tu familia antes de saber qué iba a decirme la matrona?

—No exactamente.

—Hunter.

—Les pedí que estuvieran disponibles. Solo eso. ¿Por qué? ¿estás enfadada?

Abrí la boca para contestar, pero me llevó un par de segundos poner en orden mis pensamientos.

—¿Has organizado un dispositivo familiar para tener sexo conmigo?

—Cuando lo dices así parece una idea horrible.

Me reí, un tanto histérica.

—No es horrible pero es que… es que me muero de vergüenza al pensar que tu familia piensa que ahora mismo estamos desnudos y…

—Bueno, es que quizás deberíamos estar desnudos y…

—¡Hunter!

Él soltó una carcajada, aceleró sus pasos y me rodeó la cintura con sus enormes y preciosas manos.

—Oye, podemos ir a recogerlo ahora mismo si quieres. No he hecho nada de esto para obligarte a tener sexo conmigo. Eso lo sabes, ¿verdad? Solo pensé que, si todo iba bien, quizás nos vendría bien tener un rato a solas para celebrarlo, pero no estás obligada a nada y…

Se interrumpió cuando mis manos tomaron la iniciativa de la situación, situándose en su pecho y desabrochando el primer botón de su camisa.

—¿Unas horas? —pregunté.

—Toda la noche, si así lo queremos.

—¿Y si necesita comer?

—He dejado en casa de mi madre leche congelada suficiente para alimentar a todos los bebés del Upper East Side una semana.

—Exagerado —murmuré mientras acababa de desabrochar su camisa y dejaba al descubierto su maravilloso torso. Acaricié sus abdominales y cuando lo oí ronronear lo imité—. Eres tan increíble.

—Cielo, decir que pienso lo mismo se queda corto. Eres perfecta.

Me alcé de puntillas y lo besé, incitándolo a intensificar el gesto. Él me abrazó más fuerte, pero se separó unos instantes.

—De verdad no tenemos que hacer nada que no quieras y…

—Hunter.

—¿Sí?

—Cállate y bésame.

Sonrió en mi boca y, cuando la cosa empezó a ponerse interesante de verdad, Hunter se separó, acarició mi mejilla y me guiñó un ojo.

—Tengo una reserva —dijo de la nada.

—¿Perdón?

—La hice en un restaurante, por si te apetecía salir a cenar, pero ahora yo tengo la camisa abierta y…

—Hunter.

—¿Sí?

—Quiero sexo. Quiero sexo inmediato y hasta el final. Y después, si quieres, puedes pedirme la hamburguesa más grande que sean capaces de cocinar en el restaurante del edificio y alimentarme. Pero ahora mismo no saldría de aquí ni por un millón de dólares.

—Joder, menos mal.

Las delicadezas se terminaron en ese mismo instante.

Me alzó en brazos sin miramientos, me enroscó en sus caderas y me llevó hasta la que era nuestra habitación desde hacía unos días, tumbándome en la cama sin ceremonias y quitándome la ropa en tiempo récord.

Estuve desnuda tan rápido que incluso tuve que parpadear, admirada.

Creo que en lo que duró ese parpadeo Hunter consiguió desvestirse a sí mismo.

—Todavía pienso darte una primera cita de verdad, en un restaurante fuera de este edificio, pero ahora… ahora necesito otra cosa.

—Gracias al cielo.

Reímos y me di cuenta de que aquella noche no tenía nada que ver con la primera vez que tuvimos sexo.

Cuando nos conocimos todo fue precipitado, intenso y anónimo.

En aquel instante ya nos conocíamos. De verdad sentía que un mes y medio habían sido suficientes para conocer a quien tenía delante. Al menos, en lo más esencial.

Sabía dónde le gustaba ser acariciado, cómo prefería besar y que se volvía completamente loco si me tragaba su erección de una sola vez, hasta el fondo como una buena chica mientras él sujetaba mi pelo.

Conocía cada detalle de su sexualidad, por íntimo que fuera, y eso era increíble, porque me bastaba ver el modo en que me miraba para saber que quería follarme duro, pero se contenía para que nuestra primera vez con penetración fuera distinta.

Hunter se arrodilló entre mis piernas, usando sus rodillas para separarlas, y su glande rozó inevitablemente mi vagina arrancándome el primer gemido de la noche.

Besó mi cuello, bajó por mi pecho y enroscó su increíble lengua en mis pezones. Primero uno y luego el otro, dándole pequeños toques que me torturaban hasta lo indecible. Consiguiendo que apretara las sábanas con los puños en busca de más.

Hunter bajó un poco más, arrastrando su lengua por mi esternón hasta mi ombligo.

Hundió su lengua incluso ahí justo antes de bajar más, un poco más pero no lo suficiente. Su nariz hizo cosquillas en mi pubis y alcé las caderas, ansiosa por más.

—Oh, por favor —gemí.

—No te preocupes, cielo, pienso darte todo lo que quieres… solo que a mi ritmo.

—Tu ritmo es demasiado torturador.

—Así el estallido será mejor.

Cerré los ojos, frustrada, y justo en ese instante sentí su lengua abrir mis labios y recorrer mi abertura por completo. De arriba abajo con intensidad, reconociéndome, abriendo el camino para lo que venía después. Grité por la sorpresa y enredé mi mano en su nuca, pidiéndole más.

Hunter no se hizo de rogar, tenía tantas ansias como yo, así que en poco tiempo dos de sus dedos estaban dentro de mí mientras me follaba, pero llevábamos una semana entera haciendo preliminares. No era eso lo que quería, así que tiré de su pelo, arrancándole un gemido y haciendo que me mirara.

—Te quiero dentro. Ya.

—Cielo…

—No necesito ni siquiera lubricante. Hunter, estoy empapada de pensar que vas a entrar y… te necesito.

Creo que fue eso último, mostrarle mi necesidad, lo que lo convenció de actuar.

Se alzó sobre sus rodillas, abrió el cajón de su mesita de noche y sacó una tira de condones de la que arrancó uno, que abrió y se colocó tan rápido que no tuve tiempo siquiera de pensarlo.

Cuando volvió a colocarse entre mis piernas fue apoyando su glande en mi entrada, colocando las manos a cada lado de mi cabeza y mirándome a los ojos.

—¿Estás segura?

Que fuera capaz de preguntarme algo así cuando él estaba temblando de excitación solo hizo que lo deseara más. Lo abracé, alcé mis caderas y asentí mientras lo incitaba a penetrarme.

Lo hizo lento. Tan lento que lo sentí como una agonía emocional, que no física.

—¿Duele?

—No.

—¿Seguro?

—Nada —gemí, cuando ya tenía más de la mitad dentro—. Dios, es tan bueno. Joder, lo necesitaba tanto.

—No puedes nombrar a Dios y blasfemar en la misma frase, cielo. Es pecado.

—A la mierda, Hunter, fóllame.

Soltó una pequeña carcajada, pero se deslizó por completo en mi interior, haciendo que los dos gimiéramos y nos arqueáramos a la vez.

Fue intenso, fue certero y fue… perfecto. Completamente perfecto. Cuando abrimos los ojos y nos miramos sentí que en su mirada podía ver todo lo que necesitaba y quería de la vida.

Hunter y yo. Nosotros y el futuro entero por delante.

—Eres lo más increíble de mi vida —dijo para dar énfasis a lo que yo ya había visto reflejado en su rostro.

—Lo mismo digo, cielo.

Nos besamos, nos mecimos y fue tan maravilloso que, cuando sentí el orgasmo formarse en mi interior, lo asemejé a lo que debe sentir un escalador alcanzando la montaña.

A aquellas alturas había tenido muchos orgasmos con Hunter, pero ninguno como aquel.

Ninguno con él dentro de mí, esperando con paciencia que lo alcanzara, listo para seguirme y sabiendo que aquello no era algo de una noche.

Iba a estar ahí cuando acabara la noche.

Estaría ahí siempre, porque éramos una familia.

Y eso hizo que el placer se multiplicara de un modo increíble.

Me corrí yo primero, pero noté perfectamente cómo lo arrastré conmigo, porque latió dentro de mí y gimió mi nombre en el tono más perfecto del mundo.

Después, cuando los dos nos calmamos, Hunter me besó, salió de mí, se quitó el condón y me arrastró hasta su pecho.

—¿Estás bien?

—Como vuelvas a preguntármelo, voy a pedir una segunda opinión médica.

Se rio.

—Vale, vale.

Nos quedamos en silencio mientras yo escuchaba los latidos de su corazón.

—Hunter —dije al cabo de unos segundos—. Tal vez deberíamos ir a buscar ya a Noah.

Se incorporó un poco y miró la hora en su móvil.

—Cielo, es muy tarde.

—Por eso.

—Está dormido.

—¿Cómo lo sabes?

—Mi madre ha mandado aproximadamente treinta fotos al grupo. Mira.

Me enseñó la última, en la que Noah dormía sobre el pecho de George mientras Pauline estaba sentada a su lado. Sentí que se me llenaba el pecho de algo cálido.

—Vale. Que se quede.

—Esa es mi chica —dijo soltando el teléfono—. Además, cariño, no estoy ni siquiera cerca de acabar contigo.

Podría parecer que después de un orgasmo tan bonito estaba calmada, pero tuve que apretar los muslos ante la perspectiva de volver a tenerlo dentro de mí.

Cerré los ojos para calmarme y coger fuerzas. Era increíble lo rápido que habían cambiado mis prioridades.

Con Hunter.

Con mi futuro.

Incluso con la idea de volver al pueblo.

Mi vida había cambiado en semanas, pero en aquel momento solo existían aquella cama, Hunter y la certeza de que Noah estaba a unas plantas de distancia, rodeado de personas que lo adoraban.

Y justo antes de quedarme dormida pensé que, quizás, aquello que tanto miedo me había dado al principio empezaba a parecerse, de un modo asombroso, a la vida que siempre había querido.