¡Sorpresa! Vas a ser padre (¡Sorpresa! Los hermanos Rich se enamoran 1) 12 #2
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—Voy a acostarlo en la cuna.

Agarré el asa del capazo y me dispuse a dirigirme hacia los dormitorios, pero la voz de Hunter me detuvo.

—Tenemos que hablar.

—Pero Noah...

—Noah puede seguir durmiendo en el capazo unos minutos más. No le va a pasar absolutamente nada.

Mierda.

Excusa perdida.

Solté el asa y me giré hacia él.

—¿De qué quieres hablar?

Hunter me miró como si la respuesta fuera tan evidente que mi pregunta acabara de insultar su inteligencia.

—De tu patético intento constante de alejarte de mí.

—Yo no me estoy alejando de ti.

—Te he mandado un mensaje hace dos horas y no has respondido.

—Porque hemos ido a dar una vuelta por Central Park, nos hemos encontrado con Holly e Isla y...

—Madison, deja las excusas.

Cerré la boca.

Hunter se levantó del sofá.

—Llevas días haciendo esto. Cada vez que intento pasar un rato contigo, tienes algo que hacer. Cuando llego del hospital, casualmente no estás. Y si estamos los dos en casa, encuentras cualquier motivo para desaparecer.

—Eso no es verdad.

—¿No?

—No.

Arqueó una ceja.

Maldita fuera esa ceja.

—Entonces mírame a los ojos y dime que no me estás evitando.

Lo miré a los ojos dispuesta a mentir, pero... simplemente no fui capaz. Nadie podía mentir mirando directamente a los ojos a otra persona. Y mucho menos si esa persona era tan ridículamente atractiva.

Era una cuestión científica.

—Vale, sí. Te estoy evitando.

Hunter suspiró.

—Gracias por la confirmación.

—Mira, después del incidente del otro día, creo que es mejor que mantengamos las distancias. No quiero que confundamos las cosas y acabemos cargándonos lo que tenemos. Esto funciona. Vivimos juntos, cuidamos de Noah juntos, nos llevamos bien... ¿Para qué complicarlo?

—¿El incidente?

—Sí.

—¿Te refieres al beso? —Asentí y él bufó, como si mi actitud le pareciera ridícula. Probablemente lo era—. Puedes llamarlo beso, Madison. No va a aparecer la policía por decirlo en voz alta.

—Sea como sea —dije, recuperando el hilo de la conversación—, creo que lo más sensato de ahora en adelante es que no volvamos a sobrepasar ciertos límites.

Hunter alzó una ceja, como si aquello le pareciera lo más irónico del mundo.

—Eso llega un poco tarde, teniendo en cuenta que hace nueve meses sobrepasamos todos los límites posibles.

Su mirada intensa me provocó un estremecimiento.

—Pero eso no significa que debamos repetir la hazaña. No quiero confundir las cosas y que Noah termine saliendo perjudicado si esto no funciona.

—Noah no tiene por qué salir perjudicado, Madison.

Ya te lo dije el otro día. Quiero que seamos una familia y quiero que esta casa también sea tu hogar.

—Dio un paso hacia mí—. Quizá no fui lo bastante claro con mis intenciones, así que voy a intentarlo otra vez.

Quiero estar contigo. Besarte. Dormir juntos.

Hacer el amor algunas veces y otras follarte hasta que el placer te resulte insoportable.

—Tragué saliva. Definitivamente, la falta de claridad había dejado de ser un problema—.

Quiero prepararte tostadas por la mañana y besarte entre sorbos de café.

Salir juntos a pasear y que me cojas de la mano.

Llegar del hospital y encontrarte aquí. Quiero discutir contigo porque has vuelto a dejar una taza en cualquier sitio y que tú te quejes porque dejo los zapatos donde no toca.

Quiero ver una película contigo después de acostar a Noah y acabar hablando durante dos horas porque ninguno de los dos estaba prestando atención.

Quiero hacer planes contigo. Planes de verdad.

No solo decidir quién cambia el siguiente pañal.

Se detuvo frente a mí.

—Quiero todo eso, Madison. Lo cotidiano, lo complicado, el sexo, las discusiones, las mañanas con sueño y las noches en las que Noah decida que dormir está sobrevalorado. Quiero probar qué pasa si dejamos de fingir que entre nosotros solo existe una convivencia que funciona bien.

—Hunter… —Mi corazón golpeaba con tanta fuerza que estaba segura de que podía oírlo.

—No voy a obligarte a nada —continuó—. Si tú no quieres lo mismo, lo aceptaré. Pero deja de esconderte detrás de Noah y de la excusa de que quieres proteger lo que tenemos. Porque los dos sabemos que no es esa la razón por la que llevas días huyendo de mí.

—Y, según tú, ¿cuál es la verdadera razón?

Hunter sostuvo mi mirada.

—Que tienes miedo.

Solté una risa incrédula.

—Ah, ¿sí?

—Sí. Miedo de que lo intentemos, salga bien y descubras que quieres quedarte. Que esto deje de ser algo temporal y tengas que aceptar que quizá la vida que quieres está aquí. Con Noah. Conmigo.

No respondí, el muy cabrón acababa de acertar de pleno.

—Pero, decidas lo que decidas, no vuelvas a evitarme. No voy a obligarte a nada, Madison. Si finalmente decides que no quieres esto, lo aceptaré. Pero deja de escapar de mí. Deja de inventarte excusas para no estar conmigo. —Su voz se fue apagando—. Porque eso duele demasiado.

Aquellas palabras me golpearon con fuerza en un lugar muy íntimo, enredándose con mis entrañas y apretándome el corazón.

Nunca nadie me había hablado con tanta honestidad. Nunca nadie había sido tan crudo y sincero conmigo.

—Yo... no sé qué decir.

—No tienes que decir nada. Piénsalo. Medítalo. Y cuando sepas lo que quieres, yo estaré aquí.

Asentí despacio y, sin añadir nada más, cogí el capazo y me dirigí hacia la habitación.

Necesitaba estar sola. Necesitaba silencio para ordenar mis pensamientos y averiguar qué demonios quería.

Aunque empezaba a sospechar que ese nunca había sido el verdadero problema.

El problema era que sabía perfectamente lo que quería.

Y me daba un miedo terrible admitirlo.