7
Madison
Kendall entró por la puerta de la casa de Hunter y lo primero que hizo fue levantar los pulgares en mi dirección, como si el hecho de que hubiese acabado viviendo allí fuera, de algún modo, mérito mío.
—Muy bien, amiga. Si vas a tener un hijo sin querer y del modo más random del mundo, esta es la mejor forma.
Me reí, porque la había echado de menos, aunque en realidad solo llevaba unos días sin verla.
Durante mucho tiempo Kendall había sido mi lugar seguro en el mundo, todavía lo era, pero me daba cuenta, con cada minuto que pasaba, de que mi mundo había cambiado para siempre.
Ahora yo era el lugar seguro de Noah y vivía en la casa de un hombre que me hacía sentir una legión de mariposas en el estómago solo con mirarme.
Desde la noche que elegimos el nombre del bebé los momentos íntimos empezaron a desarrollarse.
No sé ni bien cómo fue, pero Hunter empezó a formar parte de mis rutinas.
Se había tomado unos días libres en el trabajo para estar con el bebé y ponerlo todo en orden, así que si tenía que bañar a Noah, él estaba dispuesto.
Si por el contrario era yo quien quería darme un baño, se encargaba de que no oyera al bebé lo más mínimo.
Masajeaba su vientre cuando lloraba por cólicos y mientras tanto me explicaba cómo hacerlo para cuando él no estuviera.
Me hacía el desayuno y encargaba la comida y la cena siempre a mi gusto.
Era un hombre tan eficiente que había empezado a preguntarme si no sería irreal.
Tal vez todo aquello era un sueño rarísimo del que iba a despertar en el momento menos esperado, pero las horas y los días pasaban y seguía allí.
Incluso me había pellizcado en algún momento.
Y tenía un desgarro en mi vagina que me hacía volver a la realidad cada vez que forzaba más de la cuenta.
—He traído todas tus cosas del trabajo, como me pediste —me dijo Kendall mientras dejaba una maleta enorme en el salón.
Días antes Hunter había mandado a alguien a recoger mi ropa más básica para que yo no tuviera que hacerlo.
También se encargó de tramitar mi situación laboral, o más bien le encomendó a su madre y su hermano Mason, ambos abogados, que lo hicieran.
Averiguaron que el seguro me cubría seis semanas de posparto y la empresa se ofreció a guardarme el puesto el poco tiempo de contrato que me quedaba, pero la realidad era que no era un trabajo compatible con un bebé.
Apenas era compatible con mi vida, así que decidí que lo mejor que podía hacer era disfrutar unas semanas del bebé gracias al seguro y a que los gastos de vivienda estaban cubiertos por Hunter.
Eso me da la opción de pensar qué quería hacer con mi vida a largo plazo, porque el plan inicial de volver al pueblo queda descartado, al menos por ahora.
—No estés triste, era una basura de trabajo —me dijo Kendall sentándose a mi lado e imaginando que mi silencio se debía solo a eso.
—Lo sé. Nunca fue la oportunidad que yo pensé que era en un principio. No me hizo feliz. Y no me sentí tan a gusto como tú con tu inversor.
Kendall resopló y soltó una risita. Trabajaba bastante cerca de la casa de Hunter, en realidad.
Era la secretaria de un inversor financiero que tenía fama de chulo y mujeriego.
Mi amiga corroboraba lo primero, pero juraba y perjuraba que no había comprobado lo segundo.
Yo la creía, porque Kendall no era de mentir.
Ella decía que mezclar negocios con placer solo podía traer problemas y con su jefe, más, y yo la creía, porque era una chica responsable aunque pudiera no parecerlo.
—Estarás bien, Maddie —dijo sujetando mi mano.
—Lo sé, es solo que… tengo muchas cosas en la cabeza. No sé. Es todo demasiado surrealista y echo de menos vivir contigo.
—¿En serio? ¿Tan mal lo hace Hunter todo?
—No —reí—. Qué va. En realidad es atento e increíble, pero tú eres mi familia aquí, en Nueva York.
Kendall se emocionó, pero lo demostró a su manera, que era guiñar un ojo y hacerse la fría.
—Si soy capaz de ganar a un ricachón, es que sigo siendo la mejor.
—Lo eres —contesté aún riendo.
—Y dime, querida, ¿qué sabes de tus padres? O más bien la pregunta debería ser: ¿Qué saben ellos de ti?
—El crucero está siendo de ensueño. Mira. —Busqué mi teléfono entre los cojines del sofá y le mostré las fotos que me habían enviado esos días—. Se lo están pasando en grande.
—Maddie…
—Lo sé.
—Tienes que decírselo —insistió mi amiga—. Tienen un nieto. ¡Merecen saberlo! Cuando se enteren van a querer matarte por callarlo durante tanto tiempo.
—Solo será hasta que acabe el crucero. Si se lo digo ahora anularán el viaje y vendrán aquí en un abrir y cerrar de ojos.
—Bueno, amiga, es lo lógico. ¿O no cruzarías tú el mundo por Noah?
Miré a mi bebé dormido sobre mi pecho y aproveché para despegarlo de mí y pasárselo a mi amiga con una sonrisa.
—Por supuesto que sí… y les permitiré hacerlo, solo que esperaré a que disfruten de su merecido descanso.
Kendall no estaba de acuerdo, lo sabía, pero aun así respetó mi decisión, como siempre, y cambió de tema para no agobiarme.
Le enseñé todo el apartamento y le conté la peculiar forma en que estaba construido el edificio.
Mi amiga alucinó conmigo y cotilleamos sobre las familias Rich y Montgomery, no con malicia, sino como dos chicas que jamás pensaron que llegarían a relacionarse con gente así de rica y poderosa.
—Por lo que cuentas son tan ricos como mi jefe, pero en versión buenas personas.
—Creo que son más poderosos que tu jefe. Al final no es más que un niñato con aires de grandeza, pero esta gente es rica de verdad. No sé, destilan saber estar y elegancia. Me ponen de los nervios.
—¿Te han hecho sentir inferior? —preguntó Kendall a la defensiva.
—No, al revés. Son amables en exceso, me ofrecen su ayuda una y otra vez pero sin invadir esta casa, aunque es evidente que se mueren de ganas. Están siendo tan considerados que me siento mal.
—Entonces intenta acercarte a ellos.
—No sé cómo hacerlo. No sé cómo relacionarme con todos a la vez.
—Pues hazlo de uno en uno, querida. No tienes que montar una orgia con los Rich, solo conocerlos poco a poco.
Solté una carcajada y pensé que, aunque mi amiga era muy bestia, tenía razón.
Noah iba a ser un nexo de unión con los Rich para siempre, así que tenía que intentar encontrar el modo de relacionarme con ellos sin sentirme inferior o avergonzada.
Y lo haría, igual que haría eso de llamar a mis padres pero… otro día.
Por el momento, la burbuja que habíamos creado Hunter, Noah y yo se me hacía perfecta. No iba a pasar nada por alargarla un poquito más.