Capítulo 41
Capítulo Cuarenta Y Uno
Josie recibió la llamada de Loveday la noche después de su pelea en St. Ives. La conversación fue cortante y tensa.
—Me alegra que hayas llamado —dijo ella.
—Bueno, no te hagas ilusiones, esto no es sobre nosotras. Es sobre Renna. Sé que no te va a gustar, pero le he contado lo de Treeve y las drogas —hizo una pausa—, y lo tuyo con Theo Morgan. Quiere conocerte.
El nombre de Theo salió de los labios de Loveday como una flecha diseñada para herir.
Si hubiese sido otra persona, Josie le habría gritado por su imprudente indiscreción, pero sabía que Loveday colgaría el teléfono si le daba la más mínima excusa, y no podía permitirse que eso pasara.
—Vale —dijo con calma—, ¿qué piensa hacer con toda esa información tan peligrosa?
—Lo único que sé es que quiere verte y yo le debo una muy grande, así que acepté organizarlo.
Josie sospechó el propósito del encuentro.
Había sido un error contarle a Loveday lo de Treeve.
Era una amiga leal y no querría que Karenza se viera envuelta en nada que pudiera poner en riesgo su seguridad.
La implicación de Treeve hacía precisamente eso, aunque no sabía qué esperaba su novia que hiciera al respecto.
No tenía intención de enfrentarse a Jem por Treeve si eso era lo que la mujer iba a pedirle.
Jem no sabía que ella tenía idea alguna sobre el negocio de drogas, más allá de los pocos fragmentos de información que había obtenido de él.
Si pensaba que alguien más lo sabía; que Treeve se lo había contado a Karenza o que ella había hablado de esto con alguien, habría consecuencias.
—¿Dónde?
—Puedes venir a mi casa si quieres —y luego—, le viene mejor a Renna —como si no quisiera hacerle ningún favor a Josie.
—Está bien; ¿le contaste algo sobre mi plan?
El teléfono quedó en silencio por un momento antes de que Loveday respondiera, y Josie notó cómo el tono molesto en su voz desapareció, como si de pronto se diera cuenta de lo que había hecho.
—Sí, lo hice. Probablemente no debería haberlo hecho, pero se me escapó.
Maldita sea, pensó Josie. ¿Qué demonios hago ahora?
—Ya veo, bueno, entonces será mejor que nos reunamos cuanto antes. Tú encárgate de organizarlo y yo estaré allí.
Josie colgó el teléfono preguntándose en qué demonios se había metido.
¿Por qué no se hacía un favor a sí misma y aceptaba la propuesta de Theo de una vez, y se olvidaba de todas esas mujeres exasperantes?
Sabía por qué: porque amaba a una de ellas y por muy imprudente e increíblemente temeraria que fuera no podía sacársela de la cabeza. Solo deseaba que Loveday fuera capaz de entender el peligro. Con Jem no se jugaba; al menos no con juegos que no estuvieras segura de ganar.
Dicho eso, él había estado de mucho mejor humor últimamente.
Estaba completamente volcado en el club.
El negocio iba viento en popa, y tenía muchos motivos para estar satisfecho.
Pasaba cada vez más tiempo con Carly. Josie había visto a Jem y Carly sentados juntos; ella escuchando, él hablando, animado y feliz, y notó en sus ojos una expresión que nunca antes había visto.
Se preguntó si sería porque la chica no podía responderle.
En casa, él hablaba del espectáculo y de Carly, y luego se iba solo a la cama. Josie no había querido tentar a la suerte. No mencionó que sabía que el hombre al que él había obligado a ver bailar a Carly era John Taylor, y desde luego no tenía intención de sacar a relucir su suicidio.
Tenía que seguir siendo la esposa obediente un poco más, y su obsesión con la chica lo hacía mucho más fácil. Lo dejaría disfrutar del silencio mientras durara.