Capítulo 36
Capítulo Treinta Y Seis
Josie recibió el mensaje de Loveday temprano el domingo por la mañana;
Llámame.
Después de su pelea, no había esperado saber nada de ella y había pasado las dos últimas noches sin dormir, no dejaba de preguntarse si debía cortar por lo sano.
El instinto de autopreservación se activó el viernes por la noche, y desde entonces se había estado aferrando con las uñas.
El alivio al ver el mensaje la hizo decidirse a contarle todo a Loveday sin importar las consecuencias.
Cualquier cosa era mejor que el limbo emocional en el que se encontraba y el riesgo de desperdiciar otra parte de su vida en un hombre al que no amaba.
Le respondió por mensaje y quedaron para verse más tarde esa mañana a tomar un café en St. Ives. Pensó que si confesaba en un lugar público, se vería obligada a mantener la compostura.
Loveday ya estaba allí cuando ella llegó; tomaba un capuchino.
Se veía hermosa pero desolada, vestida con una camiseta sucia y unos vaqueros, como si se hubiera puesto lo primero que encontró.
Quería absorberlo todo, cada matiz, por si era la última vez que la veía, Josie se detuvo en la entrada y reflexionó sobre cómo su amante era incapaz de ocultar sus sentimientos.
Algunas personas llevaban el corazón en la manga.
Loveday lo llevaba como un lema grabado en un bastón de caramelo.
Era posible que al contarle lo de Theo todo terminara.
Por terrible que fuera la idea, la grabaría en su memoria y enfrentaría lo que había hecho.
Cruzó las baldosas en blanco y negro, tocó el hombro de Loveday mientras se deslizaba en la silla frente a ella. Había esperado, al menos en parte, que se sobresaltara con su contacto, pero no lo hizo.
—Hola —dijo con timidez cuando la camarera se acercó para tomar su pedido—, té, por favor. Con limón, sin leche.
Loveday levantó la vista fugazmente.
Josie respiró hondo, decidida a comenzar su confesión antes de que regresara la camarera y perdiera el valor, pero Loveday la interrumpió.
—Ha pasado algo terrible, y pensé que querrías saberlo.
—¿Qué ha pasado?
—Es John Taylor, el padre de Carly, encontraron su cuerpo en el mar anoche. Incendió su barco. Se quitó la vida.
—¿Cómo sabes eso?
—Me llamó Renna, estaba con Alice Taylor anoche cuando lo encontraron.
Josie recordó la noche del viernes; la humillación de ese pobre hombre.
Jem había tenido algo que ver en eso; lo sabía.
—Mira, Loveday, John Taylor vino al club, como me dijiste que ya lo había hecho antes, solo que esta vez, en lugar de echarlo, Jem lo obligó a ver cómo Carly se desnudaba.
El hombre tenía un aspecto espantoso, y ahora ha hecho esto.
Jem bien podría haber encendido la cerilla.
Loveday la miró fijamente; los ojos tan abiertos como platos, el labio tembloroso.
—Se saldrá con la suya como siempre lo ha hecho con todo lo que ha hecho a lo largo de los años.
—No, esta vez no lo hará.
—Tú lo conoces mejor que nadie, sabes que nunca paga por nada.
—Tal vez hasta ahora no, pero las cosas van a cambiar. Esta vez va a pagar. Va a pagar por todo, te lo prometo.
—¿Y qué te imaginas que puedes hacer tú?
—No es lo que yo pueda hacer, es lo que «nosotras» podemos hacer; tú y yo. Vamos a acabar con ese cabrón.
—¿Y cómo se supone que «nosotras» vamos a hacer eso?
A Josie la frustraba la falta de fe de Loveday en ella. Era ahora o nunca.
—Lo que estoy a punto de contarte queda entre nosotras, ¿vale?
—Vale.
—Promételo. Dilo, di que lo prometes.
—Lo prometo, vale, lo prometo.
Josie le contó lo del trato de drogas; cómo planeaba quedarse con la cocaína y cómo la pérdida de esta haría que Jem fuera perseguido por la gente para la que trabajaba.
—¿Cómo demonios vamos a lograrlo?
—No lo sé con exactitud, pero sí sé dónde van a dejar la coca y más o menos cuándo va a pasar.
—Supongo que es un comienzo, pero, ¿cómo vamos a hacernos con ella? Y además, ¿qué vamos a hacer con ella si la conseguimos? ¿A menos que pienses entregar a Jem a la policía?
—Si lo hiciera, tendríamos enemigos peores que Jem de los que preocuparnos. No, tiene que parecer que Jem ha traicionado a los suyos; así se encargarán de él sin que la policía se meta.
—¿Y cuándo va a pasar esto? ¿No es así como hablan los narcos? —se burló Loveday.
Josie no picó el anzuelo.—Treeve va a recoger las cosas dentro de una semana, en la madrugada del domingo.
El rostro de Loveday se ensombreció.
—¿Treeve?, ¿el de Renna?
—Sí. Va a recoger las cosas de un arrastrero español en su barco.
—¿El Auntie Lou ?
—No lo sé. Si ese es su barco, entonces sí.
—¿Renna sabe algo de esto?
—Claro que no. Yo no debería saber nada de esto.—
—Entonces, ¿cómo lo sabes tú?
—Escuché a Jem hablando con Theo Morgan.
—¿Theo Morgan?
Josie le había confiado a Loveday su aventura con Theo; que había sido más que un simple desliz. La voz de Loveday subió uno o dos tonos.
—¿Cuándo?
—Mira, ¿de verdad importa cuándo?
Loveday se recostó en su asiento y comenzó a remover su café tibio primero en el sentido de las agujas del reloj, y luego en sentido contrario.
—Para mí sí importa —dijo.
—Theo está en Cornualles. Fui a visitarlo a Sennen Cove con Jem. Los escuché planear todo. Estaba cerca y los oí hablar.
—Entonces, ¿Jem estaba contigo? —dijo ella, y miró su taza como buscando una respuesta.
—Sí, Jem estaba conmigo.
Loveday alzó la vista, y la ansiedad que nublaba su rostro momentos antes se disipó ligeramente.
—¿Y no lo has vuelto a ver desde entonces a solas?
Por un momento, Josie vaciló, preguntándose si no sería mejor para todos que mintiera. «¿Para qué causar dolor? ¿Qué propósito tenía?»
—Lo vi el viernes. Estaba con Theo.
La verdad se desparramó sobre la mesa.
La cuchara de Loveday chocó contra el platillo.
—Lo sabía, sabía que había algo, ¿y te acostaste con él? —gritó, con los dientes apretados.
Josie le tomó la mano para calmarla; consciente de las miradas que se volvían hacia ellas.
—Escúchame, por favor —susurró.
Loveday le arrancó la mano de un tirón.
—Sí lo hiciste, maldita sea que sí. Se te nota en esa cara de traidora —escupió.
Le lanzó una mirada cercana al desprecio, arrastró la silla por las baldosas, se levantó de un salto y corrió hacia la puerta.
Josie tiró un billete de diez libras sobre la mesa y la siguió;
—Espera.
La alcanzó lo suficiente para agarrarla del brazo y arrastrarla hacia un callejón estrecho que salía de la calle principal. No era el mejor lugar para hablar, pero tendría que bastar. Al menos no había ventanas. Ni ojos curiosos que pudieran contar historias.
—Déjame al menos explicarte —suplicó.
Lágrimas de rabia recorrían las mejillas de Loveday. Se limpió la nariz con el dorso de la mano. Temblaba mientras Josie le tomaba las manos para intentar calmarla.
—Podría haberte mentido allá adentro. No habría sido fácil, pero podría haberlo hecho. ¿Y entonces qué habría dicho eso de nosotras?
Loveday bajó la cabeza y se encogió de hombros.
—Mira, no me acosté con él. Dejé que me... tocara... que me besara, eso es todo.
—¿Y con eso ya está bien, no?
—No, claro que no, pero solo lo hice para conseguir información, para averiguar sobre las drogas y que tú y yo podamos estar juntas. Lo hice por nosotras, ¿no lo entiendes?
Loveday le arrancó la mano, el rostro desafiante; la voz se le elevó hasta convertirse en un grito.
—¡¿Por nosotras?! ¡Te besaste con tu exnovio por nosotras! ¿Qué soy yo para ti en realidad? ¿Un desliz bicurioso? ¿Una distracción de tu miserable matrimonio? —se burló—. Pues perdiste el tiempo, porque no hay un nosotras. Vuelve con Jem o con Theo o con quien te dé la gana, ¡lo nuestro se acabó!
—Pero no lo entiendes —gritó Josie tras ella.
Ya era demasiado tarde; Loveday había desaparecido, y esta vez Josie supo que no tenía sentido ir tras ella.
Su móvil vibró en el bolso. Era Lorraine.
—Josie, ¿puedes venir al club?
El mismo tono preocupado que le había oído el día que le comentó sus inquietudes sobre Carly.
—¿Es por el padre de Carly? —preguntó.
—Sí, ¿cómo lo supiste? Su tío acaba de llamar por teléfono. Pidió hablar con Carly, pero antes de hacerlo, me dijo que han encontrado el cuerpo de su padre en un bote calcinado frente a los Towans.
—¿Cómo se lo tomó?
—Ese es el problema; no lo sé. Subió corriendo a su habitación después y no quiere abrir la puerta. Su tío dijo que venía en camino, pero lo han retenido en la comisaría. Su madre está hecha un desastre; el pobre hombre anda de un lado a otro intentando arreglarlo todo.
Josie imaginó lo difícil que debía de ser dar una noticia tan terrible en cualquier circunstancia, y más aún cuando al otro lado del teléfono solo hay silencio.
—Quería decírselo él antes de que se enterara por otra persona, porque en todo el pueblo se comenta que John Taylor se suicidó. Supongo que por eso lo sabes tú también, ¿no? —dijo Lorraine.
—Así es —mintió Josie.
—No pude localizar a Jem, y tú estuviste tan bien con ella la otra noche.
—Está bien. Lo entiendo. Iré en cuanto pueda.