Sonríe, es Dios Capítulo 4 Casos paralelos. #4
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Capítulo 4 Casos paralelos. #4

Detrás, el coche volvió a rugir con estruendo. Jimeno lo puso en marcha aún sin saber cómo. Se dirigió en dirección a la casa levantando una polvareda tras de sí.

—Vámonos. Esto ya funciona. Dejad de husmear en lo ajeno.

Martí no se movió. Le tendió el sobre.

—No puede ser, Aymerich vive aquí.

Jimeno lo miró.

—Aquí vivía… Es increíble. Lo has visto, no digas nada, Martí.

Este asintió en silencio, mientras Yosune no daba crédito a lo sucedido.

La orden de entrada a la finca llegó esa misma tarde. Pero se esperó a tener todo previsto para una exhaustiva inspección ocular.

A la mañana siguiente, los Mossos d'Esquadra accedieron a la finca junto a Jimeno y Martí.

La casa estaba en un completo orden y presentaba una excelsa limpieza en su interior. Demasiado.

Sobre la mesa había medicación, facturas recientes de farmacia, informes médicos y lo más destacable a ojos de los investigadores: una botella de agua abierta y dos vasos.

Enric señaló.

—¿Algo le llama la atención?

Jimeno observó en silencio.

—Sí.

Señaló la factura.

—La fecha. Coincide aproximadamente con la muerte de Aymerich.

Miró a Martí.

—Y con la cita de Octavio en Baldellou.

Martí negó con la cabeza.

—Pero no se vieron. No hay testigos de ello. Lo que sí es seguro es que los dos contactaron.

Hubo un silencio en la habitación mientras examinaban la misma.

—Enric, voy a revisar la casa con tu permiso —dijo Jimeno.

Recorrió cada estancia, observando cada detalle sin alterar la escena.

En una caja encontró fotografías. Las ojeó y vio que en muchas de ellas figuraba Octavio.

Volvió al salón.

—Este hombre era meticuloso —dijo—. Ordenado.

Señaló la botella.

—No dejaría esto así. La botella a medias sobre la mesa y los dos vasos sin recoger, no, ese no era Aymerich, algo aquí no cuadra, Enric.

Miró los vasos y señaló los dos.

—Vivía solo. Alguien estaba con él bebiendo agua, alguien próximo y de confianza.

Enric asintió.

—Entonces no murió en el pantano —continuó Jimeno—. Lo mataron aquí, en la finca. ¿Pero dónde?

Miró a Martí.

—Y alguien usó su teléfono para citar a Octavio en Baldellou. Posiblemente para endosarle el muerto, válgame la redundancia.

Se miraron todos en silencio.

—Crimen pasional… o eso quisieron que así pareciera —terminó la frase Martí.

Jimeno se agachó tocando el suelo.

—En suelos porosos, la sangre siempre deja rastro. Aquí no fue, ni tampoco dentro de la casa.

Señaló una zona: el exterior.

Enric reaccionó de inmediato e indicó a los suyos dónde buscar.

—Buscad un objeto contundente fuera, mirad en el jardín, en todo el terreno.

Los agentes se desplegaron de inmediato.

—Vasos y botella al laboratorio —ordenó—. ADN y huellas.

En ese momento, Yosune apareció.

—Sergent… veniu. Hemos encontrado algo.

Salieron al patio de la casa detrás de la agente.

En el patio, junto a una pérgola a medio construir había un suelo de hormigón reciente.

Jimeno se acercó hasta allí y observó meticulosamente.

—Manchas mal disimuladas, se ven que han limpiado con productos agresivos sobre el suelo aún sin pavimentar.

Enric también lo vio.

—Han limpiado… con prisa.

Junto a una fuente, bajo la misma pérgola había una caja de herramientas.

Un agente la abrió y dentro encontró un martillo. Se lo mostró al sargento.

—Podría ser —dijo Enric.

El agente lo tomó para registrarlo como prueba y se le cayó al suelo accidentalmente.

Cayó e impactó justo sobre la mancha.

—Perdón.

Lo recogió. Pero, inexplicablemente, volvió a caer en el mismo sitio.

Jimeno y Martí se miraron con cierta complicidad. Sabían que esa era el arma homicida y aquel sitio la escena del crimen.

Enric frunció el ceño.

—Avui no encertes cap… con cuidado.

El agente asintió, tenso. No entendía su torpeza y que el jefe le dijera “ que no acertaba una”.

—Lo siento —recogió el martillo y lo introdujo en una bolsa como prueba para analizar.

Jimeno dio un paso al frente.

—Ya está. Enric, tengo la corazonada de que este es el lugar. —Señaló el suelo—. Aquí lo golpearon con el martillo. Seguramente es el arma homicida.

Hizo una pausa.

—Lo limpiaron todo… pero no lo suficiente. El producto de limpieza que emplearon será el mismo en suelo y martillo. En el análisis saldrá corroborado, lo que nos dará un indicio sólido. Mismo producto en dos pruebas distintas.

Miró a Enric.

—Esto lo hizo alguien con acceso al lugar y permiso del propietario. Alguien que trabajaba aquí. Posiblemente el mismo que realizaba la obra de la pérgola… y a quién pertenece la caja de herramientas.

Enric asintió.

—Tiene sentido. Lo vamos a localizar, a ver qué nos cuenta.

—Y dejó rastro —añadió Jimeno—. En los vasos y en el vehículo que haya usado. Es posible que lo utilizase para el traslado a Baldellou del cadáver.

Se encogió de hombros.

—Siempre queda algo en el interior del coche, restos, ADN y olor a muerto al olfato de un perro policía.

Enric respiró hondo.

—Nos falta el motivo. El móvil del crimen.

—Aparecerá —dijo Jimeno.

El sargento sonrió levemente.

—Te llamaré cuando tenga los resultados e interroguemos al sospechoso. Caerá más pronto que tarde “company”

Se estrecharon la mano.

—Bienvenido a Cataluña, amigo.