Sombras del Oasis 35 ORIÓN
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35 ORIÓN

De repente, la puerta se abrió con un fuerte crujido.

La policía entró en el apartamento, sus pasos resonando en el suelo.

Con movimientos rápidos y coordinados, se desplazaban por la habitación, mirando alrededor con seriedad.

Me di cuenta de que estaban buscando algo, pero mi mente estaba demasiado embotada para entender completamente la situación.

Me miraron y ordenaron que levantara las manos.

Lo intenté, pero me sentía como si estuviera atrapado en un sueño borroso.

Mis movimientos eran torpes, y mi visión estaba nublada.

Vi a Yris detrás de uno de los oficiales.

A pesar de mi estado, mi corazón dio un vuelco al verla.

La confusión y el amor que sentía por ella se mezclaban en mi mente.

¿Por qué estaba ella aquí? ¿Cómo podía estar involucrada en todo esto?

A pesar de mis intentos, no podía hablar.

No sentía la lengua, ni la boca, no tenía fuerzas para abrirla.

Solo podía mirarla, tratando de entender qué estaba pasando.

Sus ojos se encontraban con los míos, y en su mirada vi una mezcla de tristeza y desespero.

Quería decirle algo, explicar cómo me sentía, pero las palabras no salían.

Todo lo que podía hacer era mirarla con tristeza, sintiendo cómo el dolor y la desesperación se acumulaban en mi pecho.

Los oficiales me rodearon y me guiaron hacia la salida del apartamento.

Sentía sus manos en mis brazos, firmes pero no agresivas.

A cada paso, el mareo se hacía más intenso, y el suelo parecía moverse bajo mis pies.

A medida que nos acercábamos a la puerta, el pensamiento de que esto era real y no solo una pesadilla se asentaba en mi mente.

Al salir, el aire fresco me golpeó, pero no era suficiente para despejar mi mente.

Sentí cómo me empujaban hacia el coche de policía, y el sonido de las sirenas y de las puertas abriéndose y cerrándose me envolvía.

Traté de mirar a Yris una vez más, pero ella ya se había alejado, y los oficiales me estaban colocando en el asiento trasero del coche.

Necesitaba verla. Necesitaba volver a tocarla, a besarla. Decirle lo mucho que la quería. Decirle que no tenía pensado entregarla y que lo tenía todo planeado.

Mientras el vehículo se ponía en marcha, me recliné en el asiento, intentando procesar lo que estaba sucediendo.

Pero la confusión y el sedante seguían controlando mi mente.

Sentía una mezcla de amor por Yris y una desesperación que me ahogaba.

¿Cómo había llegado a este punto? Todo parecía irreal, como si estuviera en medio de una pesadilla de la que no podía despertar.