34 YRIS #3
Mi corazón dio un vuelco. ¿Qué estaba diciendo? ¿Era otra manipulación?
—¿Qué quieres decir? —pregunté, intentando mantener la calma.
—Te quiero, Yris. Desde el principio. Todo lo que he hecho ha sido por nosotros, por nuestro futuro.
Me quedé helada, incapaz de procesar lo que acababa de decir. ¿Era esto parte de su plan para desarmarme emocionalmente, o era sincero? No podía saberlo. Y eso me enfurecía aún más. Él no podía jugar con mis emociones así, no después de todo lo que había descubierto.
Orión siguió hablando, pero sus palabras se volvían más lentas, más arrastradas. El sedante estaba haciendo efecto.
—Quiero que confíes en mí —murmuró, su voz ya apenas un susurro—. Sé lo que estoy haciendo...
Y con esas últimas palabras, su cabeza cayó sobre el sofá y se quedó profundamente dormido.
Me quedé allí, mirándolo, completamente desconcertada.
Por un lado, la confesión me había tomado por sorpresa, haciéndome dudar por un breve segundo.
Pero por otro lado, el recuerdo de su conversación con Amira aún resonaba en mi mente.
Había planeado traicionarme. No podía confiar en él. No después de todo esto.
Respiré hondo, tratando de calmar mis emociones. No tenía tiempo para dudar. Con Orión fuera de combate, tenía la oportunidad perfecta para actuar. Me levanté lentamente del sofá y me dirigí hacia la habitación donde habíamos dejado las joyas.
Aproveché para mirar el chat de él y de Amira.
Orión: hey, ¿a qué hora entregaremos a Yris?
Amira: ¿es enserio? Te dije que en la madrugada, cuando se duerma.
Avísame cuando se duerma, voy y lo preparamos todo.
6
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Amira: Orión joder respóndeme ya.
Amira: ¿Orión?
Amira: ¡¡SON CASI LAS DOCE!!
Amira: RESPONDE CAPULLO
Amira: VAS A JODER EL PLAN IMBÉCIL
Amira: ¿¡QUÉ COÑO HACES PUTO IDIOTA!?
«Me temo decirte, Amira, que Orión acaba de tomarse dos pastillas de sedante, el plan no os va a salir bien». Pensé.
Tras ver que Orión estaba dormido profundamente, fui rápidamente a la habitación, cogí la mochila donde estaban las joyas robadas.
Busqué por todo el apartamento dónde había dejado la llave, y cuando la encontré, la guardé en el bolsillo y salí a gran velocidad.
Pillé un taxi para ir a mi hotel. Al llegar, fui con gran prisa, la respiración la tenía acelerada y entrecortada.
Subí las escaleras corriendo y entré en mi habitación.
Escondí la mochila en mi maleta, revolviendo toda la ropa para dejarla lo más escondida posible.
Corriendo, salí del hotel, y volví a hacer la misma ruta, solo que al contrario.
Fui de nuevo al apartamento de Orión. Entré al suyo y dejé la llave en el mismo lugar donde él la tenía colocada.
Vi que seguía dormido en la misma posición.
Me acerqué a él. Su expresión relajada me ponía más tensa. Me aseguré de que estuviera respirando, y tras eso, me acosté a su lado, a esperar a que comenzara a moverse, lo cual indicaría que estaría a punto de despertar, y ahí tendría que hacer el siguiente paso.
Las horas pasaron más rápido de lo esperado. Comenzó a dar las primeras señales sobre las seis de la madrugada. Y ahí me levanté, me coloqué el pelo y esperé a que comenzará a despertarse. Lo cual, a la media hora, empezó a hacerlo. Volví a tensarme y a ponerme muy nerviosa.
Sin que me viera, en silencio, cogí los planos del museo y los folios con el plan escrito y los puse por el suelo. Además, dejé algunos anillos y brazaletes por el suelo, ya que las otras me las llevé para mí.
Salí y me quedé en su pasillo. Agarré mi móvil y marqué el número de emergencias.
—Emergencias, ¿en qué puedo ayudarle?
—Hola, soy… soy testigo de un delito, el delito que ocurrió anoche, en la vernissage de las joyas de Horus Gad, vi a un hombre entrar en un apartamento sujetando una mochila y un arma. Podría ser él —comencé, tratando de mantener la voz lo más tranquila posible.
Di la dirección y esperé a que la policía llegase.
Cuando escuché el sonido de sirenas acercándose, mi corazón se aceleró. Me moví hacia la puerta principal y esperé, escuchando el bullicio afuera. El sonido de las voces de los oficiales se acercaba.
Me saludaron e indiqué que aquel era el apartamento. Me preguntaron el motivo de estar allí, y como siempre, mentí, dije que yo era amiga de visita de una vecina de allí.
La policía dio golpes a la puerta de Orión.
Él seguiría atontado y mareado y no haría nada.
Pasaron un par de segundos y Orión no respondía.
Tenía el corazón demasiado acelerado, aguantándome las lágrimas.
¿Estaba haciendo bien entregándolo? ¿De verdad él me quería?
¿Me traicionaría en el futuro si no lo entregase ahora?
La policía empezó a enfurecerse y utilizaron la herramienta para forzar la entrada, sentí una mezcla de ansiedad y anticipación.
La puerta cedió con un crujido, y la policía entró al apartamento con las armas en mano. Sus ojos se movían rápidamente por la habitación, buscando signos de peligro.
—¡Manos arriba! —ordenaron, dirigiéndose a Orión.
Él estaba con un aspecto raro, como un cadáver pero no demasiado, se le notaba mareado. Estaba sentado en el sofá, con una mano sujetándose la cabeza.