9 YRIS #2
Amira tenía una herida en el brazo, cubierta parcialmente por la manga de su blusa, pero aún visible.
Un arañazo, fresco y doloroso, similar al que le había hecho a mi atacante en la noche anterior.
Me quedé callada, observando cómo interactuaban Orión y Amira.
Había una tensión entre ellos, pero también una familiaridad que me inquietaba.
Amira se inclinaba hacia Orión con pequeños gestos, rozando su brazo de manera casual, pero evidente.
Había un aire de intimidad y deseo en sus movimientos, que Orión no parecía notar o decidía ignorar.
La presencia de Amira, que se sentó a mi lado, hizo que la tensión se hiciera palpable. Su herida en el brazo, aunque oculta, no pasó desapercibida para mí.
—Amira, ¿cómo ha estado tu día? —preguntó Orión, rompiendo el silencio con un tono casual.
—Bastante bien, gracias. Estuve en el mercado esta mañana. Me encanta la energía de este lugar —respondió ella, sonriendo pero con una mirada que parecía evaluar cada uno de mis movimientos.
—El mercado es realmente fascinante. Hay algo nuevo que descubrir cada vez que voy —comenté, tratando de mantener la conversación ligera.
—¿Te encontraste con alguien interesante? —preguntó Amira, con un tono que parecía inocente, pero sus ojos reflejaban otra cosa.
—Bueno, sí, me encontré con Orión —respondí, observándola con cautela.
—¿Ah, sí? Qué coincidencia —dijo Amira, girándose hacia Orión y rozando su brazo con una familiaridad que me incomodó—. Me pregunto cuántas coincidencias más habrá en esta ciudad.
—El Cairo es un lugar lleno de sorpresas —intervino Orión, sonriendo para aliviar la tensión que crecía entre nosotras.
La conversación se mantuvo en un tono educado pero cargado de subtextos. Amira no dejaba pasar una oportunidad para mostrar una cercanía con Orión que me irritaba. Me preguntaba si Orión era consciente de la dinámica que se estaba formando o si simplemente lo ignoraba.
—Yris, ¿cómo ha sido tu estancia en el hotel? Orión me dijo que no descansas muy bien —dijo Amira, su tono era cortés, pero la pregunta tenía un filo.
—Me cuesta dormir, así que duermo poco, pero nada que no pueda manejar —respondí, tratando de mantener la compostura.
—Oh, ¿incidentes? ¿Te refieres a algo en particular? —preguntó, sus ojos brillando con una curiosidad que parecía más maliciosa que genuina.
—Cosas menores, nada de qué preocuparse. Solo ajustes de seguridad —dije, sin querer revelar más de lo necesario.
Orión parecía preocupado por el rumbo de la conversación y trató de cambiar de tema.
—Amira, cuéntanos más sobre tus planes. ¿Qué te trajo a El Cairo esta vez? —preguntó, intentando desviar la atención.
—Negocios y placer, como siempre. Estoy aquí para cerrar algunos tratos importantes y disfrutar de la ciudad. Sabes cómo me encanta explorar —respondió ella, con una sonrisa dirigida exclusivamente a Orión.
Mientras Amira hablaba, no pude evitar notar cómo sus gestos y miradas estaban destinados a establecer su dominio y cercanía con Orión. Decidí que era hora de ser más directa .
—Amira, noto que llevas una herida en el brazo. ¿Te has lastimado recientemente? —pregunté, mirando fijamente la herida que intentaba ocultar.
Amira pareció sorprendida por mi pregunta, pero se recuperó rápidamente.
—Oh, esto. Solo un pequeño accidente doméstico. Ya sabes cómo pueden ser las cosas —respondió con una sonrisa tensa, ajustando su blusa para cubrir la herida.
—Espero que te recuperes pronto. Las heridas pueden ser bastante molestas, especialmente si son recientes —dije, mi voz cargada de significado.
La atmósfera se volvió aún más tensa, y Orión notó la incomodidad.
—Yris, Amira, ¿qué les parece si pedimos algo de comida? Este lugar tiene unos aperitivos increíbles —sugirió, intentando aliviar la situación.
Aceptamos la sugerencia de Orión, y mientras esperábamos la comida, la conversación se volvió más superficial.
Sin embargo, la rivalidad entre Amira y yo era evidente.
Cada palabra, cada gesto, estaba impregnado de una sutil hostilidad.
Sabía que ella no era de confiar y que tendría que mantener mis ojos bien abiertos.
Finalmente, la comida llegó, y la conversación se volvió más tranquila, aunque la tensión latente nunca desapareció del todo. Terminamos la velada con una despedida cortés, pero sabía que esta no sería la última vez que Amira y yo nos enfrentaríamos .
De camino al hotel sentía en el pecho una gran presión y tensión creciente. Tenía un presentimiento muy fuerte que me advertía y alejaba de Amira.
El arañazo de su brazo casi que me confirmaba que ella fue la que intentó asfixiarme la noche anterior, pero como todo ocurrió a oscuras no pude ver muy bien la forma que le hice, aunque demasiada casualidad sería si ella no era la culpable.
Al llegar con un malestar horrible, me paré en seco y miré por las amplias cristaleras de mi habitación.
El dolor que sentía comenzó a desvanecerse, aunque fuera solo un poco, al contemplar la majestuosidad del Cairo desde las alturas.
La vista era impresionante: el perfil de la ciudad se extendía hasta donde alcanzaba la vista.
Escuché el silencio. Un silencio profundo y reconfortante, sólo interrumpido por el lejano murmullo de la ciudad, tan lejos que apenas era un susurro. La paz que emanaba de este ambiente contrastaba fuertemente con el bullicio que caracterizaba a las calles del Cairo.
Centrando mi atención en la habitación, el lujo y el confort eran palpables en cada detalle.
La decoración elegante, con muebles de diseño y tejidos de la más alta calidad, invitaban al descanso y al bienestar.
Las sábanas de algodón egipcio, suaves y frescas, prometían un sueño reparador.
Aromas sutiles de incienso y especias flotaban en el aire, creando una atmósfera de tranquilidad.
Me dejé caer en la butaca junto a la ventana, cerrando los ojos por un momento, sintiendo cómo el silencio y la calma de la habitación comenzaban a aliviar mi malestar.
La combinación de las vistas impresionantes, el ambiente sereno y la comodidad inigualable del hotel de lujo en el Cairo, me envolvieron en una sensación de paz y rejuvenecimiento.