2 ORIÓN
Sonaron varios golpes en la puerta del apartamento. No hice el intento de levantarme de la cama, aunque fuesen las seis de la tarde. La intensa luz de aquel sol de julio llenaba toda la ciudad. Provocando que se me hiciese difícil despegarme de aquellas sábanas frescas de seda y salir a la calle.
Volvieron a sonar los golpes en la puerta.
Suspiré y me levanté, mareado y con la vista adormecida. Agarré el caliente pomo de la puerta y abrí.
—¿No te olvidas de algo hoy? —dijo ella, con sus ojos verdes que tanto me fascinaban, hipnotizándome con su mirada intensa y penetrante. Yris tenía la habilidad de mantenerme cautivado con solo mirarla.
—¿Hoy…? ¡Ah, es verdad! Habíamos quedado en vernos hoy…, ay, cabeza mía —me reí avergonzado— ¿vamos a tomar algo en algún sitio o…?
—¿Tú eres imbécil? Aquí. En tu bonito apartamento. Con el calor que hace, no tengo ganas ni de respirar. Y mi hotel está un poco lejos.
—¿En qué habitación te hospedas?
Ella frunció el ceño.
—En la 355.
Pasó al interior del lugar lentamente, con pasos suaves y cuidadosos.
No tuve la necesidad de decirle que entrase, ella se atrevió.
Yo tan solo me aparté de su camino para dejarle paso.
Lo observó durante unos segundos. Se giró lentamente hacia mí, mientras, yo no dejaba de mirarla cada segundo que pasaba a su lado.
—¿Nos sentamos o…? —murmuró.
Reaccioné con rapidez. Le agarré la mano sin previo aviso y ella se dejó llevar.
La acomodé en una butaca amplia y cómoda, ubicada junto a un gran ventanal que ofrecía unas vistas impresionantes de la ciudad.
Desde mi asiento, podía contemplar una panorámica extensa de El Cairo, donde se destacaban las siluetas lejanas de algunas pirámides majestuosas, que se alzaban imponentes en el horizonte.
No se quejó, se mantuvo mirando por el cristal amplio y observando aún más todo mi apartamento. La entrada era un espacio acogedor y elegante, con una paleta de colores neutros y detalles en dorado que reflejaban la luz natural.
El salón era amplio, con colores neutros, rojizos y dorados.
Se encontraban muebles de diseño minimalista con detalles dorados que evocan la riqueza del antiguo Egipto, como cojines con patrones geométricos inspirados en motivos egipcios, mezclando así la contemporaneidad con la cultura clásica egipcia.
Traje dos copas de vino blanco y las coloqué sobre la mesa de cristal asimétrica.
Yo me acomodé en otra butaca con una manta pequeña de pelo sintético de leopardo colocada en el reposabrazos.
Ella tomó la copa y yo la miré.
Su belleza era hipnotizante. Única, con rasgos que le daban una personalidad dominante y a la vez tierna.
Sus ojos, tan verdes como dos turmalinas impecables y brillantes que parecían irradiar poder y luz, una luz tan brillante y enérgica que sentía que traspasaba mis pupilas cada vez que compartíamos miradas el uno con el otro.
Su pelo, era tan oscuro que casi no podía distinguirse del vestido negro que vestía, era largo, lucía como la seda, brillante, suave, liso pero con algunas ondulaciones como olas del mar.
Su piel era clara, aunque tenía algunos tonos bronceados.
Una mirada puntiaguda, intensa y tierna al mismo tiempo, unos labios voluminosos pintados con un perfilador marrón y una nariz fina con un pequeño puente nasal.
—Escucha Orión…, yo a las ocho tengo que irme de aquí, he quedado con alguien —dejé de tener la vista en la copa y la miré sorprendido—, así que, o hablamos ya, o me voy, no voy a perder mi tiempo aquí contigo.
—¿Estar conmigo es perder tiempo? —sonreí desafiante.
—Pues sí. Tengo a alguien más importante esperándome.
—¿Quién?
—No te importa.
—Sí me importa —por dentro ardían llamas que contenían unos celos desafiantes, intensos, pidiendo salir a gritos, aún sabiendo que con ella no tenía derecho a hacerlo.
—Ay Orión, cállate ya. No te importa y punto. Temas personales.
—Está bien, está bien —fingí que me rendí—, bueno, ya es hora de hablar sobre el plan, ¿no?
Yris puso los ojos en blanco sin exclamar ni una sola palabra. Lo tomé como un claro sí.
—Tengo una… amiga, sí…
—¿Y qué? —Me interrumpió.
—¿Puedes dejarme terminar? Gracias —volvió a poner los ojos en blanco y suspiró—.
Pues esa amiga, Amira, es experta en planificar robos, ¿sabes?
He pensado en trabajar los tres juntos. A ver, los que intervendremos en el acto del robo seremos tú y yo, ella se mantendrá al margen y solo nos ayudará a planificarlo y a darnos herramientas para poder usar en nuestro beneficio.
—¿Herramientas te refieres a armas?
—Más o menos, también otros dispositivos inteligentes para el tema de la seguridad del museo, las cámaras, etc., y ella nos lo puede proporcionar con total confianza.
Yris miraba la copa pensativa, con dudas pero no se le veía demasiado insegura.
—Y entonces, ¿qué propones, Orión?
Me levanté de la butaca y fui al salón. Abrí un cajón lleno de papeles y cogí una carpeta de plástico lila que se encontraba en el fondo. Volví al mismo sitio y ella tomó prestada la carpeta. Me la devolvió y cogí los papeles que estaban en su interior.
Extendí sobre la mesa un mapa detallado del museo y una serie de documentos cuidadosamente organizados.
—Yris, este es el plano del museo donde se exhibirá la colección de joyas de Horus Gad. Amira nos ha proporcionado información valiosa sobre la seguridad del lugar.
Yris, intrigada y cautelosa, observó los documentos.
—Amira nos ha indicado los puntos clave de seguridad: cámaras, guardias, sistemas de alarma y rutas de escape. También ha proporcionado los horarios de cambio de guardia y la disposición exacta de las vitrinas.
Yris asintió lentamente, apreciando la meticulosidad del plan.
Pasé a explicar la estrategia.
—Primero, la infiltración: entraremos durante la vernissage . La mayoría de los asistentes estarán distraídos con la exposición y las celebraciones. Nos mezclaremos con los invitados, vestidos de manera elegante y discreta.
Yris me miraba concentrada.
—Continuamos con la desactivación de seguridad: Amira ha identificado un punto ciego en el sistema de cámaras. Necesitamos acceder a la sala de control de seguridad, ubicada en el sótano. Utilizaremos un dispositivo que Amira ha preparado para desactivar temporalmente las cámaras y las alarmas.
Yris levantó una ceja, interesada.
—¿Cómo planeamos llegar a la sala de control?
Sonreí con confianza.
—Hay un conducto de ventilación que conduce directamente a la sala. Es estrecho, pero nos permitirá llegar sin ser detectados. Amira ha calculado el tiempo exacto que tendremos antes de que las cámaras vuelvan a funcionar.
Tomé una pausa acompañándola con un trago de vino.
—Una vez que las cámaras estén desactivadas, nos dirigiremos a la sala principal de la exhibición.
Los invitados aún no habrán visto la colección ya que estarán en la entrada y pasillos principales del museo, esperando a que llegue Horus, así que podemos aprovechar para pasar desapercibidos por completo, sin cámaras, sin ojos puestos en nosotros…
, perfecto. Luego, utilizaremos herramientas especiales para abrir las vitrinas sin dejar rastro.
Tomaremos las joyas más valiosas y las guardaremos en bolsillos ocultos en nuestra ropa.
—Vale, ¿y cómo huimos?
—Salimos por la misma ruta, asegurándonos de que las cámaras estén todavía desactivadas. Nos mezclamos nuevamente con los invitados y salimos del museo como si nada hubiera pasado. Amira tendrá un coche esperando cerca para nuestra rápida escapada.
Yris examinó el plan, notando la precisión y la lógica detrás de cada paso.
—Orión, ¿qué hacemos si algo sale mal? ¿Si alguien nos descubre?
Tomé la mano de Yris, mirándola a los ojos con seriedad, ella se puso tensa y a la vez notaba que la temperatura de nuestras manos aumentaban.
—Tenemos un plan de contingencia. Amira estará monitoreando todo desde una distancia segura y podrá avisarnos de cualquier problema. Además, llevaremos disfraces y herramientas para desviar la atención si es necesario. Pero lo más importante es mantener la calma y seguir el plan al pie de la letra.
Yris sintió una mezcla de emoción y temor. Sabía que este robo podría ser su salvación financiera, pero también comprendía los riesgos. Sin embargo, con mi determinación y la meticulosidad del plan, la convencimos de que tenía una oportunidad real de éxito.
Me incliné más cerca, mis labios rozando suavemente la mejilla de Yris mientras susurraba:
—Confía en mí, Yris. Juntos, somos imparables.
Ella cerró los ojos por un momento, permitiéndose disfrutar de la cercanía y la promesa de éxito. Luego, abriendo los ojos con decisión, asintió:
—Estoy dentro. Hagámoslo.
Nos miramos intensamente durante unos segundos hasta que ya me levanté para volver a llevar la carpeta a su cajón correspondiente.