Sombras del caos Capítulo 26 #2
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Capítulo 26 #2

Tras las presentaciones, Thomas les estrechó la mano a cada uno, consciente de que llegaría un momento —o varios— en que su vida estaría en sus manos.

Presente

—Illir y Petra... —Mia sonrió, comprendiendo quiénes eran esas dos personas—. Esto es una locura...

Se quedó pensativa un momento.

—¿Eres...?

Antes de que pudiera terminar la pregunta, Thomas respondió.

—Soy un civil. Pero ellos me entrenaron, y quizás sea la mejor baza que han tenido para desmantelar esta organización.

Mia guardó silencio.

Esta vez, no porque no tuviera preguntas.

Tenía demasiadas. Solo lo observaba, intentando conciliar al hombre que tenía delante con todas las versiones de él que había conocido: el empresario frío, el amante intenso, el hombre que mentía para proteger, el chico de veinte años que había perdido a sus padres y había decidido vestirse de guerra como quien se pone una segunda piel.

—Ni siquiera sé qué decir... —Y realmente no lo sabía—. Espera... ¿ese Daniel del FBI lo sabe?

—No. Para él, soy un traficante, tal como te dijo. Pero creo que también hay algo personal en todo esto...

Thomas no terminó. Se limitó a mirarla.

Mia parpadeó, captando la insinuación.

—¿Estás insinuando que...? No —negó de inmediato—. Rotundamente no. Su interés en mí es solo una forma de llegar a ti.

—No estoy tan seguro.

—Oh, si supiera la verdad... —Por un momento sonrió, pero enseguida volvió a ponerse seria—. ¿Y Candice?

—Ella sospecha, pero nunca se lo he confirmado. Willie y, ahora, Anna saben algunas cosas, pero no todo.

Mia le tomó las manos.

Esta vez no había ira en su gesto. Había miedo.

—Esto es una locura, mi amor...

—Cuando empecé, pensaba mucho en mi propio dolor. Solo cuando me involucré de verdad me di cuenta de la magnitud de todo. —Pensativo, Thomas continuó—: Malek es la escoria de la tierra. Por eso tengo que llegar hasta el final.

—Lo entiendo, pero...

No pudo terminar. La voz se le quebró antes de poder formar la frase.

Thomas se dio cuenta y le rozó los labios con ternura, silenciándola antes de continuar.

—Hoy vuelves a Estados Unidos. Estarás a salvo y lejos de todo esto... pero quiero que sepas que me alegra que por fin sepas quién soy, en todos los sentidos.

—¿Y si no quiero irme?

Thomas agachó la cabeza. Reflexionó. Luego volvió a mirarla.

—Mia, te quiero tanto... y lo que más necesito ahora mismo es que estés a salvo. —Le besó los labios con suavidad—. Pase lo que pase, te prometo que volveré a ti.

Ambos estaban emocionados, con lágrimas en los ojos y un nudo en el corazón.

Mia se acercó y abrazó a Thomas, aterrorizada por lo que pudiera venir. Lo estrechó con fuerza, hundiendo el rostro en su pecho. Su cuerpo temblaba levemente, y Thomas lo percibió con una culpa que casi podía tocarse.

Cuando llegó a Londres casi un año antes, no tenía ni idea de las experiencias que le aguardaban. Y mucho menos de que encontraría el amor en los brazos de un hombre que llevaba una guerra entera dentro.

Su viaje había sido, sin duda, una sucesión de sorpresas y descubrimientos.

∞∞∞

Pasaron el día juntos. Cuando llegó la noche, las maletas de Mia ya estaban hechas.

Con los ojos cerrados, recostada contra Thomas en el sillón del despacho de la mansión, sentía cómo él le acariciaba el pelo mientras el reloj iniciaba la cuenta atrás para su partida.

—Puedo describir cada detalle del momento en que te vi en el club... —dijo, incorporándose para mirarlo a los ojos—. Una pregunta no dejaba de resonar en mi cabeza: «¿quién es este hombre?».

Ambos sonrieron, aunque en sus ojos se adivinaba un velo de tristeza.

—Aún hoy no entiendo cómo te distinguí entre tanta gente, pero ahí estabas... hermosa y un poco torpe —dijo Thomas con una sonrisa nostálgica.

—No me lo recuerdes... Un desastre total —dijo Mia.

West le acarició el rostro y se puso serio.

—Me reencontré a mí mismo en ti de tantas formas... —declaró—. Sin que te dieras cuenta, me rescataste.

Mia le sostuvo la mirada con la misma intensidad.

—Te quiero tanto... y me aterra dejarte aquí en medio de toda esta locura... —Se le llenaron los ojos de lágrimas.

Sin más palabras, se abrazaron.

Más que eso, se refugiaron el uno en el otro.

Los interrumpieron Petra y Nicky, que estaban en la habitación de al lado.

—Tenemos que irnos... —avisó Nicky.

Mia asintió, y ella y Petra fueron a esperar al coche.

Ya de pie, uno frente al otro, Thomas preguntó:

—¿De verdad no vas a dejar que te lleve?

Mia se había negado.

—Si estás allí... no embarcaré —dijo antes de tomarle el rostro con firmeza entre las manos—. Necesito que tengas clara una cosa: te esperaré. No importa cuánto tarde.

Thomas sonrió, le tomó las manos y se las besó.

—Te prometo que te lo compensaré el resto de nuestras vidas…

Puso todo su corazón en aquella promesa.

Abrumada por la emoción, Mia lo besó en los labios, se apartó y se dirigió hacia la puerta antes de volverse hacia él una última vez.

—Cuidado… eso casi fue una propuesta de matrimonio —dijo, sonriendo con los ojos llenos de lágrimas.

Entonces le lanzó un beso y se marchó.

Thomas se quedó allí, asimilando todo aquello, la inmensidad de las emociones que lo invadían.

El miedo no figuraba en su diccionario.

Hasta ese momento.

Miró a su alrededor, un poco perdido, y caminó hacia la puerta del salón.

Desolado, con las manos en los bolsillos, vio salir por la verja el coche que conducía Petra.

Cuando Mia miró hacia atrás, lo vio.

Y si marcharse ya había sido difícil, ahora resultaba casi insoportable.

Pero tenía que irse.

Durante varios minutos, Thomas no pudo quedarse quieto en ninguna habitación. Recorrió cada rincón, pero sentía el pecho a punto de estallar y el suelo se había esfumado bajo sus pies.

Todavía intentando calmarse, de pronto se levantó.

—¡A la mierda!

Decidido al menos a despedirse, buscó apresuradamente la llave de uno de los coches.

Cuando la encontró y estaba a punto de salir por el salón, la puerta se abrió.

—Hola… —dijo Mia, de pie en el umbral con una maleta a su lado.

—Amor… ¿qué…?

Thomas avanzó lentamente hacia ella, todavía confundido.

Mia entró y, cerrando la puerta, habló con firmeza.

—Elegiste ocultármelo todo. También elegiste alejarte, pensando que era lo mejor para mí. Y finalmente elegiste contármelo…

Había calma en su voz.

—Ahora soy yo quien decide. Y he decidido quedarme.

—Sabes…

Thomas comenzó la frase, pero ella lo interrumpió.

—Sí, lo sé todo. Por eso tengo derecho a tomar una decisión. Ya no depende de ti.

Thomas suspiró y, sonriéndole, abrió los brazos.

Mia se lanzó a sus brazos.

Sin embargo, había un detalle de su pasado que Thomas había omitido.

Quizás porque aún lo estaba reconsiderando.

O quizás no.

Años atrás

Todos estaban listos para el nuevo comienzo en Londres.

En la pista del aeropuerto, Petra, Illir y Willie ya estaban a bordo del jet, mientras Thomas aún hablaba con el agente Flynn cerca de la escalerilla.

—Estaré contigo en todo momento, y no lo olvides, seré tu único contacto en Interpol —dijo Flynn.

—Y hablarás directamente con Petra… Lo sé.

—Ella te pondrá en contacto con las personas adecuadas.

Al terminar, Flynn le tendió la mano y Thomas se la estrechó con firmeza.

—Ten cuidado.

—Lo tendré…

Soltándole la mano, Thomas le advirtió:

—En cuanto a nuestro acuerdo, sabes que iba completamente en serio.

—Te conozco lo suficiente para saber que ibas en serio. Tienes mi palabra: Malek no será arrestado. Dependerá de ti decidir qué le ocurre —reafirmó Flynn, aun sabiendo que se saltaba todas las reglas que siempre habían guiado su vida.

—Bien.

Thomas estaba a punto de subir la escalerilla cuando Flynn lo llamó.

—Thomas… ¿qué pretendes hacer?

Miró al agente. Aquella mirada firme respondió antes que su voz.

—¿Tú qué crees?

Se puso las gafas de sol, subió la escalerilla y entró en el jet privado, rumbo a una nueva vida.