Capítulo 6
En los días siguientes, Mia siguió adaptándose a su nuevo trabajo, fue conociendo mejor a sus compañeros y aprendió cuáles eran sus responsabilidades, en especial todo lo relacionado con la exposición de obras exclusivas de un importante coleccionista de arte: Thomas West.
Durante una reunión, Mia, el propietario de la galería y otro empleado discutieron extensamente las medidas de seguridad para la noche del evento. Además de las precauciones habituales, ciertas piezas llevarían cristal blindado y marcos reforzados.
Todo se decidía con sumo cuidado para evitar cualquier problema en el futuro.
A última hora de la tarde, Mia fue a la residencia de Thomas con la documentación necesaria para autorizar el traslado de algunas obras de arte a la galería.
Al hablar con uno de los empleados de la mansión, le dijeron que West no se encontraba allí en ese momento. Sin embargo, cuando ya se marchaba, vio que uno de los coches de Thomas entraba por la verja.
Decidió esperar.
—¡Hola! —la saludó Thomas mientras bajaba del asiento trasero del vehículo.
—¡Hola! —respondió ella con una sonrisa.
Tras saludar a los guardias de seguridad, se acercó a Thomas y le entregó los documentos para que los firmara, mientras se disculpaba por la visita sin previo aviso.
—Estás perdonada —respondió Thomas con su habitual expresión enigmática—. Me he enterado de que te encargarás de la exposición. Excelente noticia.
Aunque Thomas había dicho eso, no era del todo cierto. No solo lo sabía, sino que además había pedido personalmente al jefe de Mia que la pusiera a cargo de todo lo relacionado con sus obras.
—¡Sí, señor! —respondió Mia en tono de broma.
Mientras los demás se dispersaban, ellos dos permanecieron junto al coche.
—Te devolveré los documentos mañana, si no hay inconveniente —dijo Thomas.
Obviamente, los leería con detenimiento. Era su costumbre.
—Por supuesto. Vendré por la tarde —dijo Mia.
—De acuerdo... estarán firmados.
Tras intercambiar una mirada en silencio, Petra los interrumpió para informar a West de una videoconferencia.
Él asintió y se volvió hacia Mia.
—Lo de siempre...
—¡Una reunión! —Mia lo comprendió al instante.
Thomas asintió y, aunque tenía empresarios esperándolo, acompañó a Mia hasta la verja. Caminaba tranquilamente, con las manos en los bolsillos del pantalón.
Al abrir la verja, se dio cuenta de que Mia no estaba sola.
—He dejado a mi amigo esperando —comentó ella, pues Jake la aguardaba en el coche.
Thomas miró en su dirección sin saludarlo y luego se volvió hacia Mia. La única palabra que salió de su boca fue:
—Ah...
—Lo viste aquella noche en el club. —Ni siquiera sabía por qué, pero sintió la necesidad de explicarse.
—Ah, sí... el que te dejó sola —comentó Thomas con ironía—. En fin, hasta luego.
Se despidió rápidamente y se marchó sin esperar respuesta.
Al notar aquella reacción, Mia lo observó unos segundos antes de irse.
Desde allí, fue a reunirse con sus amigos, que estaban encantados con la noticia, y ya no pudo posponer más la celebración.
A pesar de que no dejaba de mirar con inquietud la pantalla silenciosa de su móvil, la noche resultó agradable para la nueva residente de la capital británica.
Mientras tanto, en otro lugar, Thomas, impaciente y vestido con una bata de seda oscura, bebía té con la mirada fija en su portátil.
En un giro inusual, examinaba un perfil en las redes sociales y analizaba las publicaciones de Mia, incluidas las de esa misma noche, en las que aparecía rodeada de gente en la mesa de algún bar de Londres.
Se recostó en la silla e intentó entender por qué le interesaba tanto.
Al final, no encontró respuesta alguna, solo la inquietante certeza de que seguiría mirando.