Sombras de una mentira (Kilyan Kil 1) 76
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La distancia entre ellos era cada vez mayor. Kilyan había perdido la sensibilidad en el brazo izquierdo y sufría un terrible pinchazo en la rodilla derecha que le impedía ir más deprisa. A lo lejos, un enorme buque de carga se preparaba para zarpar entre el rugir del viento y la lluvia.

Cuando sentía que las fuerzas le abandonaban y comenzaban a flaquearle las piernas, observó cómo el hijo de Mia dejaba de correr y se detenía junto a un contenedor de mercancías azul.

Frente a él percibió la figura de una persona, pero se encontraba demasiado lejos para poder identificarla.

Kilyan aprovechó la situación y aligeró el paso para acortar la distancia que existía entre ellos.

Al acercarse un poco más, comprobó que se trataba de una mujer. Sostenía un arma entre las manos.

No podía creer que fuese ella.

El hermano de Peyton sacó una pistola. Kilyan quiso advertirla, pero para entonces ya había apretado el gatillo. Solo salió un grito ahogado de sus labios antes de que Rebecka se desplomase en el suelo. Después recibió dos disparos más a quemarropa.

Todo ocurrió muy deprisa.

Lleno de rabia y frustración, Kilyan avanzó haciendo caso omiso a los pinchazos que le lanzaba la rodilla y derivaban en un intenso dolor en la zona lumbar.

Ahora apenas les separaban diez metros.

El hijo de Mia volvió la vista hacia él y efectuó un disparo que casi lo alcanza. Después se ocultó tras un contenedor en el momento en que Kilyan respondía con otro disparo que acabó impactando en el metal del depósito de mercancía.

A fin de no recibir otro balazo, se agachó detrás de una caseta prefabricada. No pudo evitar echar un vistazo rápido a Rebecka. Su cuerpo yacía boca arriba sobre el frío cemento. Un operario, que había presenciado la escena, acudió a su encuentro para auxiliarla.

—¡No te saldrás con la tuya! —exclamó levantando la voz—. ¡Juro que te atraparé!

—Nadie la invitó a este baile, detective. Y permítame decirle que usted comienza a ser un pésimo bailarín.

Kilyan asomó la cabeza por un lado de la caseta. Delante del contenedor, por donde le había visto meterse, había dos contenedores más dispuestos en vertical y varios bidones azules agrupados en fila.

Pasó agachado por delante de los bidones y se ocultó entre el primero y el segundo contenedor.

Tras esperar unos segundos pasó al siguiente.

Si no se había movido, tenía que hallarse al otro extremo del contenedor azul que tenía delante.

El ruido de la tormenta era ensordecedor. El viento continuaba soplando con fuerza y la lluvia caía incesantemente. Mientras, en la orilla de Buffalo Bayou, el último buque de la tarde ya había sido cargado y en esos momentos se disponían a retirar las grúas y equipos móviles.

—No se mueva, detective —Kilyan notó cómo le clavaba el cañón del arma en el costado—.

He de reconocer que me está causando más problemas de los que pensaba.

Debí asegurarme de que no salieran vivos del incendio.

Es curioso cómo un sencillo cabo suelto puede acabar generando tantas...

molestias —la última frase la dijo como si se refiriese a algo que tuviera poca importancia.

A Kilyan le temblaba todo el cuerpo. La pierna se había convertido en una tortura y el brazo en el que había recibido el disparo le colgaba pesadamente del hombro como si fuera un miembro ajeno a su cuerpo. La bala le debía de haber tocado un tendón.

—Estás loco si piensas irte en ese buque. Lo traerán de vuelta en cuanto descubran que has matado a dos policías.

—No se preocupe por eso, detective —respondió señalando una lancha que había a su espalda con un gesto de la cabeza.

—Han visto cómo la matabas y hay cámaras por todo el muelle.

—Conozco la posición de cada una de esas cámaras y dudo mucho que me identifiquen en estas circunstancias —dijo extendiendo el brazo que le quedaba libre refiriéndose al temporal y la oscuridad de la noche—.

Solo hágame un favor, detective —Kilyan lo miró desafiante a los ojos, conservando la poca dignidad que le quedaba—, dele recuerdos a mi madre.

A continuación, hizo una mueca de desprecio y tensó el brazo.

Kilyan no le apartó la mirada hasta escuchar el disparo.