Sombras de una mentira (Kilyan Kil 1) 67
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Kilyan y Bernard observaban el cuerpo inerte de Sharon Fisher a través del cristal de la sala de cuidados intensivos.

La mujer cuya familia había sido brutalmente asesinada, se hallaba tumbada en una cama de hospital con los ojos abiertos.

Llevaba un vendaje de Barton y parecía mirar absorta la bolsa que colgaba de un soporte de goteo móvil por el que le administraban algún tipo de medicamento intravenoso.

—La hemos despertado esta mañana a las ocho cuarenta y cinco —dijo el doctor Marley tras consultar su tablilla—. En estos momentos se encuentra sedada pero consciente. Les advierto que debido a la operación no puede hablar.

—De acuerdo. ¿Cómo nos comunicamos con ella? —Quiso saber Kilyan.

—Pueden hacerle preguntas concretas para las que solo tenga que responder con un sí o un no.

Si Sharon quiere contestar con un no, negará con la cabeza, en caso contrario, cerrará los ojos.

Otra cosa más. No recuerda nada de lo que ocurrió momentos antes del disparo, así que les rogaría que no dijeran nada al respecto. Podría ser fatal para su recuperación.

Kilyan y Bernard asintieron y el doctor Rudy Marley les abrió la puerta para que entraran en la habitación.

—Hola Sharon, somos los detectives Bernard Lampbell y Kilyan Kil. Nos gustaría hacerle unas preguntas, ¿le parece bien?

Sharon movió sus ojos de color miel en dirección a los detectives y, cuando Kilyan sospechaba que no le había escuchado, vio cómo los cerraba.

—De acuerdo, ¿sabe dónde se encuentra?

Sharon cerró los ojos una vez más.

—¿Recuerda por qué está aquí?

Esta vez Sharon negó con la cabeza y desvió la mirada hacia el gotero, como si ese simple gesto la transportase a otro lugar.

El doctor Marley observaba con atención desde una esquina de la sala.

—¿Sabe en qué día estamos?

Sharon cerró los ojos.

—Se lo hemos comunicado esta mañana —dijo Rudy Marley.

—¿Fue el pasado martes al trabajo?

Kilyan notó cómo la mujer de Peter Gilmore se ponía tensa antes de negar con la cabeza.

—¿Por qué?

—Solo preguntas que pueda afirmar o negar, detective —dijo tajante Rudy Marley.

Kilyan asintió.

—Acaba de negar que fuera a trabajar el pasado martes. ¿Fue decisión suya?

Sharon volvió a negar con la cabeza.

—¿Se lo impidió alguien?

Kilyan miró fugazmente a Bernard al ver que Sharon cerraba los ojos.

—¿La secuestraron?

La viuda de Peter Gilmore cerró una vez más los ojos. Al abrirlos de nuevo, dos lágrimas se deslizaron por sus mejillas hasta caer en la almohada.

—¿Recuerda si la persona que lo hizo era un hombre?

Sharon volvió a asentir.

—Ese hombre, ¿llevaba por casualidad una máscara?

Kilyan vio cómo Sharon cerraba los ojos otra vez y levantaba la cabeza con esfuerzo. Parecía intentar decirle algo.

—Creo que ya es suficiente por hoy, detectives —dijo el doctor Marley al ver cómo Kilyan se inclinaba hacia la paciente.

—Ha–ba–lla —dijo Sharon con una voz apenas audible.

—No le entiendo —susurró Kilyan acercándose tanto a su rostro que podía sentir su aliento en la mejilla.

—¡Detectives, siento decirles que deben abandonar inmediatamente la habitación!

—Está bien, doctor. Ya nos vamos —dijo Bernard interponiéndose entre él y Kilyan.

—A–ba–ña —le pareció escuchar a Kilyan a través de los gruesos y agrietados labios que asomaban entre el aparatoso vendaje que cubría la cabeza de Sharon Fisher.

—¡Papel y boli! —pidió Kilyan mirando al doctor inquisitivamente a los ojos.