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A Rebecka le dio por hacer limpieza de armarios y en esos momentos llenaba la segunda bolsa de basura con ropa que ya no utilizaba. Necesitaba tener la mente ocupada en otra cosa que no fuera Peyton al menos durante un rato.
Mientras decidía si tirar o no una falda vaquera que llevaba tres años esperando ser estrenada, oyó cómo el móvil comenzaba a sonar bajo una blusa azul.
—Dime, Mark —dijo sentándose en el borde de la cama.
—¿Te pillo bien?
—Sí, ¿qué ocurre?
—Estoy revisando con Alyssa las grabaciones del centro comercial The Galleria.
Resulta que Peyton decía la verdad al contarnos que estuvo allí.
Aparece entrando en las instalaciones a las siete y treinta y cinco y abandona el lugar a las ocho y cinco, dirección Alabama Street.
Es extraño, porque el Starbucks que mencionó visitar posteriormente queda en dirección contraria.
Mark sonaba ansioso, como si hubiese resuelto un enigma.
—Puede que simplemente rodeara el edificio—reflexionó Rebecka.
—¿Por qué iba a hacer eso pudiendo ir por Westheimer Road?
—Tal vez no conocía bien la zona y tomó el camino equivocado.
—¿Me lo estás diciendo en serio?
—Es lo que yo diría si tuviera que sostener una coartada ante el juez.
—Entiendo —respondió Mark decepcionado.
—¿Por qué no os vais a casa?, creo que ya habéis hecho bastante por hoy.
—¿Crees que vamos a salir de aquí después de la que se ha formado?
—¿A qué te refieres?
—Será mejor que pongas las noticias. Está en todos los canales.
Rebecka entró en la cocina y encendió el televisor.
En ese momento, una mujer que presumía ser examante de Thomas Baker, aseguraba que el malogrado pintor le había comentado en más de una ocasión lo apegado que su hijo estaba a su madre.
En un recuadro de la parte inferior de la pantalla aparecía un vídeo en miniatura en el que Hannah intentaba avanzar por la calle ante el asedio de un puñado de periodistas.
El faldón rezaba: «La mujer que Richard Baker tenía secuestrada en su mansión de River Oaks se niega a dar declaraciones».
Rebecka no pudo evitar sentir una punzada de remordimiento por no poder apoyarla en esos momentos tan duros por los que estaba pasando, pero se dijo que ya habría tiempo para arreglar las cosas entre ellas dos.
—¿Qué has puesto? —Oyó decir a Mark al otro lado del teléfono.
—Lo primero que ha salido. Un programa donde hablan de Richard Baker.
—Deja eso. Pon Fox News .
Rebecka dejó a la familia Baker y a la realidad paralela de los programas del corazón y puso el canal que le había dicho Mark, donde un corresponsal hablaba enérgicamente a la cámara desde la entrada del hotel Hilton de Post Oak Boulevard.
Rebecka tiró el mando al sofá y se sentó inclinando el cuerpo hacia adelante.
El hombre narraba sin dejar de gesticular ante la cámara: «…
que la policía ha hallado en el hotel que tengo a mis espaldas los ojos del empresario Michael Foster, recientemente fallecido en extrañas circunstancias dentro del club que regentaba.
Según nos ha informado una fuente cercana a los hechos, los ojos del empresario se hallaban en un frasco dentro del minibar de una de las habitaciones del Hilton.
De momento se desconoce la identidad de la persona que alquiló la habitación en cuestión».
Rebecka cogió el teléfono y llamó a Kilyan.
—Dime, Rebecka.
—Lo estoy viendo en las noticias, Kil, ¿qué coño ha pasado?
—Peyton se ha esfumado y nos ha dejado un regalito.
—¿Son los ojos de Michael Foster?
—Aún no lo sabemos, pero es probable, ¿eso han dicho?
—Sí.
Hubo una pausa.
—Siempre pensaste que todos estos asesinatos eran una especie de venganza. Parece que estabas en lo cierto —dijo Rebecka.
—Pues ahora lo que creo es que ha dejado de matar o está a punto de hacerlo. Es posible que su siguiente paso sea huir.
—¿Y ya está? ¿Mata de forma violenta a una serie de personas que le jodieron la infancia y después decide irse a vivir una nueva vida a otro lugar como si nada hubiera ocurrido?
—No es un asesino en serie. No existe un patrón de conducta ni se mueve por impulso. Lo ha planificado todo minuciosamente.
—No me creo que personas como Peyton dejen de matar de la noche a la mañana. Disfrutan haciéndolo, Kil. Has visto tan bien como yo la violencia empleada en cada muerte. Algo en el cerebro de ese tipo hizo clic despertando a la bestia que dormía en su interior y no creo que sea capaz de controlarla.
—Si es así, habrá que atraparlo —sentenció Kilyan dando por concluida la conversación.