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Hacía un rato que se había marchado la científica.
Varios agentes custodiaban la entrada del hotel para impedir la intrusión de un puñado de periodistas que insistían en conocer qué había ocurrido para semejante despliegue policial.
Kilyan, que en esos momentos debatía con el agente Carl y el director del hotel sobre las posibles vías de escape que podía haber tomado Peyton, observó cómo Bernard se aproximaba a ellos con paso decidido.
—Siento interrumpir, ¿puedes venir un momento, Kil?
Bernard llevó a Kilyan a una zona apartada del vestíbulo donde había una mesa abatible con varios compartimentos repletos de folletos turísticos, tarjetas de restaurantes, panfletos de ocio nocturno y mapas de diferentes parques cercanos al hotel.
—Al parecer, ahí fuera ya se han hecho eco de tu hallazgo.
—Me he dado cuenta —admitió Kilyan mirando de soslayo a Jeff que no paraba de trastear con un móvil en la mesa de recepción—, ¿qué querías decirme?
—Ya tenemos el resultado de las autopsias realizadas a Peter Gilmore y a sus dos hijos.
Por lo visto, al doctor le asestaron dos golpes con un objeto contundente en la nuca y en el rostro.
Posteriormente lo envenenaron y le cortaron la cabeza.
—Bernard hizo una pausa y Kilyan asintió con la cabeza invitándole a continuar—.
A sus hijos, en cambio, los anestesiaron primero para después envenenarlos.
Pero, a diferencia de su padre, la decapitación de estos fue post mortem .
—¿Algo más?
—Sí. Hemos hablado con varios vecinos y compañeros de trabajo de Peter y Sharon y todos coinciden en que era una pareja encantadora y familiar. Nadie ha observado nada raro entre ellos.
—Sharon no mató a su familia —soltó Kilyan cortando de raíz cualquier duda al respecto—. ¿Eso es todo?
—Una cosa más. Jesús comentó que la dirección de los golpes que Peter Gilmore recibió en la nuca, indica que el atacante era zurdo.
Kilyan se quedó en silencio unos instantes procesando lo que Bernard acababa de contarle.
—Hay que revisar la grabación del cajero —dijo al fin.
—Pensaba hacerlo. Por cierto, ¿sabemos donde está Peyton? —preguntó Bernard.
—De momento no. Ha tenido que salir por el aparcamiento o el vestíbulo.
Le he dicho a Ezra que pida una orden para comprobar las llamadas que ha realizado Nataly Tyson desde su móvil y su teléfono fijo.
Si no ha sido ella la que ha puesto en alerta a Peyton, no tengo ni idea de cómo ha podido saber que íbamos tras él.
—¿Y si no ha salido del hotel?
—Lo están registrando de arriba abajo. De todas formas, en caso de que lo detengamos, continuamos sin tener una base sólida que presentar a la fiscalía. Terminaría en la calle por falta de pruebas.
—¿Te parece poco que tuviese los ojos de una de las víctimas en un tarro de cristal?
—Aún no sabemos si son los de Michael Foster y, aunque lo fueran, eso no demuestra que haya sido él quien lo haya matado. Nuestro mayor problema ahora mismo es que pretenda huir de la ciudad.
El teléfono de Kilyan comenzó a sonar.
—¿Diga?... Sí… ¿Mañana?... Entiendo, espero su llamada.
—¿Qué ocurre? —preguntó Bernard al ver la expresión de Kilyan.
—Era el doctor Rudy Marley. Mañana por la mañana sacarán del coma a Sharon Fisher.