Sombras de una mentira (Kilyan Kil 1) 56
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Ezra tenía el semblante serio y preocupado.

En la comparecencia que había tenido lugar esa misma mañana dentro de la sala de prensa del departamento, los periodistas habían puesto contra las cuerdas al jefe de policía sugiriendo que las macabras muertes que venían sacudiendo a la ciudad de Houston durante los últimos días podrían guardar relación entre ellas.

A Ezra no le había quedado más remedio que reconocer ciertos aspectos de la investigación, como el vínculo que existía entre los casos de Mia Tyson y Michael Foster tras haber hallado en el despacho del empresario una máscara similar a la que llevaba puesta el hombre de las grabaciones del cajero.

A pesar de su empeño por desvincular el secuestro de la camarera de La dama de las tentaciones con los casos que les ocupaban, los medios de comunicación ya había colocado sobre la mesa la posibilidad de que Richard Baker podría estar implicado en las muertes de Mia, Bud y Michael, pero como el multimillonario ya había fallecido cuando se cometió el asesinato del dueño del club, uno de los reporteros del Houston Chronicle no tardó en preguntar a Ezra si se habían planteado que pudiera tener un cómplice.

Ezra lo negó tajantemente y todos los periodistas se le echaron encima cuando no quiso dar explicaciones al respecto.

En un principio no barajaban esa posibilidad, pero si tenía que ser sincero y ceñirse a las pruebas que manejaban, tampoco podían demostrar lo contrario.

Hasta el momento solo tenían un retrato robot del hombre de la máscara que bien podría parecerse a la mayor parte de los mortales caucásicos y morenos que poblaban el globo terráqueo.

Además, los compradores de la máscara de Joe Cassidy a los que investigaban Mark y Alyssa los había llevado a un callejón sin salida y, para colmo, Sharon Fisher, la única persona viva que podía haber tenido contacto con el hombre de la máscara, continuaba en coma.

Tampoco habían obtenido pruebas que apuntaran a un sospechoso o un testigo del que poder obtener información.

Ezra se encontraba de pie con las palmas de las manos apoyadas sobre el escritorio mientras que Kilyan, Rebecka, Alyssa y Mark esperaban pacientemente a que el jefe de policía diera comienzo la reunión.

Tras cerrar los ojos e inspirar hondo, Ezra miró fijamente a Rebecka y a continuación a Kilyan.

—Contadme, por favor, algo que no sepa —pidió cansado.

—Venimos de la casa de Mia Tyson —comenzó a decir Kilyan—.

Como ya sabéis, han encontrado una pequeña cámara de grabación continua dentro de un reloj de pie que había en el salón.

Este hallazgo nos invitó a pensar que quien incendió la casa pudo estar controlando antes nuestros movimientos.

Pues bien, resulta que el incendio provocó que la zona de las escaleras que daban acceso al piso superior se viniera abajo dejando al descubierto un espacio subterráneo.

Parecía un sótano, pero este había sido reacondicionado para que pudiese vivir en él una persona, aunque no de la manera que cabría esperar.

—¿Quieres decir que Mia Tyson ocultaba a alguien en su casa?

—Eso parece.

—¿Sabemos si era un hombre o una mujer?

—Más bien diría que se trataba de un niño o una niña.

El acceso se hallaba oculto en la despensa que había en la planta baja entre el baño y la cocina —Ezra no dijo nada y esperó a que Kilyan continuara—.

Allí abajo solo había un baúl con varios juguetes y un colchón sobre el suelo.

Una bombilla colgaba del techo como la única fuente de luz en toda la habitación.

Hemos traído unas fotografías del lugar para que os podáis hacer una idea.

—Qué cruel —dijo Alyssa mirando una de ellas donde aparecía el colchón y el baúl frente a una pared de hormigón con condensación.

—¿Os habéis fijado en esto? —preguntó Mark señalando una fotografía.

—Yo solo veo un peluche —gruñó Ezra incómodo por no ver nada donde se suponía que debía haber algo.

—Es el osito Teddy, un muñeco de trapo. Mi hermano tenía uno de pequeño —dijo Alyssa con una sonrisa melancólica.

—¿Y qué tiene eso de especial? —preguntó Kilyan.

—Sus ojos —soltó Rebecka tomando la fotografía—. Son dos cruces. Puede que interpretáramos mal la nota que encontró Patrick en el banco donde aparecían las dos marcas con forma de cruz.

—Tenemos que averiguar a quién escondía Mia ahí abajo —dijo Ezra señalando la fotografía—. Crucemos los dedos para que en esta ocasión los de la científica encuentren algo.

Todos asintieron con la sensación de estar cerca de algo que aún no lograban alcanzar a ver.

—Por cierto ¿qué tenéis que contarme del funeral? Por lo que tengo entendido se lio una buena.

—Pudo ser peor. Se produjo un altercado entre manifestantes donde comenzaron a volar piedras. La cosa no fue a más gracias al despliegue policial. Solo hubo tres heridos de poca consideración —resumió Kilyan.

—¿No tenemos nada que pueda arrojar algo de luz al caso? —preguntó Ezra extendiendo los brazos.

—Peyton Tyson, hijo de Nataly y sobrino de Mia. Vimos cómo discutía con su madre fuera de la iglesia y, cuando hablamos con él, quedó patente que entre ellos había ciertas desavenencias.

—Tampoco parecía tener en mucha estima a su tía —intervino Rebecka—. Hablaba de ella con desprecio y no lo vimos muy convencido de querer estar allí esta mañana.

—Cabe recordar que, en ocasiones, Nataly dejaba a Peyton al cuidado de Mia cuando este era pequeño.

—¿Creéis que el sótano que había en casa de Mia tiene algo que ver con el hijo de Nataly? —preguntó Alysa.

—Tal vez. De todas formas, hay algo que no termino de entender —dijo Kilyan—.

El día que registramos la casa vimos la habitación de un adolescente con una cama, un ordenador y varios pósteres de grupos y de cine de los noventa…

En cambio, el sótano era un lugar frío con un colchón en el suelo y una bombilla en el techo.

No había ventanas y los pocos juguetes que encontramos eran más bien de un niño pequeño.

—Se me pone la carne de gallina solo de pensarlo —susurró Alyssa a Mark haciéndose una idea de la escena.

—Después está la similitud del sótano que hallamos en casa de Mia con el agujero de la nave industrial en el que se quitó la vida.

Ezra se quedó con la boca medio abierta tras el comentario de Rebecka. Mark y Alyssa se miraron sorprendidos al no haber reparado en ello.

—¿Podemos considerar a Peyton Tyson sospechoso del caso? —preguntó Ezra esperanzado.

—Sería conveniente tenerlo vigilado. Como he dicho antes, aún no hay nada sólido contra él.

—De acuerdo, pondré a dos agentes vigilándolo las veinticuatro horas del día, ¿dónde se supone que está ahora?

—Se aloja en el Hotel Hilton de Post Oak Boulevard. Nataly comentó que pasaría un par de días en la ciudad antes de volver a Sacramento.

Ezra llamó a Carl y Murray y les dio la orden de seguir a Peyton Tyson. Tras colgar el teléfono se sentó en el escritorio y entrelazó las manos sobre la mesa.

—¿Algo más que deba saber?

Nadie dijo nada.

—¿Tenemos una fotografía de ese tal Peyton? ¿Facebook, Instagram, Twitter, Linkedln? —preguntó Ezra—. Vamos, no me miréis así, ¡que tengo dos hijos!

—No hay rastro de él ni en redes sociales ni en internet, al menos con ese nombre —dijo Mark.

Ezra torció el gesto.

—Puedo hablar con Nataly para que nos preste una, aunque dudo que sea actual —comentó Kilyan.

—Bien, si no hay más que decir, hemos terminado. A trabajar.

—Un momento. Antes habéis dicho que os observaban desde una cámara que había instalada en casa de Mia, ¿verdad? —dijo Alyssa, que hasta el momento había estado sumida en sus propios pensamientos.

—Eso parece —contestó Kilyan.

Alyssa entrecerró los ojos como si estuviera dándole forma a una idea que le rondaba la cabeza.

—¿Cuánto tiempo estuvisteis dentro hasta que comenzó el incendio?

—Unos veinte minutos —calculó Kilyan mientras Rebecka asentía confirmando el dato.

—Lo más probable es que la persona que provocó el incendio tuviese un dispositivo que le avisara si alguien había entrado en casa de Mia.

—Normalmente este tipo de cámaras se manejan desde un móvil o un ordenador —apuntó Mark.

—Tuvo que usar un vehículo para transportar la gasolina y, una vez allí, asegurarse de que no hubiera nadie más por la zona —continuó Alyssa animada mientras notaba cómo la observaban expectantes—. ¿Cuántos kilómetros a la redonda puede haber en un trayecto de quince minutos?

—Necesitamos un mapa —dijo Kilyan viendo a dónde quería ir a parar Alyssa.

Ezra se acercó decidido al armario que había a su espalda y cogió un tubo de plástico de una de las baldas. Tras quitarle la tapa, dio unos golpecitos en el otro extremo del tubo y extrajo un plano de Houston que extendió sobre la mesa.

—¡Mierda! —dijo al ver que el plano se encogía.

Alyssa se apresuró a colocar una grapadora y un teléfono que había en el escritorio en ambos extremos del mapa para conseguir que este se quedara extendido.

Kilyan se acercó, recorrió con el dedo el mapa y se paró en un punto.

—Aquí está la casa de Mia Tyson —afirmó dibujando un círculo con un rotulador negro.

—Desde el Memorial Park hay dieciséis minutos por carretera —informó Mark mientras interactuaba con la tablet .

Kilyan dibujó una cruz.

—Desde Herman Brown Park hay quince minutos por la I610 y otros quince minutos desde Grimes Park por Martin Luther King Boulevard.

Kilyan dibujó dos cruces más en los lugares que había indicado Mark y trazó un círculo alrededor de las tres marcas. Ezra miró a Kilyan, y Kilyan a Alyssa.

—Si el hombre de la máscara se oculta en algún sitio, creo que ese lugar tiene que hallarse dentro de este círculo —dijo Alyssa sonriendo mientras señalaba el plano.

—Ordenaré que se centre la búsqueda de la furgoneta en esta zona. Buen trabajo, Alyssa. Penni, tú no te vayas, quiero hablar contigo.

Rebecka vio cómo Mark y Alissa abandonaban el despacho seguidos de Kilyan, quien le dedicó una sonrisa tras vocalizar Penni sin emitir sonido alguno. Rebeka le mostró el dedo corazón con el que se rascó la cabeza mientras Ezra tomaba asiento en el escritorio, ajeno a sus burlas.

—Siéntate —dijo señalando la silla que había frente a él a la vez que cogía un impreso de la mesa—.

Uno de los cuerpos que encontraste en casa de Richard Baker era de Lucía Escobedo.

Desapareció hace cuatro años en Hyde Park.

Trabajaba en una empresa de limpieza y fue detenida un par de veces por robar a clientes mientras ejercía la prostitución —comentó Ezra entregándole a Rebecka la ficha policial—.

El otro cuerpo aún está sin identificar.

Creo que mereces saber que, por lo visto, estas dos mujeres no han sido las primeras con las que ese puto enfermo ha practicado la momificación.

Hemos encontrado un cuaderno en donde anotaba los errores cometidos en otros cuerpos con diferentes técnicas de momificación.

Los de la científica están cotejando varias pruebas recogidas en la galería subterránea que puede que nos proporcionen nuevos nombres.

—Gracias, jefe.

Rebecka se quedó mirando la ficha policial de Lucía Escobedo.

—Quiero que sepas que, si no es por ti, estas chicas…

—Si me permite —dijo Rebecka impidiendo que Ezra terminara la frase—, creo que deberían reabrir los casos de las desapariciones de Samantha Willmott y Melinda Mathisson. Tengo la intuición de que pueden tener algo que ver con lo que acaba de contarme.

Ezra entrecerró un poco el ojo izquierdo y finalmente asintió con la cabeza.

—Lo tendré en cuenta —dijo consciente de que no debía hacer más preguntas mientras anotaba los nombres en el bloc.