Sombras de una mentira (Kilyan Kil 1) 45
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Bernard había seguido a Michael Foster hasta La dama de las tentaciones. Hacía un par de horas que le había visto salir por última vez para echar dos bolsas de basura en un contenedor situado a escasos metros de la entrada. Después volvió a entrar en el club.

El limpiaparabrisas no dejaba de cruzarse en su campo visual, de izquierda a derecha, haciendo desaparecer la lluvia que no cesaba un instante desde que se había puesto a llover.

La mayoría de las veces que le tocaba hacer vigilancia le resultaba igual de exasperante que a un fotógrafo retratar al leopardo de las nieves.

Un trueno resonó en el cielo gris de Houston cuando el móvil comenzó a sonar.

—¿Sí? —preguntó al no conocer el número.

—¿Bernard?

—Sí, soy yo.

—Jesús Rodríguez, de Pasadena. Acabo de enviarte el informe de Sharon Fisher a la dirección de email que me facilitaste. En cuanto al resultado de las autopsias, podremos tenerlas con un poco de suerte en uno o dos días.

—Gracias, Jesús.

—No hay de qué —respondió.

—Jesús, ¿sigues ahí?

—Sí, dime.

—Aún es pronto, pero creo que debo contarte algo.

—¿De qué se trata?

—Según parece, el escenario que nos encontramos en casa de Sharon guarda cierta similitud con uno de los casos que estamos investigando.

Es probable que todo haya sido obra de una persona y no estoy hablando de Sharon Fisher.

Creemos que la persona en cuestión asesinó a Peter Gilmore y a sus dos hijos y después hizo que Sharon intentara quitarse la vida.

Hubo un silencio.

—¿Me estás diciendo que Sharon es otra víctima?

—Posiblemente.

Jesús no dijo nada.

—Quiero que sepas que hemos puesto un agente custodiando su habitación. Si se da el caso de que estamos en lo cierto, no podemos descartar que la persona que puso esto en marcha decida acercarse al hospital y acabar con su trabajo.

—Pensábamos poner a alguien en cuanto el doctor nos dijera que podría existir riesgo de fuga. La última noticia que tengo es que se encuentra en coma inducido.

—Así es.

—Si tienes razón, cometeríamos un error imperdonable con esa mujer.

—Estaremos en contacto. Gracias por el informe —dijo Bernard antes de colgar.

Aún faltaban tres horas para que abrieran el club y se preguntó si Michael Foster volvería a dar señales de vida. Bernard Aarió un mensaje que Mark le acababa de enviar. En él aparecía la imagen de una furgoneta blanca.

En ese momento comenzó a sonarle el móvil en la mano.

—Dime, Mark.

—Te acabo de enviar una imagen.

—La he visto.

—Parece que es la furgoneta con la que secuestraron a Bud Delaney en el motel y el motivo por el que estás ahí.

—Lo sé. Me lo contó Ezra.

—He creído oportuno enviártela por si la ves por allí.

—Creo que ya la he visto.

—Espera, ¿me estás diciendo que la tienes delante?

—No. La vi esta madrugada en la carretera que hay frente a la casa de Sharon, en Pasadena. Pero no vi solo la furgoneta, también lo vi a él —dijo sombrío y con el ceño fruncido.