Sombras de una mentira (Kilyan Kil 1) 34 #3
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—El hombre que seguimos es organizado y planifica todos sus movimientos.

Creemos que aborda a sus víctimas vestido con una sudadera negra y una máscara de bebé.

Después de neutralizarlas, las secuestra y provoca su muerte.

Se cuida mucho en no dejar pruebas, pero tenemos que ser muy meticulosos con cada escena.

No intenta ocultar sus crímenes, es más, para él es como un juego.

Parece que quiere enviarnos mensajes cifrados, pero tampoco podemos descartar que su verdadera intención sea despistarnos y así dificultar aún más la investigación.

Hasta el momento solo tenemos una grabación de la cámara de vigilancia del cajero y sabemos que visita a las víctimas tras su muerte .

Quiero que averigüéis la identidad de la persona que ha dejado ya cuatro cadáveres en la sala de autopsias y necesito pruebas fehacientes de que él haya sido el autor de los dos casos que tenemos sobre la mesa —dijo Ezra mirando a los asistentes a la reunión—.

Id con cuidado y avisadme de cada paso que deis porque aún no sabemos lo que se propone. ¿Alguien tiene algo más que decir?

—Anoche me llamó Nataly Tyson. Dice que quiere hacerse cargo del funeral—comentó Kilyan.

—Cuando se produzca quiero que tú y Rebecka estéis allí. Si le gusta visitar a sus víctimas, no podemos descartar que ese día aparezca para darle un último adiós a Mia. ¿Alguna cosa más?, ¿no? Entonces, ¡a trabajar!

Mark salió del despacho y Rebecka fue tras él.

Kilyan se aproximó a Ezra, quien lo miraba de reojo.

Antes de decir nada, observó el cuadro que colgaba de la pared pensando que, en cierto modo, los casos que investigaban comenzaban a parecerse al árbol que se encontraba rodeado de fantasmas en la pintura de Franz Sedlacek.

—Que sepas que lo que hicisteis ayer fue una gilipollez.

—Jefe, no podíamos...

—¡Cállate, por Dios!, por poco no lo contáis, joder —lo cortó Ezra—. Además, tuvisteis suerte de que llegara la orden esa misma tarde, si no, ahora mismo tú y Rebecka estaríais apartados del caso y con asuntos internos oliéndoos el culo. Que no se repita, Kil, lo digo muy en serio.

—Sí, jefe —dijo desviando la mirada hacia la ventana—. ¿Cómo es que solo hemos estado nosotros en la reunión?, ¿qué pasa con el resto?

—¿No te has enterado? —Kilyan arrugó la frente mientras negaba extrañado—.

Anoche se puso en contacto con nosotros la comisaría de Pasadena para que les echáramos una mano en un homicidio múltiple.

Al parecer alguien llamó asegurando haber oído un disparo cuando salía a correr por la carretera AllenGenoa a la altura del casino Big Blue.

El tipo comentó nervioso que la detonación se produjo en uno de los edificios rojos de la calle, en cuyo jardín había un asiento de columpio colgado de un roble.

Por lo que sé, cuando los agentes irrumpieron en la casa, se encontraron con los cuerpos decapitados de dos niños y un varón tumbados en la cama de un dormitorio del piso superior.

Las cabezas colgaban de la pared como trofeos de caza.

También hallaron el cuerpo de una mujer vestida de novia con un tiro en la cabeza.

Una vez identificados los cadáveres, hemos sabido que se trata de la familia Gilmore.

La mujer se llama Sharon Fisher y su marido Peter Gilmore, un respetado traumatólogo del Hospital MD Anderson.

Los cuerpos de los niños, de seis y ocho años, pertenecen a los hijos de la pareja.

—Joder.

—Como tú y Rebecka ya habíais tenido suficiente con el incendio, encargué el caso a Bernard.

Se llevó con él a los agentes Murray y Stoner —comentó Ezra con gesto cansado—.

Era el primer caso de Stoner, ¿sabes? Vomitó allí mismo y tuvieron que mandarlo a casa de inmediato.

No creo que vuelva a ser el mismo. A veces tengo la impresión de que el mundo ha descarrilado y va a la deriva.

Kilyan asintió pensando que su mundo hacía cinco años que en cierto modo lo había hecho.

También recordaba la sensación que se sentía cuando un caso así te envolvía como si fuera un manto en llamas.

Era un momento en la carrera de todo policía que tarde o temprano terminaba llegando y te obligaba a ver el mundo de una manera que jamás hubieras querido imaginar.

—Quien con monstruos lucha, cuide de convertirse a su vez en uno.

—Porque cuando miras largo tiempo a un abismo, también este mira dentro de ti. Friedrich Nietzsche —concluyo Ezra.

—Sí. Supongo que razón no le faltaba.

Tras la reunión, Rebecka siguió a Mark hasta la «ratonera» y se sentó junto a él.

—Mark, tengo que pedirte un favor.

—Dispara.

—Sé que tienes mucho lío, pero necesito que consigas toda la información que puedas sobre Richard Baker. Hay algo en ese tipo que no me gusta y quiero investigarlo por mi cuenta.

—Sin problema, en cuanto tenga algo te lo envío por email .

—De momento que quede entre tú y yo.

—Descuida.

—Gracias, Mark.

Rebecka volvió sobre sus pasos en el momento en que Kilyan abandonaba el despacho de Ezra.

—¿Sabes lo que ocurrió anoche en Pasadena?

—Sí, nos lo ha contado Ezra por encima antes de que vinieras. ¿Qué se le pasaría a esa mujer por la cabeza para cometer semejante atrocidad?

Kilyan torció el gesto ante la imposibilidad de llegar a comprenderlo.

—¿Un café?

—Mientras no sea del que tenemos aquí.

—Había pensado acercarme al Rickman. Dicen que es el lugar donde preparan el mejor café de la zona y, hasta el momento, no puedo opinar lo contrario.

—Me apunto entonces, pero pagas tú. Aún me lo debes por hacerme saltar la primera por esa ventana.

—Tenía que asegurarme de que era una buena idea.

—Muy gracioso