Sombras de una mentira (Kilyan Kil 1) 18
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Tras enterrar a su mujer y a su hija en Glenwood, Kilyan se pasó una temporada sin pasar por el cementerio.

En un principio se veía incapaz incluso de salir a la calle.

Poco después del accidente, el Departamento de Policía le ofreció atención psicológica.

Kilyan se negó en rotundo, pero tras mucha insistencia por parte de Ezra, terminó aceptando a regañadientes.

En una ocasión el psicólogo lo animó a que visitara las tumbas de Lucy y Evelyn. Le dijo que era un paso crucial para poder superar el duelo y totalmente necesario para obtener el alta.

A partir de ese día Kilyan no faltó a su cita semanal.

Había veces en las que hablaba con ellas. Otras, simplemente se tumbaba entre las dos lápidas.

Ese día, tras dejar una rosa Vendela sobre la lápida de su mujer y una orquídea Lycaste sobre una imitación en piedra y mármol del ángel de la pena de William Wetmore, bajo la que se encontraba enterrada su hija, se despidió con un «hasta pronto» y abandonó el cementerio en su Audi A7 por la avenida Washington.

Dos calles más abajo, paró en un semáforo y miró por el retrovisor.

Eran casi las nueve y apenas había coches.

Una parvada de cuervos sobrevolaba la noche rompiendo la calma del paisaje.

Justo en el cruce por el que acababa de pasar, apareció un vehículo y se situó unos veinte metros por detrás del suyo.

—Aquí estás —dijo Kilyan al comprobar que se trataba del mismo Mitsubishi negro que lo había estado siguiendo desde el restaurante.

Cuando el semáforo se puso en verde, aceleró y bajó por la calle Sawyer. Dos manzanas después, giró por Taylor, volvió a girar por Decatur y aparcó detrás de dos contenedores de basura.