Sombras de una mentira (Kilyan Kil 1) 7
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Kilyan aparcó detrás de la tienda de bebidas Cadillac Licuor y cruzó el angosto sendero que conducía a la nave industrial en donde habían hallado los cadáveres.

La fachada del edificio tenía una hilera de ventanas altas con marcos de metal.

Varias de ellas se encontraban abatidas hacia arriba y otras tantas con los cristales rotos.

La parte inferior era de ladrillo rojo y estaba cubierta de grafitis firmados por bandas callejeras.

Sin duda se trataba de un lugar decadente que parecía llevar mucho tiempo abandonado.

En las inmediaciones, los curiosos se agolpaban intentando ver algo al otro lado del precinto policial, mientras la prensa buscaba información para poder alimentar la curiosidad de quienes estaban en sus hogares.

Kilyan miró al cielo, respiró hondo y mostró su identificación a dos agentes que custodiaban la puerta principal.

—¡Kil, aquí! —oyó que le llamaban.

Se trataba de Bernard Lampbell. Había coincidido con él en varios casos y le gustaba cómo trabajaba. Iba al grano y no solía andarse con rodeos. Fue a su encuentro al ver que le hacía una seña para que se acercase.

—Hola, Bernard, cuéntame.

—Si te parece, iré relatando lo que tenemos según las pruebas halladas —Kilyan asintió y Bernard se puso en cuclillas mientras señalaba el suelo—.

Si observas bien, verás que desde este punto hasta el montacargas que hay al fondo, se suceden una serie de surcos.

Creemos que pudieron arrastrar a una persona a lo largo de este tramo.

La científica ya ha pasado por aquí, así que puedes echar un vistazo si lo consideras oportuno.

Kilyan se puso también en cuclillas y removió un poco el polvo del suelo.

—¿Huellas?

—Solo hemos encontrado un tipo de huellas. Pertenecen al mendigo que halló los cadáveres. Eran recientes y coinciden con su número de pie y tipo de suela.

—¿Fue un sintecho quién halló los cadáveres?

—Sí, en este momento le están tomando declaración. Acudió nervioso a comisaría temiendo que pudieran tratarlo como sospechoso. Por el momento parece que la persona o personas que han hecho esto borraron su rastro antes de abandonar el lugar.

Kilyan se quedó un rato pensando sin decir nada.

—Si no tienes más preguntas, será mejor que vayamos al piso de abajo —dijo Bernard dirigiéndose hacia las escaleras.

—Un momento, ¿no funciona? —preguntó Kilyan señalando el montacargas por el que se perdían las marcas del suelo.

—Más bien no hay electricidad.

—¿Se puede saber desde cuándo?

—Aún no tenemos ese dato, Mark está en ello.

—Quiero saber la fecha exacta en que dieron de baja la electricidad y a quién pertenece este lugar.

—De acuerdo, te informaré de todos los detalles en cuanto los tenga.

En este punto volvemos a encontrarnos las mismas marcas que arriba —continuó Bernard en la planta baja—.

Unos metros más adelante, es donde hallamos los primeros restos de sangre y probablemente la ropa hecha jirones de uno de los cadáveres.

Las prendas pudieron ser cortadas con unas tijeras grandes y hemos reconstruido parcialmente la cazadora.

En ella había un emblema que podría pertenecer a un club motero.

Ya se han llevado muestras de todo al laboratorio.

Bernard guio a Kilyan hasta el centro de la nave y se agachó en una zona en donde había sangre seca por el suelo.

—Estas manchas de proyección pueden ser derivadas de pinchazos o cortes en la piel. En cambio, justo aquí, hay una maculación de sangre que lo más seguro pertenezca a una herida por arma blanca o a una amputación.

Kilyan escuchaba atento mientras tomaba notas mentales de todo lo que veía.

—¿Hemos encontrado algo? Armas, balas, objetos punzantes…

—Nada.

—Peinar toda la zona en un radio de un kilómetro. Nunca se sabe.

—Estamos en ello.

—Bien.

—Como puedes ver, el rastro de sangre sigue un par de metros más hasta aquella trampilla. Debieron arrastrar el cuerpo hasta allí para después arrojarlo o descenderlo al sótano del infierno.

—¿El sótano del infierno?

—Lo hemos bautizado así porque parece pertenecer al mismísimo demonio, pero siento decirte que tendrás que esperar para visitarlo. Aún siguen los de la científica y es muy complicado moverse allí abajo sin correr el riesgo de pisar una prueba. Cuando acaben os aviso y os pongo al día.

—De acuerdo, andaremos cerca.