Sombras de una mentira (Kilyan Kil 1) 5
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Sus manos se aferraban a una barra de hierro colocada en la parte superior del marco de la puerta que daba acceso al salón.

Tenía la vista fijada al frente y notaba cómo una gota de sudor bajaba por su ceño fruncido hasta la punta de la nariz para después caer al suelo de linóleo.

Resopló cuando el tema Zombie de The Cranberries que sonaba a todo volumen por la barra de sonido se interrumpía de golpe y daba paso a una cuenta atrás «cinco, cuatro, tres, dos, uno.

Enhorabuena. Has completado con éxito los ejercicios de hoy».

Rebecka Pennino continuó diez segundos más colgada antes de soltar la barra, después se dejó caer en el sofá y detuvo la aplicación del móvil que había dejado sobre el reposabrazos. Se sobresaltó cuando este comenzó a vibrar entre sus manos.

Era Kilyan.

—Dime, Kil —contestó mientras se descalzaba y se quitaba las mallas con la mano que le quedaba libre.

—Tenemos dos cadáveres en una nave industrial de la calle Jefferson. Se encuentra detrás de una tienda de bebidas.

—Sé cuál es. Te veo allí.

—De acuerdo, yo llegaré en diez minutos. Voy echando un vistazo.

—Vale.

Rebecka cortó la llamada, se terminó de quitar las mallas, el top y las bragas y se fue a dar una ducha.