Sombra carmesí (Sombra carmesí 1) 34 #2
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—Resulta que solo había que aderezarlo un poco.

— O mucho , reconoció para sus adentros.

Estaba tan sorprendida como los demás de que hubieran ganado esa noche, y su sonrisa se ensanchó cuando dijo—: Darik me va a odiar por no tener excusas para encerrarme en la Críptula.

—Al fin y al cabo, había salvado a los niños y a la ciudad, y estaba segura de que eso la ayudaría a ganarse el respeto del duro capitán de la Nox—.

¿Dónde está, por cierto? Pensaba que querríais interrogarme los dos juntos.

Meera observó a Viri con el ceño fruncido.

— No lo he visto...

—Estoy aquí —espetó Darik en cuanto apareció alisándose el uniforme.

Al contrario que Viri y Meera, por su aspecto, parecía que no había movido ni un solo dedo durante toda la batalla.

Su atuendo estaba tan impecable como siempre, incluyendo botas y guantes, y los botones y las hebillas perfectamente pulidas.

Ni siquiera se le había movido un pelo de su melena entrecana y Viri, al compararse con él, se dio cuenta del aspecto tan desaliñado que tenía, con la sangre que le llegaba a las cejas.

—Parece que tienes algo que contarnos, Solace —dijo Darik observando a los niños apiñados.

Soren y Jessy seguían abrazados en el suelo, justo delante de los demás—.

Es más que evidente que tenemos mucho de qué hablar.

—Se calló un segundo y, después, añadió—: Mañana nos reuniremos a primera hora para tratar el tema.

—¿Mañana? —repitió Viri sorprendida. No sabía qué iba a pasar, pero eso no se lo había visto venir.

Darik no hizo mención alguna al hecho de que Viri sacara a Reeve de la Críptula ni al momento en el que atacaron al capitán para conseguirlo, y tampoco dijo ni una palabra sobre su posterior entrada a la Cumbre antes de desaparecer durante días sin dejar rastro.

— Vete a casa, Viri —le dijo Meera en tono amable, aunque sus ojos color jade reflejaron la gracia que le hizo la reacción de sorpresa de Viri—. Descansa un poco. Nosotros nos encargaremos de los niños y de todo lo demás. Déjalo en nuestras manos.

—Pero... —La cazadora se calló de forma repentina.

No sabía por qué quería insistir en lo contrario cuando solo con escuchar la palabra «descansa» sintió que se tambaleaba por todo el agotamiento acumulado, como si la adrenalina fuera lo único que la hubiera ayudado a mantenerse en pie y se hubiera disipado ahora que estaban fuera de peligro.

— No te preocupes. Tenemos que hacerte muchas preguntas —añadió, aunque esta vez su voz sonó un tanto cortante—, pero también queremos conservar nuestros trabajos. Sarielle ha estado tan angustiada que podríamos perder nuestros cargos si no te dejamos el resto de la noche libre.

Meera señaló con la barbilla hacia el estrado. Justo delante, estaban Wynter y su madre, sumidas en la que parecía una conversación bastante acalorada, y, justo detrás, el flamorni seguía ardiendo sin parar, aunque el resto de las llamas se hubieran extinguido.

Viri se debatió entre acurrucarse en el suelo con Soren y Jessalyn, ayudar a Meera y a Darik a llevar a los niños a sus casas, encontrar a Reeve o apoyar a su mejor amiga.

Al final, se decantó por la última opción, de modo que se agachó para despedirse de Soren y le dijo en voz baja que se verían más tarde en el laboratorio de Wynter con los demás, pero Viri entendería perfectamente si no quisiera dejar sola a su hermana.

Aun así, Soren le respondió con un escueto «Gracias», pero ella sabía que no era por la información que acababa de darle; esas siete letras estaban cargadas de tanto significado que tuvo que parpadear varias veces para contener las lágrimas.

Tras darle un beso en la mejilla a su amigo y otro a Jessy, Viri se puso de pie y avanzó en dirección a Wynter, pero se detuvo al escuchar la voz grave de Darik.

—Nos vemos mañana, Solace —le recordó el capitán de la Nox, aunque fuera del todo innecesario—. Espero que estés preparada para el interrogatorio que te espera, porque no va a ser breve.

Viri estuvo a punto de poner los ojos en blanco y soltar un largo suspiro, pero se aguantó y decidió ignorar el rostro serio de Darik y quedarse con la cara de orgullo de Meera. Entonces fingió un tono emocionado cuando le respondió:

—Suena bien. Me muero de ganas.

Antes de que Darik pudiera decir algo o cambiar de idea y pedirle respuestas en el momento, Viri se dio la vuelta y se alejó dando ligeros traspiés conforme el cansancio se apoderaba de ella.

No obstante, su noche aún no había terminado, de modo que se armó de la poca fuerza que le quedaba, a pesar de tener el cuerpo dolorido, y reprimió un inminente bostezo cuando avanzó hacia el estrado.

—¡Viri! —gritó Wynter al verla acercarse. Salió corriendo en dirección a su amiga y la estrechó entre sus brazos—. ¡Gracias a los Sabios que estás bien!

—Has estado impresionante, Wyn —exclamó en cuanto se soltaron—. Os vi a Jonas y a ti usando tus inventos de alqui...

Wynter se aclaró la garganta y Viri se calló de inmediato al acordarse de lo que le había dicho el Gran Segador: que Sarielle había descubierto que su hija estaba haciendo experimentos con magia prohibida.

—¿Estás en un lío? —preguntó Viri de inmediato.

—No te preocupes por eso ahora —respondió, aunque el tono sombrío de su voz le dijo que las cosas se iban a poner feas cuando volvieran a su apartamento—. Hay una cosa que hemos averiguado Jonas y yo de los cometas que tienes que saber. Pero no de Aurora, sino de Orión.

Viri se quedó rígida al acordarse del segundo cometa.

—¿Sabes cuándo aparecerá?

—No, todavía no. Pero aún tenemos tiempo.

Viri se calmó un poco y dijo:

—Entonces, puede esperar hasta que haya dormido unas cincuenta horas, más o menos.

—Pero esto tengo que contártelo —insistió—. Es sobre uno de los elementos que hacen falta para el sacrificio, el ellixen abyssus . Lo he traducido mal...

—Viri, querida, estaba muy preocupada —interrumpió Sarielle en cuanto se acercó y envolvió a Viri con los brazos, que no paraban de temblarle—. Creo que esta noche he perdido diez años de vida.

—Ya somos dos —contestó la chica, devolviéndole el abrazo a su tutora; era la primera vez que se sentía a salvo en días. Entonces se apartó un poco de Sarielle y le preguntó—: ¿Estabas aquí durante la batalla?

—¿Yo? Por todos los Sabios, no. Mi etapa de cazadora terminó hace mucho —exclamó negando con la cabeza. Sus ojos azules se entrecerraron al mirar a su hija—. Sé cuál es mi lugar. Y no es en una batalla contra decenas de segadores.

Wynter clavó la mirada en el suelo y se sonrojó.

Por el momento, Sarielle no regañó más a su hija, sino que les ofreció las manos a ella y a Viri y dijo:

—Vámonos. Aquí no podemos hacer nada más. Tengo que llevar a mis chicas a casa.

—Dadme un minuto —exclamó Viri, que volvió a mirar a su alrededor para buscar a Reeve. No pensaba irse de allí sin ver con sus propios ojos que había salido ileso de la pelea y que no se lo llevaban de vuelta a la Críptula—. Tengo que hablar con alguien.

Sarielle parecía estar a punto de quejarse y Wynter tuvo que morderse la lengua para no contarle lo que habían averiguado Jonas y ella de Orión, pero Viri se dio la vuelta y se alejó de ellas tras decidir que ambas podían esperar.

Cada vez tenía menos energía y necesitaba lo poco que le quedaba para asegurarse de que Reeve se marchaba de la catedral sin que lo atraparan.

Pero no logró dar con él, ni siquiera después de recorrer la amplia sala.

Volvió a examinar cada rincón con la mirada y se percató de que había muchos rostros familiares entre sus compañeros cazadores y los guardias de la Custodia Nox; algunos estaban vigilando a los segadores apresados, otros buscaban supervivientes entre los escombros y un tercer grupo sacaba cuerpos de la catedral.

Se le revolvió el estómago con la imagen y se percató de la enorme cantidad de gente que había muerto entre guardias, cazadores y segadores.

Y, aun así, no localizó a Reeve. Hasta que notó en su interior un extraño pero cariñoso tirón que la obligó a salir por la puerta principal, algo muy parecido a lo que había sentido cuando Reeve atrajo su magia esa misma noche.

Viri se dejó llevar por su instinto, salió a la fría noche bañada por la luz de la luna y se alejó de las puertas de hierro de la catedral.

Por fin, vio al chico apoyado contra un árbol que había junto a unas lápidas blancas; su melena negra como la noche estaba perfectamente alborotada y sus ojos plateados brillaron cuando la vieron acercarse.

—¿Por qué has tardado tanto? —exclamó Reeve con una mirada burlona al repetir la misma frase que le había dicho Viri antes.

—He parado a por algo de picar —respondió Viri ocultando una sonrisa.

—Ah, era importante, entonces —dijo Reeve frunciendo los labios.

—Eso parece.

Él se apartó del árbol y la miró con seriedad.

—Hoy me has dado un susto de muerte. Cuando vi que no te habías reunido con nosotros, cuando me di cuenta de que el Gran Segador podía haberte atrapado...

Viri lo calló dando un paso hacia él y rodeándolo con sus brazos.

—Estoy bien —murmuró—. Me has encontrado.

—Siempre te encontraré —susurró Reeve con la voz áspera acercándola más hacia su cuerpo—. Siempre.

A Viri le dio un vuelco el corazón al escuchar su promesa y, después, balbuceó algo cuando Reeve presionó los labios contra su sien. Sin embargo, no fue más allá, sino que se apartó y la miró de la cabeza a los pies.

—¿Puedo? —preguntó Reeve levantando una mano.

No sabía a qué se refería, pero asintió igualmente. Y lo entendió todo cuando Reeve apoyó la palma de la mano en su pecho y lo inundó con su magia. Además de sus heridas, todos los dolores y las molestias que sentía se desvanecieron.

Tras lanzarle una mirada de agradecimiento, Viri estiró el brazo hasta que quedó debajo de un rayo de luna y contempló su piel lisa y curada.

—Buen truco.

—La verdad es que sí, aunque es una pena que solo funcione en los demás —dijo Reeve señalándose los cortes superficiales que cubrían su piel—.

Y hablando de trucos... —El tono de su voz cambió—.

Tengo que reconocer que lo que hiciste antes con tu magia fue impresionante, tanto destruir las tutelas de la catedral como proteger a Jessalyn.

Viri dejó escapar un largo suspiro.

—Ha sido suerte. No tenía ni idea de lo que estaba haciendo.

—Con suerte o no, la has salvado. A ella y a todos los demás.

—Ha sido trabajo en equipo. Si no hubieras estado con los demás esperándome fuera, esta noche habría acabado de forma muy distinta.

—Dales las gracias a tus amigos —respondió—.

Jonas y Wynter encontraron una extraña referencia sobre el lugar en el que se llevaron a cabo unos antiguos sacrificios del cometa Aurora.

—Señaló la catedral que había a sus espaldas—.

Y Soren, Sage y Ardin descubrieron que las tutelas de la catedral impedían saber lo que estaba pasando dentro.

Lo malo es que, cuando llegamos, las habían reforzado para que no pudiera entrar nadie.

—Clavó sus ojos en los de Vir i—. Y, cuando las destruiste, tu voz resonó en mi cabeza, como si estuvieras susurrándome al oído. ¿Cómo lo hiciste?

Viri se balanceó sobre sus pies; no quería reconocer que su magia parecía sentirse atraída por la de él. Si Reeve se enteraba, no la dejaría tranquila.

—Dímelo tú, que eres el mago.

Reeve la observó con detenimiento, como si supiera que no estaba siendo del todo sincera con él, pero, por suerte, no le insistió.

—Pasara como pasara, esta noche lo has hecho genial.

Viri se quedó sin aliento al percatarse de la repentina ternura que invadió el rostro de Reeve.

—Tú tampoco has estado nada mal.

—¿Nada mal? —La boca del chico se curvó hacia arriba—. Viniendo de ti, me lo tomaré como un halago. La próxima vez dirás que...

Pero nunca supo lo que Reeve pensaba que diría, porque, de pronto, vio algo por encima del hombro de Viri que le llamó la atención, y sus ojos se abrieron como platos, alarmados y aterrados.

—No... Espera... —gritó Reeve estirando un brazo.

Pero ya era demasiado tarde, porque una ráfaga de élixen le dio de lleno a Viri y, después...

Todo se sumió en la oscuridad.