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V iri volvió a despertarse sobresaltada, pero ya no estaba en la cripta subterránea, sino en una enorme sala abovedada en la que el aire era tan frío que, al respirar, su aliento se convirtió en vaho.
Recordó todo lo que había pasado de golpe y una abrumadora sensación de adrenalina la invadió al darse cuenta de que estaba atada a una columna agrietada de mármol; era una de las muchas que había alineadas en los muros arqueados de la inmensa cámara central de la catedral.
Todas las superficies estaban cubiertas de musgo y moho, como si la naturaleza estuviera reclamando lo que le pertenecía.
Las enredaderas trepaban por las columnas y se extendían por todas las grietas del suelo como una marea de serpientes preparadas para atacar.
Mirara donde mirara, Viri veía algo roto o en ruinas: estatuas derrumbadas, bancos partidos por la mitad, cristales hechos añicos, puñados de escombros alrededor de ataúdes blancos manchados.
.. Y todo llevaba a un estrado que era el único lugar por el que no parecía haber pasado el tiempo.
Detrás del estrado, se encontraba la gigantesca figura de un flamorni ancestral, un ave que representaba la muerte y la resurrección, con las alas desplegadas y las plumas de la cola formando un abanico como si fueran llamas.
Era preciosa y aterradora a la vez, y sus pequeños y deslumbrantes ojos parecían mirar hacia una losa de piedra elevada que descansaba sobre el estrado.
Viri ahogó un grito al ver la losa, no solo porque acabara de darse cuenta de cuál era su finalidad, sino por el hecho en sí de poder verla. La luz de la luna se colaba por el destrozado techo de cristal e iluminaba todo lo que había en la descomunal sala.
Una luna clara y brillante.
No , susurró para sus adentros. Se había hecho de noche, y eso quería decir que se estaba quedando sin tiempo.
Al escuchar un sollozo, se giró con tanta rapidez hacia su izquierda que le crujió el cuello, pero el dolor no fue nada en comparación con el miedo que sintió cuando vio a Jessalyn atada a la columna contigua a la suya.
Y, en la siguiente, había otro niño atado, y así por todas y cada una de las columnas de la catedral.
Al igual que Jessy, acababan de empezar a despertar de la magia que los había dejado inconscientes, y sus angustiosos gritos y lamentos resonaron por toda la sala, inundada por el fulgor de la luna.
Viri se preguntó si estarían al tanto del destino que los esperaba esa noche a manos del Gran Segador, pero un calor abrasador la sacó de sus pensamientos y la marca de cazadora la avisó de que se acercaba un segador.
Tardó apenas unos segundos en darse cuenta de que no era uno, sino varios segadores, los que entraron a raudales por un arco y avanzaron por la sala llena de escombros en dirección al estrado.
Uno... Cinco... Quince... Treinta... Viri perdió la cuenta de las capas que aparecieron de forma repentina y se fijó en sus manos desnudas y en las venas negras que desaparecían bajo las mangas de sus trajes; algunos habían robado tanto élixen que las oscuras líneas les llegaban hasta el cuello y trepaban por sus mandíbulas hasta unos ojos carentes de emoción.
Ninguno de ellos se detuvo a mirar a Viri ni a los niños, sino que tenían la vista clavada en las escaleras que llevaban al estrado de piedra y se desplegaron justo delante de él, como si formaran un muro de testigos frente a un altar.
Y se quedaron ahí, esperando.
Viri sentía el corazón retumbándole en los oídos y sus frenéticos latidos sonaban como un reloj que avanzaba demasiado rápido.
Trató de zafarse de lo que la tenía atada, pero, al notar una ligera punzada de élixen, se percató de que no estaba amarrada a la columna con una cuerda, sino con magia .
Si hubiera sido una cuerda, podría haber intentado deshacer el nudo, pero no tenía ni la menor idea de cómo liberarse porque ni siquiera veía las ataduras.
De pronto, escuchó un sollozo y volvió a mirar a Jessalyn, que tenía la cara empapada de lágrimas y que lloraba sin cesar.
—Todo va a salir bien, Jessy —dijo en voz baja—. No pienso dejar que te pase nada.
Sin embargo, no tenía forma de garantizar que cumpliría su promesa, y ambas lo sabían.
—Si... Si no sobrevivo... —empezó a decir Jessalyn.
—Claro que lo harás .
—… dile a Soren que le quiero —balbuceó—. Dile que q-quiero que sea feliz.
Pero Soren jamás sería feliz sin su hermana. Si Jessalyn no sobrevivía, jamás se lo perdonaría. Y tampoco perdonaría a Viri si no hiciera todo lo que estuviera en su mano por salvarla.
—Se lo vas a decir tú en cuanto salgamos de aquí —exclamó en tono firme.
Antes de que Jessalyn pudiera responderle, la interrumpió una voz grave con tono burlón:
—A estas alturas, no sé si me parece admirable o patético que sigas teniendo esperanzas.
Viri sintió una oleada de hielo y fuego cuando el Gran Segador apareció y se abrió paso entre las dos columnas hasta que se detuvo delante de ella y se sentó en el suelo agrietado de mármol.
Odió tener que levantar la cabeza para mirarlo, pero la magia que la tenía atada no le dejó mucho margen de maniobra, así que le resultó imposible ponerse de pie.
—El cometa llegará de un momento a otro y, aun así, ¿sigues creyendo que puedes detenerme? —Dejó escapar una sonora carcajada—. Sabía que eras bastante testaruda, pero esto rebasa los límites de lo ridículo.
Viri trató de luchar contra la magia que la tenía atada, a pesar de que el dolor le atravesaba las muñecas como si unas cuchillas le cortaran la piel. Pero no le importó y siguió intentando soltarse.
—Ni te molestes —espetó el Gran Segador observando su lamentable intento de liberarse—. Ya no puedes hacer nada. —Entonces giró la cabeza encapuchada hacia el estrado, donde sus obedientes segadores lo esperaban.
El hombre soltó un sonido de satisfacción y, después, chasqueó los dedos enguantados, lo que hizo que Viri se estremeciera cuando el élixen inundó todos sus sentidos.
La magia se extendió por toda la sala como si fuera una ráfaga de aire caliente y encendió las velas que había esparcidas entre los escombros hasta bordear la losa de piedra y, tras ella. ..
Jessalyn se quedó sin aliento y los ojos de Viri se abrieron como platos cuando vieron que el flamorni parecía cobrar vida; las llamas crepitaron entre sus plumas y ardieron desde la cabeza y por las alas extendidas hasta acabar en su cola abierta como un abanico.
Ahora era incluso más precioso y aterrador, como si fuera el mismísimo infierno.
—Mucho mejor —murmuró el Gran Segador con agrado—. Quería que la ceremonia de esta noche fuera más bien un espectáculo visual, pero, para mi sorpresa, las sabandijas que tienes por amigos se las han arreglado para averiguar nuestro paradero, así que tendrá que bastar con esto.
Viri ahogó un grito y sintió que la invadió un rayo de esperanza.
—No te emociones tanto —exclamó el Gran Segador con una sonrisa malévola—. Ha sido nada menos que la hija de la magistrada la que la ha informado de dónde estamos.
Ella contuvo la respiración. Si Wynter se lo había dicho a Sarielle, también se lo habría dicho a Meera y a Darik, y seguro que Reeve y Braedan también lo sabían, así como sus amigos. Eso significaba que todavía había una posibilidad de...
—Pero he reforzado las tutelas lo suficiente como para que no puedan atravesar las puertas de la catedral —continuó con tono engreído—. Aunque haya un ejército completo congregado fuera, ninguno de ellos podrá hacer nada para ayudarte.
En cuanto la poca esperanza que tenía se desvaneció de golpe, Viri se dejó caer contra la columna.
El Gran Segador soltó otra risa teñida de maldad y dijo:
—Siento decepcionarte, Viridia. Por si te sirve de consuelo, imagina la sorpresa que se habrá llevado Sarielle Starling al descubrir que su querida hija se ha pasado años estudiando magia prohibida delante de sus narices. —Hizo una mueca—. Hoy en día, la lealtad es algo casi imposible de encontrar.
—Wynter es más leal de lo que lo podrás ser tú en toda tu miserable vida —gruñó Viri—. Y Sarielle la quiere con locura, así que lo entenderá.
Tarde o temprano , añadió Viri mentalmente.
Entonces se preguntó qué habría obligado a Wynter a contarle la verdad a su madre, aunque fuera para poder decirle lo que había descubierto sobre los cometas.
Viri tenía la esperanza de que su amiga estuviera bien y de sobrevivir para poder averiguarlo por sí misma, aunque, con cada segundo que pasaba, parecía más improbable que pudiera cumplir esto último.
—El amor es una mentira en la que solo creen los necios —exclamó el Gran Segador en tono de hastío—. Me da exactamente igual cómo se sienta la magistrada con respecto a su hija; a no ser, claro, que tu amiga pueda interesarme. El poder sí es importante. El amor no.
—Y eso lo dice una persona a la que es más que evidente que no han querido en su vida.
—O, quizás, lo dice una persona a la que han traicionado por amor, y de las formas más despreciables que existen —espetó cortante antes de agitar una mano con desdén—. No pienso hablar más de esto contigo. Ha llegado la hora de que te despidas.
Cuando volvió a chasquear los dedos, apareció un corpulento segador que se acercó a Jessalyn y la obligó a ponerse de pie en cuanto sus ataduras mágicas desaparecieron.
—¡No! —gritó Viri mientras trataba de soltarse—. ¡No!
—Por alguien tendré que empezar. —El Gran Segador se encogió de hombros, sin mostrar sentimiento alguno—. ¿Preferirías que fuera otro niño en lugar de ella?
Sí , pensó, aunque se dio asco a sí misma.
—¡Viri! —gritó Jessalyn, llorando desconsoladamente mientras el segador arrastraba su cuerpo casi sin esfuerzo en dirección al estrado—. ¡Viri! ¡Ayúdame!
— ¡JESSY! —chilló mientras se retorcía en el sitio con todas sus fuerzas, pero no se movió ni un centímetro.