Sombra carmesí (Sombra carmesí 1) 30
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N o era ningún antiguo familiar de Viri el que estuvo en contacto con la nebruma, sino ella . Sus padres eran el marido y la mujer de los que se hablaba en la leyenda, y usaron la magalía de su amigo para que el Guardián la reviviera, lo que significaba que...

—El obelisco —exclamó Viri ahogando un grito—. Por eso reaccionó así. Porque... Porque...

—Porque tu magia es distinta —afirmó Braedan en voz baja—.

La nebruma absorbió hasta la última gota de élixen que albergabas en tu interior, de modo que el Guardián tuvo que otorgarte más y eso te dejó atada a la magia pura de la isla; poderosa, sí, pero también inestable.

—Su rostro se apagó—. Cuando intentaste cederle tu élixen al obelisco, en lugar de absorberlo, hizo todo lo contrario.

Es decir, usó tu magia contra ti y te inundó con la suya propia, que extrajo directamente de las tutelas, y eso fue lo que hizo que estuvieras a punto de consumirte.

Todo se magnificó y tu conexión con el obelisco abrió un flujo imparable de élixen que iba directo a tu interior, pero que también salía de ti.

Eso fue lo que... —Se le quebró la voz, pero Viri no necesitaba que terminara la frase.

—Eso fue lo que mató a mamá y a papá —espetó Viri en tono sombrío.

—No fue culpa tuya —dijo al instante al oír el dolor que tiñó las palabras de su hermana. Se acercó más a ella—. Nadie sabía que el obelisco respondería de esa manera. Es un milagro que no te matara a ti también.

—Porque Reeve me salvó. —Viri estaba sorprendida por la conclusión que sacó—. Aun así, morí, ¿verdad? Solo así podría haber roto la conexión entre el obelisco y yo: extrayendo toda mi magia.

Braedan se movió sobre sus pies, aparentemente incómodo.

—No te enfades con él.

—¿Enfadarme? —repitió en tono de incredulidad—. Me salvó la vida. Lo que no entiendo es cómo lo hizo.

—Yo tampoco llego a entenderlo del todo —reconoció Braedan, aunque no fue capaz de mirarla a los ojos—.

Todas mis teorías acaban en el mismo punto: que posees una magia tan extraña que las normas comunes de cómo extraer élixen no aplican contigo.

—Viri abrió la boca para preguntarle a qué se refería, pero se distrajo cuando Braedan le agarró la punta de la trenza y le dijo—: Antes de tu primera magalía, cuando eras un bebé, no tenías estos mechones plateados.

El poco pelo que había empezado a crecerte era como el de mamá y como el mío, pero cambió después de lo que hizo el Guardián. Y cuando Reeve te extrajo la magia...

—Sus venas se volvieron plateadas, no negras —susurró—. Y el color se desvaneció mucho más rápido de lo normal. —Como si la magia se negara a que otra persona la reclamara y hubiera abandonado su cuerpo casi al instante.

—Como te he dicho, creo que podría estar relacionado con la peculiaridad de tu magia. Y por eso creo que él tampoco siente esa misma ansia de élixen que el resto de los segadores, porque tu magia es muy distinta.

— Era . En pasado. Ya no tengo magia. La entregué toda en la ceremonia de concesión y, aunque no fuera como esperábamos, Reeve absorbió lo que me quedaba.

—Y, aun así, estás aquí. Y eso solo sería posible si tuvieras algo de élixen en tu interior —señaló Braedan—. Además, acabas de reconocer que viste que las venas de Reeve cambiaron de color; algo que solo pueden ver los cazadores, los segadores y los magos.

Viri dio un respingo. Ya sabía que los cazadores y los segadores podían verlas, pero...

—¿Los magos pueden ver las venas de los segadores?

Braedan asintió.

—O cualquier persona con unos niveles similares de élixen, que creo que debe ser tu caso.

—Antes de que pudiera llevarle la contraria, Braedan siguió—: He tenido mucho tiempo para darle mil vueltas a esto y siempre acabo llegando a la misma conclusión: que estás vinculada a la magia de la isla.

Y supongo que aún podrás acceder a ese poder, ya sea de manera consciente o inconsciente.

La magia corre por tus venas y te mantiene con vida, además de impedir que te consumas.

Viri se quedó mirándolo unos segundos.

—Creo que, si pudiera «acceder» a una fuente de magia así, lo sabría.

Su hermano ladeó la cabeza y se quitó una lumiposa que se le había enredado en el pelo.

—Cuando éramos niños, siempre sentiste el élixen con más facilidad que los demás. Tratabas de disimularlo, pero yo me di cuenta. ¿Eso ha cambiado en todo este tiempo?

—No —reconoció a regañadientes—. Sigo siendo bastante sensible al élixen.

De hecho, sentía que ahora era mucho más sensible que antes.

Braedan pareció perturbado por su respuesta.

—Temía que dijeras eso —exclamó tras pasarse una mano por la cara—.

Volviendo a lo de antes, creo que lo que le interesa al Gran Segador es tu magia.

Eso es lo único que tendría sentido. Y, si estoy en lo cierto, si de verdad puedes acceder a la magia pura de la isla.

.. —Viri lo vio estremecerse—. Solo los Sabios sabrán para qué querrá usarla. Y para qué querrá usarte a ti .

Tuvo que reprimir un escalofrío que le recorrió la columna.

Por un momento, deseó que Wynter estuviera allí con ella, pero no solo para reconfortarla.

Su amiga, que supuestamente era una maga y, por lo tanto, podía ver a los segadores , se pondría a investigar más sobre la hipotética magia de Viri.

Si descubrieran para qué la quería el Gran Segador, podrían averiguar cómo evitar que la utilizara.

Eso suponiendo que siguiera con vida cuando hubieran pasado los dos próximos días. Daba igual cuáles fueran las intenciones del Gran Segador si conseguía destruir los obeliscos, ya que cada vez había menos probabilidades de que Viri sobreviviera.

—¿Quién es el Gran Segador? —preguntó.

Aún le costaba aceptar que atesoraba un misterioso poder que le interesaba al Gran Segador.

Ella no era como Reeve, ya que no podía hacer magia con solo agitar la mano.

Su magia solo le había servido para ser más sensible de lo normal al élixen y lo máximo que había conseguido hacer era localizar el cofre protegido en el almacén de la Cumbre.

Y eso no era una habilidad que despertara admiración precisamente.

—No tengo ni idea —respondió Braedan negando con la cabeza—. En estos siete años, no he conocido a nadie que lo haya visto más allá de las sombras que ocultan su rostro. Por lo que sé, hasta podría ser un espectro.

Viri se estremeció al acordarse del que se encontraron Reeve y ella en el bosque, pero, por los recuerdos que tenía del Gran Segador, sabía con seguridad que, al menos, era una persona de carne y hueso.

—Odio todo esto —bramó Braedan de forma repentina cuando se cubrió la cara con las manos—. Odio haberte hecho esto. Odio que estés en peligro por mi culpa. Odio que mamá y papá murieran por mi culpa. Que tú murieras dos veces por mi culpa. Odio que Reeve sufriera...

—Brae, para . —Sintió cómo se le encogió el corazón al ver el sentimiento de culpabilidad que invadió el rostro de su hermano—. ¿De qué estás hablando? Nada de lo que dices fue culpa tuya.

—Te equivocas... Todo es culpa mía —gritó Braedan con lágrimas en los ojos—.

Fuiste gateando hasta la nebruma por culpa mía .

Les prometí a mamá y a papá que iba a vigilarte, pero no lo hice.

Todo lo que pasó a raíz de eso fue porque te fallé.

La magalía, tu magia, la reacción del obelisco, la muerte de mamá y papá, el interés del Gran Segador en ti. .. Todo .

Viri sintió cómo las lágrimas brotaron de sus ojos al ver lo devastado que estaba su hermano. Fue entonces cuando se dio cuenta de lo que había arrastrado durante siete años; o incluso más.

—Brae, escúchame. —Viri le estrechó la mano con fuerza y lo obligó a mirarla a los ojos—. Tenías cuatro años . Ni una sola persona en el mundo te echaría la culpa de no haberte dado cuenta de que me fui gateando.

—Pero yo...

—No —dijo en tono firme—. Tú mismo me has dicho que no debo responsabilizarme por lo que les pasó a mamá y a papá, así que escúchame bien cuando te digo que tú tampoco eres responsable de nada.

Eras tan pequeño que apenas sabías leer, imagínate hacer de niñera.

.. Tienes que dejar de atormentarte y culparte por algo que no te pertenece.

En todo caso... —Viri respiró hondo y, al segundo, retomó la frase—.

En todo caso, la culpa fue de mamá y papá.

No solo por dejar que me vigilaras, sino por saber lo que sabían de mí y, aun así, querer que celebrara la concesión antes de tiempo.

De hecho, hasta el Gran Segador dijo que no deberían haber experimentado con magia que no entendían, y tenía razón. Ambos sabemos que estaba en lo cierto.

Braedan bajó la vista al suelo, como si se negara a aceptar las palabras de su hermana.

—Brae, por favor —murmuró Viri—. Una vez me dijiste que mamá y papá querían que fuera feliz.

¿No crees que habrían querido lo mismo para ti?

Te has pasado los últimos siete años sufriendo sin parar.

Ya es hora de que eso cambie. —La chica apretó sus manos y dijo en tono de súplica—: Si no puedes hacerlo por ti, al menos hazlo por mí.

Él soltó un suspiro ahogado. Y, después, otro. Hasta que volvió a levantar la mirada y, con la voz ronca, dijo:

—Lo intentaré.

—Es lo único que te pido —exclamó dedicándole una ligera pero alentadora sonrisa—. Y estaré aquí para recordártelo siempre que lo necesites porque, esta vez, no pienso olvidarme de nada y no voy a permitir que te vayas de mi lado.

Los ojos de Braedan seguían teñidos de tristeza, pero su mirada se encendió, como si se hubiera quitado un peso de encima y, poco a poco, hubiera empezado a sanar y a recuperar la esperanza. Y esa luz fue a más cuando sus labios se curvaron hacia arriba y dijo:

—Sé que tu intención era tranquilizarme, pero tengo que decir que ha sonado a amenaza.

La sonrisa de Viri se ensanchó.

—Pues quizás debas tomártelo como tal. —Viri le dedicó una mirada penetrante y añadió—: Se acabaron los remordimientos y los sacrificios de mierda. Ya no tengo diez años. Así que, a partir de ahora, lo que venga, lo afrontaremos juntos. ¿De acuerdo?

Braedan dudó un momento, pero, al notar los dedos de Viri apretando su mano, se rindió.

—De acuerdo.

—Genial. Y, ahora, ¿puedo abrazarte sin que ninguno de los dos nos ahoguemos en nuestros llantos?

Sus ojos se iluminaron aún más y Viri entrevió una chispa de picardía que le provocó una punzada de dolor por lo muchísimo que lo había echado de menos y por el tiempo que habían perdido. No obstante, lo importante era que volvían a estar juntos, así que decidió quedarse con eso.

—Puedes abrazarme —respondió Braedan—, pero no prometo no llorar. Los dos sabemos lo dramática que te pones a veces.

Viri arrugó la nariz, pero no se lo negó; se limitó a dejarse caer en los brazos de su hermano por primera vez en siete largos y dolorosos años.

No tenía ninguna duda de que acabaría derramando algunas lágrimas, pero se esforzó por contenerlas y lo abrazó con más fuerza.

Y no lo soltó hasta que, entre jadeos, su hermano hizo una broma sobre que necesitaba respirar.

Esa fue la señal inequívoca de que, tarde o temprano, estaría bien. Ambos lo estarían.

—Hablando de abrazos... —dijo cuando Viri se apartó. Su voz adoptó un sorprendente tono burlón que hizo que ella se sintiera más aliviada aún—. Antes os he visto a Reeve y a ti muy acaramelados. ¿Hay algo que quieras contarme?

El alivio de Viri desapareció y dejó paso a sus mejillas encendidas.

—Pues no, la verdad.

—¿Estás segura? Porque parecía que...

—Parecía que «no te metas donde no te llaman» —espetó Viri en tono cortante.

Braedan empezó a reírse y levantó las manos como si se estuviera rindiendo.

—Está bien, está bien. Pero, la próxima vez, buscad una habitación. No necesito ver cómo mi mejor amigo y mi hermana...

—Ni se te ocurra terminar esa frase —le advirtió, sonrojándose aún más.

Braedan sonrió tanto que se le marcaron los hoyuelos, algo que Viri jamás pensó volver a ver. Entonces suspiró y su aire divertido desapareció cuando dijo:

—Deberíamos ir a buscarlo y elaborar un plan entre los tres. Tal vez no podamos matar al Gran Segador, pero debemos detenerlo de una maldita vez.

Viri no podía estar más de acuerdo con su hermano, pero el castillo era enorme y les llevaría un buen rato encontrar a Reeve. Y ese tiempo podía usarlo para obtener la respuesta a su última pregunta.

—Ve a buscarlo y, después, nos vemos en la torre del Guardián.

Braedan supo de inmediato qué estaba pensando.

—¿Quieres que nos retrasemos un poco...?

—No —respondió—. Ya hemos perdido bastante tiempo. Encuéntralo e id directos hacia allí.

Él asintió.

—No dejes que te convierta en rana —exclamó Braedan recuperando el tono divertido—. Dudo que Reeve quiera besarte si te salen ancas.

Viri se quedó pálida.

—¿Crees que es posible?

Braedan apretó la mandíbula.

—Bueno, supongo que depende de cuánto le gustes...

—No me refiero a eso, sino a lo de la rana —gruñó.

Su hermano soltó una carcajada y le echó el brazo por los hombros para guiarla por el deslumbrante jardín en dirección a la torre de la que había salido corriendo; aunque había sido un rato antes, ella sentía que habían pasado años.

Braedan no le respondió, pero Viri se esforzó por deshacerse de la angustia que la invadió cuando sus caminos se separaron: Brae se fue por donde había ido Reeve y Viri se dedicó a desandar sus propios pasos.

Atravesó las puertas de doble arco y se encaminó en dirección al castillo Nevarnost.

Por una parte, quería detenerse y admirar la decoración azul, plateada y dorada del castillo, pero se dijo a sí misma que podría volver más tarde, después de asegurarse de que todas las personas que le importaban estuvieran a salvo.

Pero, por otra parte, una bastante intensa, se moría de ganas de entrar en una de las muchas salas de aspecto acogedor y tomarse un minuto para procesar todo lo que había descubierto esa noche.

Tenía la mente destruida y el corazón devastado, así que estaba deseando tener un momento de paz para intentar poner en orden sus pensamientos y emociones.

Sin embargo, la llegada del cometa era inminente, por lo que tenía que priorizar eso por encima de todo lo demás.

De modo que enterró sus sentimientos en lo más profundo de su ser y caminó con paso decidido por los pasillos dorados y subió las empinadas escaleras de caracol hasta que llegó a la sala circular en la que se encontraba el Guardián.

Por el motivo que fuera, no le sorprendió que siguiera en el mismo sillón en el que lo había dejado, justo delante de la chimenea de llamas verdes, y con una sonrisa que se dibujó en sus labios en cuanto la vio.

—Bienvenida de nuevo, Viridia —dijo el Guardián—. Te estaba esperando.