Sombra carmesí (Sombra carmesí 1) 29 #3
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Viri se quedó callada y sintió cómo se le partía el corazón al pensar en la situación tan difícil en la que se vio su hermano. Pero el silencio dejó paso al pánico cuando se dio cuenta de lo que eso suponía.

—No voy a decir que no tuve elección, porque la tenía —murmuró Braedan en un tono casi sepulcral—.

Y no te voy a mentir: había una parte de mí que se sentía aliviado por tener una excusa para extraer élixen, porque, a esas alturas, el hambre me estaba comiendo a mí por dentro.

A Reeve no le pasó eso; cuando te extrajo la magia, el élixen no le creó la misma adicción que a mí o al resto de los segadores.

Reeve nunca se sintió tentado, ni una vez.

En cambio, yo... —Braedan tragó saliva—.

Cuando el Gran Segador trajo a otro niño y me dijo que, según lo que decidiera, Reeve viviría o moriría, no dudé ni un segundo.

Yo... maté al chico. Y, aunque me odié por ello, reconozco que me sentí bien .

El élixen me hizo más fuerte; dejé de sentir dolor y se me curaron las heridas.

Podía oír mejor, ver a más distancia y moverme más rápido.

Me sentía invencible. —Braedan cerró las manos en puños sobre su regazo—.

Así que, cuando el Gran Segador volvió con otro niño y me amenazó con la vida de Reeve, maté al otro chico. Y al siguiente, y al siguiente.

Viri tuvo que reprimir las arcadas que le dieron y dio gracias porque Braedan no la estuviera mirando en ese momento.

—El poder, la magia ... No puedo describirla con palabras.

—Sus palabras estaban teñidas de anhelo y vergüenza—.

Pero, aun así, no tardé en darme cuenta de que, por muy bien que me hiciera sentir, no podía seguir matando a niños inocentes.

No iba a seguir haciéndolo. La culpabilidad que sentía.

.. La sangre que manchaba mis manos... —exclamó Braedan con la respiración entrecortada—.

Y, en cuanto al élixen, notaba que me estaba cambiando, que iba creando esta.

.. especie de adicción . —Respiró hondo otra vez—.

Me aterraba pensar que, si no paraba entonces, jamás podría hacerlo. Así que se me ocurrió una idea.

Su hermano se enderezó un poco, aunque seguía con la mirada clavaba en el estanque.

—Al haber robado tanta magia, me sentía más fuerte que nunca, así que decidí intentar pillar al Gran Segador por sorpresa.

No era tan ingenuo como para pensar que sería más poderoso que él, pero necesitaba dejarlo fuera de combate el tiempo suficiente para tomar a Reeve y marcharnos.

Sabía que era arriesgado y que te estaría poniendo en peligro, pero también tracé un plan para eso: primero, iría a buscarte y, después, nos esconderíamos en algún lugar en el que el Gran Segador no pudiera encontrarnos.

No era la clase de vida que quería que tuvieras, pero al menos así estarías a salvo, y tanto Reeve como yo seríamos libres.

Lanzó otra piedra, esta vez con más fuerza, por lo que el agua salpicó y asustó a los peces.

—¿Cómo pude ser tan estúpido?

—¿Qué pasó? —murmuró Viri.

—Que era demasiado fácil; eso fue lo que pasó —respondió Braedan en tono amargo—.

Ahora sé que el Gran Segador dejó que lo empujara, dejó que Reeve y yo huyéramos de las mazmorras, dejó que creyera que estábamos a punto de escapar.

Pero, cuando diseñé mi plan, no tuve en cuenta el lugar en el que estábamos ni lo que nos rodeaba.

De pronto, Viri lo entendió todo y no pudo evitar sentirse angustiada.

—La nebruma.

Braedan asintió.

—Por aquel entonces no teníamos los talismanes, así que estábamos atrapados dentro del monte Mort. No teníamos a donde ir. Y ahí fue cuando empezó a empeorar todo.

¿A empeorar? , se preguntó Viri para sus adentros, desconcertada y sin saber qué podía ser peor que todo lo anterior.

—Al parecer, al Gran Segador le hizo gracia que intentáramos escapar, pero también acabó con la poca paciencia que le quedaba —susurró Braedan—.

Me amenazó y me dijo que, si no empezaba a comportarme como era debido, sería como si hubiera incumplido nuestro trato, y eso se traducía en que él podría incumplir su parte también.

Viri tardó unos segundos en entender lo que su hermano quería decirle y, cuando lo hizo, el corazón se le encogió por la nueva oleada de culpabilidad que la atravesó.

—Te dijo que vendría a por mí —susurró.

Braedan asintió otra vez.

—Después de todo lo que había vivido durante esas semanas, no pensaba permitir que sufrieras lo mismo que yo.

Y la vida de Reeve también estaba en juego, así que vuestros destinos dependían por completo de mi decisión.

Así que, por mucho que odiara hacerlo, y por mucho que me odiara a mí mismo por ello, acepté volver a extraer élixen y, esta vez, de forma permanente.

Enterré la culpa, el dolor y la vergüenza en lo más profundo de mi ser y me obligué a no sentir nada salvo el poder.

Era la única forma que tenía de sobrevivir.

—Se quedó callado unos segundos—. Y llegó un momento en el que el élixen me cambió hasta el punto de dejar de interesarme por todo. No me importaba nada. Ni nadie.

Braedan se encogió en el sitio, pero las palabras salieron de inmediato de su boca, como si estuviera deseando terminar de contarlo todo.

—Al demostrar mi compromiso, me sacaron de la celda y me dieron un lujoso lugar en el que vivir.

Pero, para entonces, mis niveles de élixen eran tan altos que ni siquiera me había dado cuenta de que el Gran Segador había dejado de jugar con la vida de Reeve, había dejado de amenazarme con ir a por ti, de modo que me estaba alimentando de otros porque quería, sin más.

Porque lo necesitaba . Me convertí en un adicto de manual y, en ese momento, me di cuenta de que ese era el propósito del Gran Segador: utilizarme como cabeza de turco para los cazadores y los guardias de la Nox.

Me dio el título de Padre Segador y la imponente reputación que conllevaba; todo formaba parte de una estrategia para que los cazadores no supieran de su existencia.

Así que me dejó encerrado en un apartamento con vigilancia y me drogó hasta que perdí la cabeza por el élixen.

Llegados a ese punto, lo único que me importaba era cuándo me darían la siguiente dosis.

Quería colocarme y mantener el subidón. Todo lo demás, me daba igual.

Por fin se giró hacia Viri y la miró con el rostro afligido.

—Y así estuve siete años.

Siete años.

Todo el tiempo que había estado desaparecido.

A la chica se le pusieron los ojos vidriosos, aunque seguía tratando de contener las náuseas.

—Reeve intentó sacarme de allí en muchas, muchas ocasiones —reconoció, volviendo a apartar la mirada—.

El Gran Segador lo liberó cuando ya no lo necesitaba para chantajearme, pero, en lugar de brindarle un apartamento como el mío, lo dejaron en Diaboros a su m erced, como si soltaran un pez en un mar lleno de tiburones.

Me sorprende que fuera capaz de sobrevivir durante todo ese tiempo y estoy seguro de que tuvo que aprender a usar su magia para protegerse, además de entablar amistad con algunos jóvenes segadores que se preocupaban más por compensar sus pecados que por alimentarse de Reeve.

Cuando logró dar conmigo de nuevo, estaba tan fuera de mí que ni siquiera lo reconocí.

Y él hizo todo lo que pudo para hacerme volver a la realidad.

Me dijo que tenía que luchar y me recordó que te prometí que iría a por ti, pero no lo escuché.

Lo único que me importaba entonces era conseguir más élixen.

Braedan se pasó una mano por la cara y, después, puso los hombros rectos.

—Hasta que, hace unos meses, todo cambió cuando Reeve se enteró del plan del Gran Segador de destruir los obeliscos.

Estuvo siete años sobreviviendo en Diaboros y trató de no hacer nada que provocara que el Gran Segador rompiera su acuerdo de mantenerse alejado de ti, pero el cometa Aurora lo cambió todo.

Si se llevaba a cabo el sacrificio y la nebruma invadía la ciudad, tanto tú como todos los ciudadanos acabaríais muertos.

Fue entonces cuando se dio cuenta de que debía hacer algo al respecto, así que sus amigos y él me sacaron de mi apartamento a la fuerza y me ayudaron a superar mi adicción para que pudiéramos trabajar juntos e impedir el desastre inminente.

—Sage, Jonas y Ardin —supuso.

Su hermano asintió.

—Al principio, los odiaba. Me enfadaba, les gritaba y me peleaba con ellos cada dos por tres, y me volví tan violento por el síndrome de abstinencia que tenían que estar vigilándome todo el tiempo para asegurarse de que no me autolesionara.

Aun así, tuvieron mucha paciencia conmigo porque todos pasaron por eso mismo y, al final, acabé pudiendo actuar como ellos y pasé a extraer élixen de otros segadores.

Viri sintió un alivio tremendo cuando supo que las venas negras de su hermano no se debían a que hubiera matado a alguien recientemente, aunque su corazón seguía tratando de aceptar todo lo que había hecho durante los años anteriores.

Sentía que había sido culpa suya; todo lo que Braedan había hecho, cada niño del que había extraído élixen.

.. Le había dicho que tenía las manos manchadas de sangre, pero, en realidad, era Viri quien las tenía manchadas.

No sabía cómo perdonarse por todo ello; ni siquiera sabía si era posible .

Habían sido siete años matando a inocentes por protegerla a ella.

Se había echado a las espaldas la carga por la muerte de todas esas personas, pero acababa de darse cuenta de que esa pesadumbre no le pertenecía a su hermano.

El Gran Segador era el culpable de esas muertes; Braedan lo había hecho porque él lo había obligado, y no le quedó más remedio que convertirse en un monstruo.

Había hecho auténticas atrocidades, eso era innegable, pero lo cierto era que la responsabilidad caía única y exclusivamente sobre su captor.