Sombra carmesí (Sombra carmesí 1) 29 #2
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Viri observó a Braedan un segundo y notó que estaba nervioso a la par que agradecido, pero su atención se desvió por completo cuando Reeve se inclinó hacia delante y le dio un sutil beso en la sien.

Viri contuvo el aliento un instante y, después, sintió un escalofrío que le recorrió todo el cuerpo cuando el chico le murmuró al oído:

—No andaré lejos, por si me necesitas. —Reeve deslizó la mano por el costado de Viri hasta que sus dedos se entrelazaron con los de ella y los apretó con delicadeza—.

Y no sé lo que pasará durante los próximos días, pero nunca me alejaré de ti.

Recuerda esto siempre, Viri: por muy oscuras que sean las sombras, nunca estarás sola. Te lo prometo.

Sus palabras estaban impregnadas de algo que ella no supo identificar, al igual que el extraño gesto que se dibujó en su rostro.

Sin embargo, Reeve adoptó una expresión neutra con tanta rapidez que Viri no llegó a saber qué escondía, pero habría jurado que era una mezcla de inseguridad, miedo e incluso un poco de consternación.

Y, de nuevo, en un segundo, volvió a cambiar y le dedicó una mirada alentadora al empujarla hacia Braedan.

Después, se dio la vuelta y se alejó por el resplandeciente jardín hasta que desapareció al cruzar dos columnas que constituían una de las entradas del castillo.

Cuando Reeve se fue, el silencio que se hizo entre los dos hermanos fue ensordecedor; Viri acabó abrazándose a sí misma, sin saber qué decir.

Braedan había sacrificado siete años de su vida para protegerla y, durante todo este tiempo, ella se había dedicado a perseguirlo, arrastrada por la sed de venganza por algo que él ni siquiera había hecho.

No sabía si dejarse caer en los brazos de su hermano y darle las gracias entre lágrimas o si hacerse un ovillo por la vergüenza que sentía mientras le suplicaba que la perdonara.

Se decantó por algo intermedio, de modo que dejó que salieran todas las palabras que se habían estado cociendo en su interior desde que recuperó la memoria. Pero Viri no era la única que tenía algo que decir, de modo que tanto ella como Braedan dijeron a la vez:

—Lo siento.

Viri se quedó boquiabierta y preguntó:

—¿Por qué lo sientes tú ?

Braedan se pasó una mano por el pelo alborotado. Lo llevaba más largo que cuando era adolescente y lo tenía tan enredado que, cuando se lo peinó hacia atrás, le cayeron algunas ramitas y hojas que, sin duda, se le habrían quedado enganchadas tras la ardua caminata a través de Mistwood.

—Acabaría antes si te dijera por qué no lo siento.

La chica, que seguía estupefacta, negó con la cabeza.

—Soy yo la que ha usado una magalía para olvidar algo de lo que te he estado echando la culpa durante varios años. Tú no tienes que disculparte por nada .

—Me alegro de que pidieras el deseo —exclamó en tono firme. Y, aunque tenía la cara manchada, Viri se percató de que lo decía en serio—. Cuando Reeve me lo contó, solo sentí alivio.

—Pero... Pero hemos perdido siete años. —A Viri le escocían los ojos tanto como la palma de la mano—. Y, durante todo este tiempo, pensé que...

—Sé lo que pensabas. —Los ojos celestes de Braedan la miraron con ternura; se parecía tanto a su padre que le dio un vuelco el corazón—.

Había muchos motivos por los que era mejor que creyeras eso a que recordaras lo que había pasado en realidad.

Te di o la oportunidad de crecer y vivir tu vida sin arrastrar la culpa; y eso es justo lo que quería para ti.

—Pero tú no pudiste hacer lo mismo —bramó, abrazándose a sí misma con más fuerza—. Te han perseguido, despreciado y desprestigiado. Y, además de eso, no quiero ni imaginarme todo por lo que te ha hecho pasar el Gran Segador.

El rostro de Braedan se ensombreció; apartó la mirada de Viri y se detuvo a observar los peces arcoíris.

—Lo cierto es que el Gran Segador me dejó bastante solo a las pocas semanas. —Su voz se volvió más grave—. Ese fue el tiempo que necesité para convertirme en su fiel y obediente Padre Segador.

Braedan se tensó y dejó caer los manos junto a los costados de forma repentina, como si quisiera asegurarse de que las mangas rasgadas le cubrieran los brazos.

Aun así, Viri ya se había fijado en sus venas y, aunque no las hubiera visto, la marca de cazadora no había dejado de quemarle desde que su hermano había aparecido.

Se acercó un poco más a él.

—Tengo... muchas preguntas sobre lo que ocurrió ese día.

Y sobre lo que has estado haciendo desde entonces.

—Se fijó en los brazos de su hermano—. Cuando estábamos en el castillo, Reeve dijo que el título de Padre Segador no había sido más que una distracción, pero.

.. —Se mordió la mejilla y, después, se obligó a decir en voz alta lo que estaba pensando—.

Los dos sabemos que eso no son tatuajes.

Su hermano se puso aún más tenso antes de soltar un profundo suspiro y volver a mirarla a los ojos; el brillo de la luna iluminó su cara de resignación.

—No, no lo son. —Señaló con la cabeza un banco de piedra que había al otro lado del estanque—. Es una larga historia, así que será mejor que nos sentemos.

Viri lo acompañó por la orilla del estanque y, cuando llegaron al banco, se detuvo a su lado.

Era lo más cerca que había estado de su hermano en los últimos siete años y, una parte de ella, se moría por abrazarlo, pero lo notó tan tenso que tenía miedo de dar un paso en falso y que saliera corriendo.

No tenía ni idea de lo que iba a contarle, pero era más que evidente que necesitaba espacio, así que se sentó sobre sus manos y esperó a que Braedan estuviera preparado para darle las respuestas que buscaba.

—Debería empezar por el principio, pero... —Braedan hizo una mueca—. Necesito ir poco a poco.

Viri quiso preguntarle por qué, pero decidió morderse la lengua para no interrumpirlo.

—Así que… —agregó en tono distante—. Te contaré lo que pasó cuando me marché.

—Trató de no mirarla a los ojos y volvió a observar los peces arcoíris—.

Las primeras semanas fueron las peores. Cuando nos fuimos del obelisco, el Gran Segador me llevó directo a los suburbios y me instó a extraer élixen otra vez.

Dijo que me merecía disfrutar en condiciones, y no solo de las gotas que extraje de.

.. papá y mamá. —Dudó un instante, pero se recompuso de inmediato—.

No quería matar a un niño inocente, así que me negué, y seguí negándome, sin importarme cuanto se enfadara.

Yo pensaba que nuestro acuerdo consistía en irme con él para que no tuvieras que ir tú.

Pero... —Tensó la mandíbula—. Él ya había dicho que quería que fuera el siguiente Padre Segador, aunque no entró en detalles de lo que eso supondría hasta que utilizó un talismán protector contra la nebruma para llevarme a Diaboros.

Así que, de pronto, me vi en una ciudad desconocida rodeado de segadores.

Pero como seguía negándome a convertirme en uno de ellos, me metieron en un calabozo y dejaron que me pudriera allí.

Aunque le costó, Viri tuvo que echar mano de su fuerza de voluntad para no inclinarse hacia su hermano, de modo que permaneció inmóvil mientras imaginaba la pesadilla que tuvo que vivir Braedan.

—Aunque mamá y papá nos lo contaron todo sobre los segadores —siguió diciendo, aún con la vista clavada en el estanque—, me había olvidado de que, con solo probar el élixen, te provocaba un frenesí del que era casi imposible desprenderse.

Así que, durante todo el tiempo que estuve encerrado, me estaba muriendo de hambre .

Pero no necesitaba comida, porque me daban de comer todos los días, y bastante además, como si estuvieran burlándose de mí.

Estaba hambriento de magia, y el hambre no hizo más que empeorar cuando la poca magia que había robado empezó a extinguirse.

—Braedan se frotó los brazos, como si hubiera recordado que el color había vuelto a la normalidad—.

Aun así, cuando el Gran Segador me llevaba niños para que me alimentara de ellos, dejaba a un lado el ansia y seguía negándome a hacerlo.

Hasta que se le acabó la paciencia y empezó.

.. a torturarme. —Se estremeció y suspiró—.

Fue parecido a lo que te hizo a ti cuando estábamos junto al obelisco, un tipo de magia que no había visto en mi vida.

Podía hacerme daño de muchas formas distintas y, a pesar de todo, no pudo conmigo.

Sabía que Reeve y tú estabais a salvo. Y eso me dio la fuerza que necesitaba para aguantar y soportar todo el dolor que sentía.

Braedan siguió hablando.

—Hasta que un día, unas semanas más tarde, el Gran Segador se presentó en una de nuestras sesiones de torturas diarias y, en lugar de traer a cualquier niño desconocido para extraer su élixen, me trajo a Reeve.

Estaba lleno de mugre y moratones, al igual que yo, y se había pasado semanas torturándolo a él también.

No tenía ni idea de que, durante todo ese tiempo, lo había tenido encerrado allí mismo; ni siquiera sabía que me había seguido.

Fue entonces cuando me contó lo de la magalía y me dijo que le habías suplicado que me encontrara, pero el Gran Segador lo atrapó y lo mantuvo con vida con la única intención de usarlo contra mí.

Braedan seguía sin mirar a Viri, pero, si lo hubiera hecho, habría visto el temor que invadió los ojos de su hermana.

Era incapaz de imaginarse cuánto habrían sufrido al estar sometidos a la despiadada magia del Gran Segador día tras día, durante semanas.

Y, a pesar de ello, tanto su hermano como Reeve, aguantaron por ella .

—¿Qué hizo para utilizarlo contra ti? —preguntó.

Él arrojó una piedra al estanque y sus ondas reflejaron los colores del jardín.

—El Gran Segador dijo que, si no me alimentaba de Reeve, lo mataría.