28 #3
Viri ahogó un grito, se tambaleó hacia atrás y se agarró a Braedan y a Reeve; estos la sujetaron a pesar de que no habían visto lo mismo que ella.
Viri no debería haberlo visto tampoco, pero quizás la magia del obelisco había tenido algún efecto en ella o hubiera cambiado algo en su interior.
Fuera cual fuera el motivo, lo que vieron sus ojos era innegable: unas venas negras que desaparecían bajo la manga del hombre.
—E-eres un segador —Viri tartamudeó y le tembló la voz a causa del pánico. Tenían a un asesino delante de ellos, una persona que no tenía escrúpulos a la hora de matar niños. Una persona que disfrutaba haciéndolo.
—Pero no soy cualquier segador, Viridia Solace. —El hombre pareció estar divirtiéndose con la situación—. Soy el líder de todos los segadores: el Gran Segador. —Su cabeza, oculta entre las sombras, se giró hacia Braedan—. Y no vais a ir a ninguna parte.
Viri notó que le temblaba todo el cuerpo, y tanto su hermano como Reeve estaban igual de asustados que ella.
Y el miedo fue a más cuando el Gran Segador agitó una mano y Viri sintió el cosquilleo del élixen en la piel justo antes de que sus pies se anclaran a la hierba calcinada.
Intentó moverse, pero le resultó imposible, y el hombre también había inmovilizado a Reeve y a Braedan.
—Puedes hacer magia —exclamó Reeve mientras observaba al Gran Segador con incredulidad.
—Eso ha sido un simple truco —respondió el hombre con desprecio. Al bajar las manos, las mangas de su camisa volvieron a ocultar las venas oscuras de sus brazos—. Os sugiero que no me cabreéis si no queréis ver lo que puedo llegar a hacer .
Viri sintió un escalofrío que le recorrió toda la espalda.
El Gran Segador les habló más calmado y su voz sonó casi apacible:
—Bueno, he venido para ofrecerte un trato —dijo, sacudiéndose unas motas invisibles de polvo de la capa—.
Hay algo que necesito de ti y, sea como sea, me lo vas a acabar dando.
El caso es que no lo necesito ahora mismo, sino que quiero asegurarme de que me lo vas a dar cuando llegue el momento oportuno.
Ella intercambió con su hermano una mirada desconcertada. Braedan estaba tan pálido que daba miedo y agarró la mano de Viri con tanta fuerza que casi le dejó los dedos marcados.
—No vamos a darte nada —respondió Braedan, que estaba temblando tanto como Viri.
—No hablaba contigo, Braedan Solace —espetó el Gran Segador. Al segundo, siguió hablando con tono jocoso—. Aunque algo me dice que vas a acabar siendo tú el que se asegure de que recibo lo que quiero.
Braedan se irguió y puso los hombros rectos; jamás se había parecido tanto a su padre, y esa imagen hizo que Viri sintiera una punzada de dolor que le atravesó el pecho.
—No pienso ayudarte.
—Tienes dos opciones —siguió diciendo el Gran Segador, ignorando por completo a Braedan y levantando uno de los dedos enguantados—. Uno: Viridia se viene conmigo y, en unos cuantos de años, cuando me haya ayu dado a cumplir mi objetivo, será libre, siempre y cuando no muera en el in tento.
Viri tuvo que tragarse un sollozo.
—O dos —el Gran Segador se giró hacia Braedan—: la que me interesa es tu hermana, pero, hasta que la necesite, no la quiero para nada.
Tú, en cambio, eres lo bastante mayor como para serme de utilidad.
Así que puedo tomarla como prisionera a ella durante estos años.
.. o puedes ocupar su lugar. Como garantía, por así decirlo.
Ella podrá crecer y vivir su vida y tú..
. —Soltó una risa sombría—. Tú me ayudarás con otro de mis propósitos, pero tendrás la tranquilidad de que tu hermana estará a salvo y será feliz durante los próximos años.
—No —dijo Viri en tono cortante con la intención de que su hermano ni se lo planteara—. Ninguno va a ir contigo.
—Llévame a mí —ofreció Reeve.
—¡NO! —gritaron Viri y Braedan al unísono con la vista clavada en Reeve. Viri hundió las uñas en el antebrazo de su amigo para que no volviera a hacer o decir algo estúpido.
—A ti no te quiero para nada —respondió el Gran Segador con desdén—. Ni siquiera sé quién eres.
—Soy Reeve Ashton —dijo, poniéndose firme—. Y, si quieres llevarte a mis amigos, antes tendrás que vértelas conmigo.
El Gran Segador se quedó quieto y centró toda su atención en Reeve, como si acabara de pillarle por sorpresa que le hablara así. Sin embargo, se deshizo de cualquier pensamiento que le hubiera invadido y repitió:
—He dicho que no te quiero para nada. —Se dirigió hacia Braedan—. Tu hermana o tú. Tú decides quién se viene conmigo.
Viri trató de moverse otra vez, pero seguía atrapada en el sitio.
—Estás loco si de verdad piensas que alguno de nosotros se va a ir contigo —espetó Viri.
El Gran Segador ladeó la cabeza para observarlos.
—Bueno, bueno... Al parecer, alguien necesita una poco de... motivación.
En cuanto el hombre movió uno de los dedos, Viri salió volando hacia atrás y se estrelló contra el suelo.
Aun así, no fue el impacto lo que le arrancó un grito, sino el dolor que recorrió cada centímetro de su piel, como si la picaran mil pirovispas al mismo tiempo.
Era una quemazón distinta a la que había sentido con el obelisco, aunque eso no la hacía menos insoportable, por lo que se retorció y gritó sin poder levantarse de la hierba carbonizada, con la agonía aumentando con cada segundo que pasaba.
—¡PARA! —gritó Braedan.
—¡DÉJALA EN PAZ! —bramó Reeve.
Viri, con los ojos vidriosos, vio cómo su hermano y su amigo trataban de luchar contra las ataduras invisibles, pero era inútil que intentaran enfrentarse a la magia.
—Esto es solo una pequeña muestra de lo que sufrirá cuando sea mi prisionera —dijo el Gran Segador que, al hacer otro movimiento con el dedo, hizo que Viri se retorciera más aún de dolor, hasta provocarle arcadas—.
Cada día encontraré una forma nueva de torturarla.
Sin embargo, si aceptas venir conmigo, Braedan, no te haré daño; al menos no así.
Los segadores te venerarán y te otorgarán el honorable título de Padre Segador.
Y, para cuando necesite a tu hermana, no solo no querrás la libertad, sino que me suplicarás conservar el poder que te otorgue.
—N-n-no —lamentó Viri.
De pronto, el Gran Segador habló en un tono tan bajo que Viri apenas pudo escuchar lo que dijo:
—Después de todo lo que ha pasado hoy, ¿vas a dejar que tu hermana siga pagando por el error que cometiste hace nueve años y medio?
Su destino es inevitable, pero, si haces lo que te pido, tendrá el placer de disfrutar de una vida normal hasta que la necesite para mi cometido.
Así que, o te decides, o me la llevo ahora mismo.
Viri tuvo que reprimir las ganas de vomitar y el escozor que sentía en todo el cuerpo fue como si unas cuchillas estuvieran perforándole todas y cada una de las terminaciones nerviosas.
—N-n-no lo hagas, B-Braed...
No pudo terminar de decir el nombre de su hermano cuando este la interrumpió gritando:
—¡Iré contigo! ¡Deja de hacerle daño!
El Gran Segador agitó la mano en el aire y el intenso dolor de Viri se desvaneció, aunque siguió echa un ovillo en el suelo, sin poder parar de temblar y llorar.
Gritó cuando unas sutiles figuras la tocaron, pero eran Braedan y Reeve, que acababan de librarse de las ataduras mágicas y que se habían agazapado junto a ella.
—N-no puedes ir con él —le suplicó a su hermano temblando sin cesar—. Te n-necesito.
—Y yo necesito que estés a salvo. —Braedan seguía blanco como la nieve, pero la mirada que le dedicó a Viri fue decidida—. Y esta es la única forma de asegurarme de que sea así. No nos queda más remedio.
—L-lucharemos contra él. —Viri miró los cuerpos de sus padres y trató de ver si tenían encima sus dagas o el fílux mágico que compartían cuando salían a cazar, pero no había ningún arma a la vista.
—Tú misma has visto lo que puede hacer con la magia —exclamó Braedan negando con la cabeza—. No pienso arriesgarme a que vuelva a hacerte daño.
—Puedo s-s-soportarlo.
—¿Es que no lo entiendes, Viri? —Braedan se pasó las manos con el pelo castaño rojizo—.
Soy yo el que no puede soportarlo. No puedo verlo otra vez, mucho menos después de lo que ha pasado con el obelisco, después de que tú.
.. —Se calló un segundo y, cuando volvió a hablar, le tembló la voz—.
Mamá y papá están muertos. No puedo perderte a ti también.
Viri notó una nueva avalancha de lágrimas cayendo por sus mejillas al darse cuenta de que su hermano ya había tomado una decisión. Respiró hondo y trató de serenarse antes de seguir rebatiéndole.
—Pero, si lo haces, me vas a perder igualmente . Lo ha dicho... Él mismo ha dicho que será cuestión de años. En ese tiempo pueden pasar mil cosas. ¿Y si no vuelvo a verte nunca más?
Braedan la atrajo hacia sí para abrazarla de rodillas y la estrechó con fuerza entre sus brazos mientras le susurró al oído:
—Viri, te juro que, algún día, volveremos a estar juntos. Voy a averiguar qué quiere de ti y voy a encontrar la manera de detenerlo. En cuanto estés a salvo, volveré a por ti. —La apartó y la miró a los ojos, con los suyos llenos de lágrimas—. ¿Confías en mí?
A Viri le temblaron los labios.
—Siempre, Brae.
—Entonces, confía en que esto es lo que tengo que hacer para protegerte. Ya te fallé una vez y me prometí a mí mismo que eso nunca volvería a ocurrir.
—Tú nunca me has fallado —respondió con el ceño fruncido.
Braedan cerró los ojos.
—Ojalá fuera verdad. De ser así, el día de hoy no habría...
—Pero qué conmovedor... —interrumpió el Gran Segador en tono cantarín—. La verdad es que me gustaría irme antes de que apareciera algún cazador o los guardias de la Nox. Braedan, ha llegado el momento de sellar nuestro irreversible acuerdo.
El chico ayudó a Viri a ponerse de pie con dificultad y la acercó a Reeve, que la rodeó con el brazo para que se apoyara en él.
—¿Qué tengo que hacer? —preguntó Braedan. Aunque su expresión era sombría, su tono fue decidido.