Sombra carmesí (Sombra carmesí 1) 28 #2
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—Estoy aquí, Viri —respondió el chico. El miedo le hizo palidecer, pero la expresión de su rostro cambió cuando tomó la decisión de acercarse más a ella.

—¡No! —gritó Viri, retrocediendo hacia la piedra de obsidiana.

—¿Confías en mí, sombrita? —exclamó Reeve mientras levantaba las manos y las tendía hacia ella—. Creo... Creo que sé cómo ayudarte, pero tienes que confiar en mí.

—Yo...

Viri dejó escapar otro grito contenido que le impidió terminar la frase. Confiaba en Reeve más que en nadie en el mundo, pero el dolor... el dolor...

Era incapaz de articular palabra alguna por la agonía que seguía desgarrándola por dentro, y su sufrimiento fue a más hasta que, de pronto, un destello de luz la cegó; una corriente de élixen que irradiaba su cuerpo, como si fuera el mismísimo sol.

Reeve maldijo en voz alta cuando el élixen lo deslumbró y no esperó a que Viri le dijera nada más. Agarró la mano que ella tenía libre y envolvió su cuello con la palma para quedar piel con piel.

—¿Qué estás haciendo? —bramó Braedan, que había conseguido salir de su estupor y se había acercado a ellos.

Su amigo cerró los ojos para concentrarse.

—Tiene demasiada magia dentro. La matará si no la detengo.

—Eres... Eres... —Braedan se había quedado sin palabras.

—Sí —respondió Reeve entre dientes mientras se enfrentaba con todas sus fuerzas a la magia que estaba abrasando a Viri por dentro.

Sin embargo, cuando quiso darse cuenta, Reeve había dejado de luchar contra el élixen.

Estaba absorbiéndolo.

Robándolo.

Extrayéndolo .

Viri soltó un grito ahogado al sentir cómo empezaba a remitir el calor y, al mismo tiempo, las venas de Reeve empezaban a cambiar de color.

Y, aunque lo estaba viendo con sus propios ojos, nadie que no tuviera la marca de los cazadores podría ver algo así.

Sin embargo, las venas no se tiñeron del negro intenso propio de los segadores, sino que, bajo su piel bronceada, se extendieron unas vetas plateadas que desaparecieron bajo las mangas de su camisa oscura.

Eso fue todo lo que vio Viri justo antes de que las llamas que ardían en su interior volvieran a refulgir con más fuerza, como si el obelisco estuviera furioso al darse cuenta de lo que Reeve estaba haciendo.

Si el chico extraía la magia de Viri, la piedra de obsidiana perdería la conexión con ella y se vería obligada a soltarla.

Pero, siguiendo la misma lógica, si Reeve extraía su élixen, entonces él...

Viri no pudo terminar de hilar los pensamientos cuando el infierno que la estaba calcinando por dentro ardió con violencia. Eso era lo único que sentía, lo que le impedía pensar, hasta el punto de que su cuerpo fue incapaz de seguir soportando el dolor.

Lo último que vio antes de que se le nublara la vista fue el miedo de Braedan y el tesón de Reeve. Ambos gritaron su nombre y le suplicaron que se quedara con ellos.

Pero no podía.

Porque, de pronto, se sumió en la más completa oscuridad.

—¡Podrías haberla matado! ¡La has matado! ¿En qué demonios estabas pensando?

—Tranquilízate, Brae. ¿Ves? Está respirando. Se va a poner bien.

En cuanto Viri se despertó, escuchó las familiares y difusas voces de su hermano y de Reeve.

—Puede que ahora sí que esté respirando, pero hace un minuto no — exclamó Braedan en tono furioso y aterrado.

—Lo que importa es que ya sí —respondió Reeve con firmeza—. Y será mejor que bajes la voz... Ya va a tener bastante que asimilar cuando se despierte, aunque no tiene por qué enterarse de lo que ha pasado.

—¿ Qué ha pasado? —espetó Braedan—. ¿Cómo es posible que esté viva?

Viri sintió unos brazos que la envolvían, y esos brazos la apretaron en señal de protección.

Cuando Reeve respondió, Viri supo que era él quien la tenía abrazada por lo cerca que escuchó su voz.

Sin embargo, volvió a quedarse ligeramente inconsciente antes de poder enterarse de lo que dijo y solo escuchó el murmullo de sus palabras, pero recuperó el conocimiento justo cuando estaba terminando la frase:

—Sabes que moriría antes de permitir que le pasara algo.

Braedan dejó escapar un largo suspiro y su ira se desvaneció al escuchar lo que acababa de decirle Reeve.

—No me puedo creer que lo hayas hecho. Aun así... tengo que darte las gracias. El obelisco ha estado a punto de acabar con ella. Y nuestros... Nuestros padres... —A Braedan se le quebró la voz.

El dolor que sentía su hermano fue lo que hizo que se despertara.

A pesar de que estaba tan asustada como Braedan, logró recuperar la compostura y se quedó sentaba en el regazo de Reeve mientras observaba todo lo que la rodeaba, confundida.

La hierba, que antes estaba bastante crecida, ahora estaba chamuscada, y las rosas angelicales de los setos ya no estaban brillando, sino apagadas, sin vida, al igual que sus padres, que se encontraban a escasos metros de ella.

Fue entonces cuando Viri se dio cuenta de que no se trataba de una pesadilla. Todo había sido real.

Por suerte, el dolor remitió, el fuego interno desapareció y el obelisco ya no la tenía atrapada. La piedra de obsidiana seguía en el centro de la hierba quemada, tan inocente como siempre, como si no hubiera estado a punto de arrebatarle la vida.

Las lágrimas inundaron los ojos de Viri; lágrimas por la impresión, por el miedo, por la angustia.

Sus padres estaban muertos. El obelisco había intentado matarla.

Reeve había infringido la ley y había extraído élixen de ella para salvarle la vida.

Y, si lo que había oído era cierto, estuvo muerta durante unos instantes, aunque hubieran conseguido revivirla.

Era demasiado. Todo lo que había pasado era demasiado para ella. ..

Empezó a sollozar y a temblar con tanta violencia que Reeve la estrechó contra su pecho y los brazos de Braedan los envolvieron a los dos, y los tres lloraron abrazados.

Viri trató de disculparse, pero las palabras le salieron a trompicones entre los desgarradores sollozos; Reeve y su hermano trataron de callarla e insistieron en que no había sido culpa suya, que lo sabían, que lo superarían juntos.

La fuerza con la que la sujetaron impidió que se viniera abajo, así como saber que, aunque tendría que afrontar un futuro sin sus padres, al menos tendría a Braedan y a Reeve.

Siempre había contado con ellos y así seguiría siendo.

—Vaya, vaya, parece que me he perdido el espectáculo.

Una voz aterciopelada y sombría inundó los oídos de Viri e hizo que se le erizara la piel.

Braedan y Reeve se apartaron y se secaron las mejillas al observar la figura encapuchada que acababa de aparecer entre las inertes rosas angelicales.

Viri siguió derramando algunas lágrimas en silencio, pero había conseguido dejar de sollozar, a pesar de que fuera porque se había quedado sin energía.

Estaba agotada y aletargada. Y, aunque prefería eso a la pena que la invadió poco antes, sabía que, en algún momento, el dolor volvería a apoderarse de ella.

—¿Quién...? ¿Quién eres? —exclamó Braedan, que acababa de ponerse de pie y le tendió una mano a Viri para ayudarla a levantarse.

Sin embargo, no la soltó, sino que sus dedos la agarraron con fuerza justo cuando Reeve se levantó al otro lado de Viri y se acercó a ella hasta que sus hombros se rozaron.

—¿Puedes a-ayudarnos? —le preguntó Viri al recién llegado, aunque la voz le tembló por el llanto—. Nuestros p-padres... El o-obelisco...

Hipó, pero, después, se esforzó por contenerlo.

La figura encapuchada dejó escapar un sonido de desaprobación. Su voz era grave y masculina, pero mantuvo sus rasgos ocultos bajo la capucha de la capa, que dibujaba unas peculiares sombras que le tapaban el rostro.

—Qué tragedia... Perder a unos padres siendo tan jóvenes... —El hombre chasqueó la lengua—. Sin embargo, ellos sabían de sobra que no debían experimentar con esta clase de magia. Lo que ha pasado hoy ha sido obra suya, y en más aspectos de los que os imagináis.

Al escuchar esas palabras, Viri sintió como si le hubieran dado una patada en el estómago, incluso cuando el dolor dejó paso a la confusión.

—¿A qué te refieres? —exclamó Viri con la voz ronca. En ese momento, notó los dedos de Braedan apretando su mano, mientras que Reeve temblaba por la rabia contenida a su lado—. ¿De qué magia estás hablando?

—Hace nueve años y medio, tus padres tomaron una decisión.

—La figura se acercó más a ellos; su cuerpo seguía oculto bajo la voluminosa capa oscura y las sombras parecían moverse al compás de cada uno de sus pasos.

Ni siquiera se le veían las manos, escondidas tras unos guantes negros que le cubrían cada centímetro de piel—.

Hicieron algo que no deberían haber hecho, tomaron algo que no les pertenecía y despertaron una magia que debería haber permanecido intacta.

Sus acciones tendrían consecuencias y hoy han pagado el precio por sus actos de la forma más absurda posible.

Reeve gruñó por lo bajo, pero Braedan se pronunció antes de que pudiera soltar lo que estaba a punto de decirle al hombre, empujado por la ira.

—¡Cómo te atreves! —bramó Braedan con los ojos hinchados de llorar—.

Nuestros padres acaban de morir, ¿y tú te pones a insultarlos?

—Se giró hacia Viri y Reeve—. Ignorad a este idiota.

Tenemos que irnos y avisar a la Nox. Tenemos que.

.. —Se le quebró la voz—. Tenemos que averiguar qué hacemos ahora.

Antes de que pudiera dar un solo paso, el hombre levantó la mano y se puso a juguetear con uno de los guantes conforme el filo de la capa se deslizaba por su antebrazo y dejaba a la vista un trozo de piel pálida.

Pero eso no fue lo único que desveló.