Sombra carmesí (Sombra carmesí 1) 25 #3
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Reeve era todo eso y, aunque fuera muchas cosas más, Viri no podía permitirse el lujo de obviarlo.

Aunque solo hubiera extraído élixen en una ocasión, no se había mostrado arrepentido por lo que hizo en el pasado.

Había matado a una chica y, al reconocerlo, no mostró el más mínimo remordimiento por su muerte.

Y Viri no podía ignorar ese hecho, por mucho que su corazón deseara que lo hiciera.

Así que reunió todo el amor propio que tenía, enterró sus sentimientos en lo más profundo de su ser y se aclaró la garganta para responder:

—Solo uno de nosotros sabe usar la magia, así que perdóname por no haber caído antes en hacer pruebas con un mapa antiguo y con un sendal que se mueve .

Reeve frunció los labios ante la actitud de Viri, completamente ajeno a todo lo que acababa de pasar por la mente de la cazadora, incluyendo su determinación a reprimir todo lo que sintiera por él.

—Al menos no tenemos que recorrer el camino de vuelta por Mistwood cuando hayamos terminado con el Guardián —dijo Reeve observando el mapa con atención—.

No me sorprende que el marido consiguiera reclamar su magalía.

Por no hablar de que la mujer no tuvo problemas para volver a por su deseo y, por último, que ambos regresaran una tercera vez con su bebé moribundo. Ahora todo tiene mucho más sentido.

Dijo la última frase casi en un susurro, con la mirada un poco perdida, pero Viri se quedó en la parte donde mencionó al Guardián y sintió cómo se le hizo un nudo en el pecho al darse cuenta de que estaban a punto de descubrir si la leyenda que había escuchado durante toda su infancia era real o no.

Si el Guardián de Isla Elverdine existía de verdad, si estaba al otro lado del sendal. ..

Un repentino sentimiento de incertidumbre se apoderó de Viri.

—¿Y ahora cuál es el plan?

Reeve se deshizo de todos los pensamientos que habían invadido su mente.

—El mismo que teníamos hasta ahora: llegar al Guardián antes que Braedan e impedir que le concedan su magalía.

—Cierto. —Viri asintió con decisión—. Le detenemos para evitar que destruya los obeliscos.

En el rostro de Reeve se dibujó una repentina expresión que ella no pudo identificar, pero se le borró de inmediato.

—Y que condene a toda la ciudad, sí.

—¿Qué pasa si llegamos tarde? —preguntó preocupada.

—Si es así, lo sabremos.

—¿Cómo? Llevamos horas aquí en el bosque. ¿Qué pasa si Braedan ha llegado al castillo mientras nosotros...?

—Viri —exclamó en tono brusco colocándole las manos sobre los hombros—. Respira. Todo va a salir bien.

Viri le sostuvo la mirada y, aunque le tembló la voz, le preguntó:

—¿Cómo lo sabes?

Reeve apretó sus hombros ligeramente para tranquilizarla.

—Porque vamos a asegurarnos de que así sea.

La infranqueable seguridad de Reeve calló todos los miedos de Viri.

La idea de viajar a ciegas a través del sendal y confiar en que los llevara hasta el Guardián seguía resultándole abrumadora, al igual que tener que convencerlo de que rechazara a su hermano si este llegaba al castillo por su cuenta.

Sin embargo, la confianza que desprendía Reeve era la motivación que Viri necesitaba para afrontar lo que estuviera esperándolos; también la ayudó que el segador le recordara que estaban dispuestos a hacer todo lo que estuviera en sus manos por cumplir con su cometido.

Y era así porque, si fracasaban, todos cuantos conocían acabarían muertos.

—Vamos, sombrita —exclamó mirando a Viri con aprobación mientras la cazadora enderezaba la espalda en señal de que estaba preparada—. Vamos a acabar lo que hemos empezado.

Viri respiró hondo para armarse de valor y avanzó hacia al sendal con Reeve; con cada paso que dio, sus latidos se multiplicaron a causa del nerviosismo que le provocaba no saber qué se iban a encontrar al otro lado del portal.

Si se hubiera tomado un momento para reflexionarlo, habría pensado que podrían aparecer cerca de una torre independiente o de una fortaleza o, tal vez, que llegarían a la linde del bosque Mistwood que desembocaba en un antiguo castillo.

También podría haber pensado que tendrían que buscar al Guardián en su amplia morada y solo los Sabios sabían cuánto podrían tardar en encontrarlo.

Lo que jamás se hubiera imaginado era que el sendal les conduciría al castillo Nevarnost, al centro de una enorme cámara circular iluminada por una luz cálida que le recordó al laboratorio de Wynter y con unas pareces cubiertas de estanterías repletas de libros, pociones y objetos mágicos, coronada por un abovedado techo de cristal que les ofrecía la imagen de un cielo nocturno lleno de estrellas.

Viri tampoco se habría imaginado que, a tan solo unos pasos del sendal, habría un hombre de mediana edad que debía de ser el Guardián.

Tenía unos brillantes ojos azules y el cabello oscuro salpicado de canas; era alto, llevaba unas túnicas moradas de lo más atípicas y su hermoso rostro les dedicó una sonrisa de serenidad, como si quisiera transmitirles que los estaba esperando.

Pero lo que Viri no se habría imaginado en la vida , aunque debería haber contemplado la posibilidad, era que el Guardián no estaría solo. Fue entonces cuando sintió una repentina quemazón en la palma de la mano cuando su marca de cazadora se encendió.

Porque, justo al lado del Guardián, estaba el Padre Segador.