Sombra carmesí (Sombra carmesí 1) 24 #2
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Viri lo llamó porque no tenía ni idea de lo que acababa de pasar y el chico salió a la superficie chapoteando, tosiendo y maldiciendo en voz alta.

— ¿Qué demonios ha sido...?

Antes de que pudiera acabar la frase, volvió a desaparecer bajo el agua, como si algo tirara de él hacia abajo. Viri notó el corazón retumbándole en los oídos cuando barrió las profundidades con la mirada, pero el resplandor azul apenas iluminaba la superficie.

—¡REEVE! —gritó Viri, desenvainando una de sus dagas—. ¡REEVE!

Justo cuando entrevió un destello bajo el agua y sintió el cosquilleo del élixen, se dio cuenta de que Reeve estaba luchando contra lo que fuera que lo hubiera hundido en el agua.

El segador reapareció al instante, pero, esta vez, cuando salió a la superficie, no estaba solo.

Algo lo envolvía, una especie de tentáculo negro que lo sacó del a gua y lo alzó en el aire. ..

Y, entonces, lo lanzó contra las rocas y su cuerpo emitió un escalofriante crujido .

A Viri se le revolvió el estómago al escucharlo y, después, la invadió una oleada de náuseas cuando se fijó en el hombro de Reeve, que estaba doblado en un ángulo antinatural, y en la sangre que empezó a brotar de su sien; sus ojos reflejaban lo aturdido y mareado que estaba por el fuerte golpe que se había dado en la cabeza.

Eso fue todo lo que vio antes de que el tentáculo volviera a levantarlo, pero, ahora, del agua asomó una parte del cuerpo de la criatura; un monstruo negro con unos incandescentes ojos naranjas y tantos tentáculos que era imposible contarlos todos.

«Cuidado con el bosque. Cuidado con la roca. Cuidado con la bestia. Que afrontó su derrota». A Viri se le vinieron a la mente los últimos versos que cantó el espectro. «Cuidado con el lago. Su espacio sagrado. Cuidado al descender... O jamás serás salvado».

Entendió entonces la advertencia del espectro: la caída desde el templo de piedra hacia el lago. Ese era el motivo por el que el espectro había dejado de perseguirlos, lo que se ocultaba tras la grotesca sonrisa que les dedicó antes de desaparecer.

El pánico se apoderó de Viri al ver cómo el monstruo del lago volvía a hundir a Reeve en el agua, pero, esta vez, el tentáculo estaba rodeando sus brazos, de modo que no tenía forma de sacar sus armas.

Aun así, aunque pudiera alcanzarlas, no habría podido usarlas porque apenas estaba consciente tras el golpe que le había dado contra las rocas como si fuera una muñeca de trapo.

La única que podía luchar porque Reeve sobreviviera era ella; por él y por sí misma.

La vida del chico pendía de un hilo, así que Viri, sin pararse a pensar, se sacó un frasco de vigoricitrus de la capa y se tomó la poción cítrica.

Sintió como si una descarga recorriera todas las terminaciones nerviosas conforme la adrenalina se fue extendiendo por su cuerpo; cuando la bestia apareció de nuevo un instante después, Viri se alarmó al ver el cuerpo inerte de Reeve, pero no dudó ni un segundo.

Tenía una daga en la mano derecha, así que desenvainó la segunda y última daga que llevaba, ya que la tercera se la había arrojado al espectro.

Saltó de la roca gritando hasta que le ardieron los pulmones y ni se inmutó al caer a las aguas gélidas gracias a la potente poción de Wynter.

Tuvo buena puntería y consiguió aterrizar sobre uno de los viscosos tentáculos del monstruo y, en un abrir y cerrar de ojos, lo apuñaló con las dos dagas a la vez.

Viri observó la correosa herida abierta y, de pronto, empezó a brotar una grasienta sangre negra que hizo que le escocieran las manos cuando la salpicó.

Sin embargo, lo que le puso la piel de gallina fue el infame chillido que emitió la bestia.

Antes estaba enfadada.

Pero, ahora, estaba furiosa .

Fue entonces cuando Viri se aferró con todas sus fuerzas al tentáculo mientras este se retorcía y se sacudía sin parar, lanzándola por los aires y sumergiéndola bajo el agua una y otra vez, y otra y otra .

Al momento, apareció un segundo tentáculo que intentó darle un golpe para que se soltara y un tercero trató de envolverla, como el que tenía atrapado a Reeve, pero siguió apuñalando a la bestia con violencia porque sabía que, si se daba por vencida, ni ella ni Reeve saldrían con vida de la caverna.

— ¡REEVE! —gritó cuando vio aparecer el cuerpo del segador fuera del agua.

Al escucharla, los párpados de Reeve se movieron, por lo que supo que seguía vivo y que estaba haciendo todo lo posible por no perder el conocimiento.

Algo en la voz de la cazadora hizo que el segador lanzara un torrente de élixen, pero, en lugar de usarlo para liberarse del agarre de la bestia, apuntó a un tentáculo que iba directo hacia Viri.

El monstruo aulló de dolor y, al segundo, Reeve abrió la boca como si le faltara el aire cuando la criatura estrechó su cuerpo sin piedad alguna.

Después, se le pusieron los ojos en blanco y el tentáculo que lo agarraba volvió a hundirlo bajo el agua.

Sin embargo, esta vez, no volvió a salir a la superficie.

— ¡NO! —chilló Viri.

Tenía que hacer algo si no quería que Reeve se ahogara.

Dejó escapar un gruñido por el esfuerzo y se arrastró por el tentáculo a horcajadas, agarrándose con los muslos y luchando contra el resto de las extremidades del monstruo con sus dagas, que no d ejaban de sumergirla en el lago una y otra vez para librarse de ella.

Pero no pensaba soltarse; no podía soltarse.

Seguía sin ver el tentáculo que tenía a Reeve y, si estaba inconsciente debajo del agua. ..

El miedo amenazó con apoderarse de Viri, pero logró dejarlo a un lado y se abrió paso a través de todo lo que trataba de detenerla, a pesar del escozor de la sangre negra que se adhería a su piel.

Siguió avanzando por el tentáculo hasta que, por fin, llegó a la parte que estaba unida al cuerpo de la gigantesca criatura.

Sus dagas eran demasiado pequeñas como para hacerle daño; era como apuñalar a un dragón con un alfiler.

Aun así, envainó una de sus armas y desenrolló el fílux, a pesar de que sabía que solo tendría una oportunidad y estaba segura de que cualquiera pensaría que estaba loca por tan siquiera intentarlo.

Sin embargo, ese no era momento para dudar de sí misma, de modo que, cuando vio que se acercaba otro tentáculo hacia ella, en lugar de clavarle el puñal, lo envolvió con su látigo dorado.

Tal y como había previsto, el tentáculo la lanzó hacia arriba y ella aprovechó el impulso para saltar hacia la cabeza de la bestia, que no tuvo tiempo de darse cuenta de lo que iba a hacer hasta que Viri levantó la daga. ..

Y la hundió directamente en uno de sus brillantes ojos naranjas.

El grito del monstruo fue tan alto, tan estridente y tan agonizante , que Viri estuvo a punto de desmayarse, y así habría sido de no ser porque salió despedida por los aires cuando el fílux se soltó del tentáculo.

Cayó a plomo en el lago y el golpe fue tan violento que sintió que se le salió todo el aire de los pulmones.

No obstante, consiguió salir a la superficie, escupiendo agua y jadeando con intensidad mientras se mantenía a flote y se preparaba para el siguiente ataque.

Pero no llegó; el monstruo empezó a esconderse bajo el agua y utilizó los tentáculos para taparse el ojo que le quedaba intacto, como si fuera un perro huyendo para lamerse las heridas.

Viri no podía creerse que la pelea hubiera terminado y siguió en guardia unos segundos más, incluso después de la que bestia hubiera desaparecido de su vista. Hasta que, de pronto, apareció el cuerpo de Reeve flotando en el agua.

Al verlo, sintió una oleada de alivio que solo duró un segundo p orque se dio cuenta de que algo no iba bien.

Reeve no se movía.