23 #2
—La mayoría de los adultos —la corrigió Reeve, agachándose para pasar por debajo de una rama que acababa de brotar de la nada—.
Aunque no sea lo habitual, hay más gente como Wynter y como yo, personas de más de catorce años que se arriesgaron a consumirse y que no han tenido su concesión.
Casi todos son someros, no magos, pero hasta ellos tienen más élixen que los que se lo entregaron a los obeliscos.
Y los pocos que tenemos el mismo poder que lo magos contamos con bastante más élixen que los demás, incluso que los niños, así que, en realidad, somos la mayor tentación.
Podrían darse un festín con nosotros, por decirlo de alguna manera.
A Viri se le revolvió el estómago con solo pensar en que alguien pudiera extraer élixen de Wynter.
—También somos más difíciles de matar que los niños —siguió contándole Reeve, como si sus palabras fueran un consuelo—.
Tardan mucho más en dejarnos secos de élixen y solemos tener la capacidad de controlar nuestra magia, así que podemos enfrentarnos a ellos.
De modo que sí, si hablamos de «fuentes» frescas de élixen, técnicamente contamos.
Viri dejó escapar una mueca y, en parte, deseó no haberle preguntado al respecto.
Necesitaba sustituir la idea que se arremolinaba en su cabeza.
Necesitaba pensar en algo para opacar el miedo de que a Wynter pudiera pasarle algo si alguien acababa averiguando su secreto, así que volvió a rescatar la conversación que había quedado a medias.
—Antes no respondiste en condiciones a mi pregunta.
—¿Qué pregunta? —exclamó Reeve justo cuando la tierra cambió bajo sus pies y brotaron unas hierbas exuberantes que se alzaron por encima de sus cabezas.
—La de los remordimientos —contestó tras apartar los enormes tallos con las manos.
—¿Qué pasa?
Al ver qué Reeve estaba intentando no responderle, lo agarró del brazo y lo obligó a detenerse en mitad de la crecida hierba.
—Has dicho que todos tus amigos tenían remordimientos por las decisiones que tomaron en el pasado. ¿Y tú qué? ¿Te arrepientes de lo que hiciste hace años? —Para que no hubiera lugar a confusiones, añadió—: La chica a la que mataste y de la que extrajiste élixen. ¿Te arrepientes de eso?
De pronto, una tormenta de emociones asoló el rostro de Reeve, que tenía la mirada clavaba en Viri.
Hasta ahora, no se había dado cuenta de lo importante que era para ella que el chico dijera lo que llevaba tanto queriendo escuchar: que se odiaba por lo que había hecho y que, día tras día, lamentaba la decisión que había tomado, que desearía volver atrás para no extraer élixen de nadie y para no arrebatar ninguna vida .
Viri notaba cómo el corazón le retumbaba en los oídos mientras esperaba cualquier indicio de que, debajo del monstruo en el que se había convertido Reeve, aún quedaba algo de su bondad, que había una pequeña posibilidad de que volviera a ser el chico al que tanto había querido años atrás.
Sin embargo, cuando el segador respondió, las duras palabras que salieron de lo más profundo de su ser estaban cargadas de dolor y, aun así, eran tan brutales como honestas.
—No, no me arrepiento de haber extraído élixen de ella.
Viri cerró los ojos y le dio la espalda. No pudo evitar preguntarse por qué sentía la necesidad de que su respuesta hubiera sido distinta; de dónde venía esa esperanza .
—Viri... —susurró Reeve tratando de alcanzarla.
—Sigamos —dijo en tono brusco, ignorando el tacto de su piel y con la voz cargada de decepción.
Reeve no intentó darle una explicación ni se defendió, como si supiera que, hiciera lo que hiciera, sería en vano. De modo que se limitó a seguir andando a través de la hierba, aparentemente ajeno al estallido del corazón roto de Viri.
O, más bien, como si no le importara.
Siguieron recorriendo el camino durante una, dos y tres horas más.
Todo cuanto los rodeaba en el bosque iba cambiando de forma constante y, al poco, se percataron de que cada vez había menos luz; el sol de la tarde había ido atenuándose a medida que el cielo empezó a oscurecerse sobre las copas de los árboles.
Viri sintió un pellizco en el pecho solo de pensar en tener que pasar la noche en Mistwood, pero se esforzó por ignorarlo y se centró en comprobar una y otra vez el mapa para asegurarse de que el final del sendero mágico estaba cada vez más cerca.
Si todo iba según lo previsto y la teoría de Reeve era correcta, encontrarían el sendal y llegarían al castillo del Guardián antes de que se hiciera de noche. Y si no...
No , exclamó Viri para sus adentros conforme enterraba sus preocupaciones antes de que se apoderaran de ella.
No ganaría nada dándole vueltas a algo que no había pasado todavía.
O, como solía decir su padre: «Un problema no es un problema hasta que es un problema».
De hecho, sintió que tenía otra energía al pensar en positivo y aferrarse a la esperanza de que todo iría bien, en lugar de dejarse arrastrar por la negatividad y alimentar sus miedos más aún.
Para dejar de obsesionarse con lo que pasaría o dejaría de pasar cuando llegaran al final del camino, centró toda su atención en sus pies y en dónde pisaba, ya que el bosque se iba volviendo más traicionero conforme anochecía y tanto las raíces ocultas como las rocas hacían que fuera trastabillando cada vez más.
Estaba cansada, dolorida y sedienta, y estuvo a punto de proponerle a Reeve que se tomaran un breve descanso para beber agua cuando los árboles que tenían delante se apartaron y revelaron otro claro lleno de flores silvestres; era más pequeño que el anterior, pero en el centro descansaba un sinuoso arroyo.
No había niebla alguna a la vista y toda la zona estaba bañada por los colores del atardecer: naranjas, rosas y morados que cubrían todo como si fuera un sedoso y cálido velo.
Era tan bonito y transmitía tanta paz que Viri lo observó maravillada.
Hasta que, de pronto, escuchó un sonido, algo que se le susurró al oído.
— Cuidado con el bosque...
Se giró deprisa, pero a su lado solo estaba Reeve, que la miraba con las cejas arqueadas, como preguntándole qué le pasaba.
— Cuidado con la neblina...
Esta vez, escuchó el susurro en su otra oreja y miró hacia ese lado, pero seguía sin ver a nadie.
— Cuidado con los peligros...
—¿Has oído eso? —exclamó Viri.
— … que acechan en cada esquina.
—¿Oír qué? —respondió Reeve.
Esta vez, la voz sonó más fuerte, como si un eco la envolviera.
— Cuidado con las bestias...
—¡Eso! —gritó Viri con las pulsaciones disparadas—. Es la nana de la que hablamos. Por favor, dime que tú también la oyes.
— Que ocultan sus caminos...
Reeve, que seguía a su lado, se puso tenso.
—Yo no oigo nada.
— Cuidado con el bosque...
Viri sintió cómo se le pusieron de punta todos los vellos del cuerpo cuando la voz susurró el último verso en su oído.
— … o enfréntate a tu destino.
En cuanto terminó la canción, todo se sumió en un estremecedor silencio en el que solo se escuchaba la respiración agitada de Viri.
Observó con atención el claro, buscando alguna señal que le indicara que no estaban solos, aunque sabía que era imposible.
Estaban en el corazón del bosque, en las profundidades de Mistwood. Nadie podía...
Ahogó un grito cuando vio algo moverse al otro lado de los árboles, como si una figura emergiera de entre las sombras. No tardó en darse cuenta de que no eran imaginaciones suyas cuando vio que Reeve se quedó petrificado a su lado y se llevó las manos a las dagas.
Sin embargo, no le hacían falta las armas.
Porque la figura no pertenecía a ninguna criatura de la nebruma, sino a una persona.
Y una persona a la que conocía .
Viri notó como todos y cada uno de los músculos de su cuerpo se quedaron paralizados por la mezcla de aturdimiento y asombro al ver a la chica que se acercaba con pasos lentos hacia ellos.
Parecía sana y feliz; iba con una capa blanca y la acompañaban sus rizos rubios como la arena tan alborotados como siempre y unos ojos marrones que brillaban con malicia.
—Jessalyn —murmuró Viri—. ¿Qué...? ¿Cómo es...?
Antes de que pudiera terminar la pregunta, se le escapó una especie de sollozo, aunque en su rostro también se dibujó una sonrisa, y avanzó a toda prisa hacia la hermana de Soren, desesperada por abrazarla.
El alivio que sentía era tan abrumador que no le importaba cómo Jessy había conseguido escapar de los segadores y abrirse paso a través del letal bosque.
Ya obtendría las respuestas a esas preguntas más tarde; ahora, lo único que necesitaba era abrazar a la chica y comprobar por sí misma que estaba sana y salva.
Sin embargo, antes de que Viri pudiera dar otro paso, Reeve la envolvió con sus brazos por la espalda y tiró de ella hacia atrás.
—No, Viri. Para .
Algo en la voz de Reeve hizo que Viri se detuviera de inmediato; era la primera vez que escuchaba al segador hablarle con angustia y miedo.
—Reeve, ¿qué...?
—Esa no es Jessalyn —respondió tajante sin soltarla, como si temiera que volviera a salir corriendo hacia la chica.
—¿Cómo que no? ¡Claro que es ella! —Viri intentó zafarse de los brazos de Reeve, pero la tenía agarrada con tanta fuerza que era imposible que lo consiguiera—. ¡Suéltam...!
La cazadora ni siquiera terminó la palabra cuando los labios de Jessy se separaron para revelar una amplia sonrisa que dejaba su boca al descubierto.