22 #3
Había una parte de Viri que quería arrancarle el anillo del dedo y arrojarlo a la neblina, pero, por otra, le dieron ganas de abrazarlo por haberla distraído de sus propios miedos hasta el punto de que dejaran de tener sentido.
Decidió no dejarse llevar por una parte ni por otra y repitió la pregunta que le había hecho antes.
—¿Cuál es tu teoría del mapa?
El chico se rio entre dientes al percatarse de su intento de ignorar todo lo que le había dicho, pero decidió no insistirle más y le respondió:
—Vuelve a abrirlo. Si estoy en lo cierto, el camino habrá cambiado de forma radical.
Viri se lo pensó un momento. Necesitaba las dos manos para abrir el mapa, pero no estaba segura de si la barrera mágica desaparecería al soltar la mano de Reeve, sobre todo si la única protección con la que contaban era con la de su anillo.
Reeve, que advirtió lo inquieta que estaba, suavizó el rostro, aunque ella no supo identificar qué le transmitió su mirada, pero le habló en un tono delicado cuando dijo:
—¿En serio crees que voy a permitir que te pase algo? Conmigo estás a salvo, sombrita. Siempre.
Viri sintió que le flaquearon las piernas al escuchar las palabras de Reeve y, después, le temblaron aún más cuando, con mucho cuidado, el segador fue desenredando sus dedos.
A la cazadora se le dispararon las pulsaciones, pero la nebruma seguía sin tocarlos, por lo que el escudo protector de los talismanes funcionaba a pesar de no estar agarrados de la mano.
—¿Puedo soltar ahora un «te lo dije»? —preguntó Reeve con una sonrisa burlona mientras le daba un golpecito al anillo de Viri.
—La arrogancia no es nada atractiva —espetó ella tras darle un manotazo.
—Para ti creo que sí —respondió ensanchando la sonrisa.
Viri se negó a morder el anzuelo otra vez porque sabía que eso solo serviría para agrandar su ego, de modo que se centró en desplegar el mapa.
Con el ceño fruncido, observó la línea que atravesaba Mistwood y que ahora apuntaba hacia el oeste, en lugar de dirigirse hacia el norte en dirección al castillo.
—¿Qué significa esto? —exclamó Viri al detenerse de golpe.
Al examinar el mapa, Reeve pareció satisfecho.
—Bien, bien. Yo tenía razón.
—¿Tenías razón en qué ?
—Mi teoría. —Señaló la línea del mapa—. Sabemos que el mapa nos muestra la ruta más directa hacia el Guardián, pero eso no significa que tengamos que hacer todo el recorrido hasta llegar allí.
—¿Cómo? ¿Qué quieres...?
—La historia que nos contaron tus padres —la interrumpió—.
Nunca llegué a entender cómo se las arregló el marido para atravesar todo el bosque si, tal y como narraba la leyenda, estaba tan débil.
Aunque su mujer y su amigo lo ayudaran, el trayecto habría sido imposible para cualquiera cuya vida pendiera de un hilo.
Una vez se lo pregunté a tu madre porque me interesaban algunos detalles que no se contaban en la historia, y lo que hizo fue sonreírme y decir: «Todo es posible con magia».
Viri sintió una punzada en el pecho porque ella misma había oído a su madre decir esas palabras en más de una ocasión y siempre las decía en un discreto susurro, como si le estuviera contando un secreto.
—Por aquel entonces, nunca me había parado a pensarlo —siguió diciendo Reeve—, y me limitaba a disfrutar de la intriga de la historia.
Pero, cuando Brae y yo encontramos el mapa, y sobre todo últimamente, he estado reflexionando sobre otras posibilidades existentes y he llegado a una conclusión bastante obvia.
—¿Y esa conclusión es...? —insistió.
Reeve volvió a señalar el final de la línea con el dedo.
—Aquí hay un sendal; o al menos algo parecido que puede llevarnos directos hasta el castillo.
Así es como vamos a conseguir llegar antes que Braedan.
Él llevará días atrapado caminando en círculos, pero nosotros no tendremos más que recorrer una parte del camino y acabaremos trasladándonos al otro lado.
Viri escudriñó el mapa con la mirada.
—Me parece una teoría bastante disparatada.
—Es posible —reconoció—. Pero, desde mi punto de vista, tenemos dos opciones.
Podemos hacer lo mismo que Braedan e intentamos encontrar el camino que lleve hasta el Guardián.
—Señaló la esquina noroeste del mapa y los kilómetros de bosque que se extendían entre ellos y el castillo Nevarnost—.
O, por el contrario, podemos seguir el sendero mágico con la esperanza de que mi intuición no me falle y que haya un sendal al final.
—No me gustan ninguna de esas opciones —espetó Viri antes de suspirar y tomar una decisión—.
Aunque intentemos encontrar el camino por nuestra cuenta, Braedan seguirá sacándonos una ventaja de días.
Tenemos que seguir el mapa. —Empezó a andar otra vez con la mirada fija en la línea que se movía sin cesar en el pergamino cuando murmuró—: Esperemos no estar cometiendo una estupidez y que nuestros talismanes no se gasten antes de que hayamos terminado.
—Por muchos talismanes que tengamos, la nebruma no es el único peligro que esconde el bosque —señaló, observando con atención los densos árboles—. De hecho, en la escala de peligros, creo que estaría bastante abajo.
Viri le dio una patada a una roca que se encontró en el camino.
—¿De qué estás hablando?
—¿Nunca has escuchado la antigua nana Cuidado con el bosque ?
Esas cuatro palabras despertaron un recuerdo que estaba enterra do en la mente de Viri y le sacaron una repentina sonrisa.
—Por todos los Sabios, qué recuerdos... La cantaba tanto que tenía a toda mi familia loca.
No le costó acordarse de los dos sencillos versos y los recitó en voz baja:
Cuidado con el bosque.
Cuidado con la neblina.
Cuidado con los peligros
que acechan en cada esquina.
Cuidado con las bestias
que ocultan sus caminos.
Cuidado con el bosque…
O enfréntate a tu destino.
—Ahora voy a tener todo el día la canción en la cabeza —murmuró Viri cuando terminó, aunque la única culpable era ella misma por haberla cantado.
—Si va a servir para que estés más alerta, entonces me parece bien —exclamó Reeve, que seguía escudriñando los árboles del bosque—.
Estamos a salvo de la nebruma. —Se tocó el anillo—.
Pero este bosque es antiguo, tanto como la isla en sí.
No sabemos qué clase de amenazas pueden estar merodeando entre las sombras.
Viri sintió un escalofrío, pero respondió:
—No hay ser con vida que pueda sobrevivir a la nebruma.
—No que conozcamos —la corrigió Reeve—. Pero esa nana habrá salido de alguna parte y, dado que se hace mención a «las bestias», lo mejor será que tomemos nota de la advertencia. Mantente alerta, sombrita. Es lo único que te pido.