Sombra carmesí (Sombra carmesí 1) 22
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A Viri se le vino una retahíla de maldiciones a la cabeza cuando vio a su tutora, que la miraba atónita con los ojos como platos, y una oleada de pánico amenazó con ahogarla.

—Esto no es lo que parece —soltó Viri de repente. Sin embargo, se estremeció porque sí que era lo que parecía. Los habían pillado a Reeve y a ella con las manos en la masa dentro del despacho de la magistrada; era un hecho imposible de negar.

Viri no tenía muy claro qué esperaba que ocurriera a continuación, aunque había una parte de ella que estaba segura de que Sarielle no tendría más remedio que seguir el protocolo y llamar a los guardias de la Nox.

Por eso se sorprendió tanto cuando su tutora no lo hizo.

En cambio, al salir de su estupor, se fue directa hacia Viri y la abrazó con fuerza contra su cuerpo.

—Por todos los Sabios... No sabes lo preocupada que estaba —le susurró Sarielle en el oído.

Viri sintió que le flaquearon las piernas del alivio.

—No sabes cuánto lo siento... No quería que nos encontraras aquí. Sé que esto te pone en una situación bastante comprometida.

—Eso no importa —respondió Sarielle al apartarse.

Sus ojos azules se clavaron en Reeve y todos los músculos de su cara se tensaron al darse cuenta de quién era, y qué , pero volvió a girar la cabeza hacia Viri—.

Te está buscando todo el mundo. El capitán Farrow ha desplegado a todos sus guardias; la mitad está buscando a los niños y la otra mitad, a ti.

Viri puso mala cara, pero acabó diciéndole:

—No creo que nos encuentren donde vamos.

Esa era una de las ventajas de adentrarse en el mortífero bosque, que no los seguirían.

Sarielle le sostuvo la mirada unos segundos.

—No voy a decirte que no hagas lo que sea que vayas a hacer. No soy tan estúpida —murmuró la magistrada—. Igual que confío en que, si estás aquí con él, es por un motivo justificado.

Sarielle volvió a observar a Reeve con detenimiento y, esta vez, Viri también se giró para mirarlo.

El segador estaba tenso y rígido como una roca, y su rostro no reflejó emoción alguna cuando le dedicó una mirada inquebrantable a la magistrada.

Gracias a los Sabios, Viri no percibió ni un ápice de la supuesta aversión que sentía hacia su tutora, pero sí que se dio cuenta de que no se sentía cómodo en su presencia.

Sin embargo, no le sorprendió lo más mínimo al caer en la cuenta de quiénes eran: la mano derecha del Padre Segador y la líder de mayor cargo de la ciudad, que, anteriormente, había sido cazadora.

Dos personas tan opuestas que era imposible que coincidieran en algo.

Excepto el lugar en el que estaban en ese momento.

—Claro que lo hay —afirmó Viri—. Anoche me dijiste que estabas dispuesta a pagar cualquier precio con tal de encontrar al Padre Segador.

—Señaló con la barbilla a Reeve—. Pues este es el precio que hay que pagar para conseguirlo.

No tengo tiempo para explicártelo, pero te prometo que todo lo que estoy haciendo es con el único objetivo de detenerlo.

Sarielle frunció los labios, como si estuviera conteniéndose por no decirle que no era eso a lo que se refería, pero, después, suspiró.

—No sé lo que tendrás planeado hacer, pero ten mucho cuidado.

—Siempre. —Viri sabía que eso era lo que necesitaba escuchar su tutora y rezó por poder cumplir con su palabra.

La mujer estaba a punto de decir algo; tal vez, quería empezar preguntándoles qué hacían ella y Reeve allí.

Sin embargo, el sonido de alguien llamando a la puerta la interrumpió.

Antes de que cualquiera de ellos pudiera reaccionar, Meera entró al despacho con la vista puest a en unos papeles que tenía en la mano y diciendo:

— En la reunión, nos hemos olvidado de...

La jefa del Gremio de Cazadores se detuvo de golpe al ver a Viri y a Reeve, y el desconcierto eclipsó el resto de las expresiones de su oscuro rostro.

Viri tenía el corazón en un puño, pero no solo por la inesperada llegada de su mentora, sino porque, detrás de ella, aparecieron dos guardias de la Nox.

Una rápida mirada bastó para que los guardias los reconocieran y ambos se pusieron en posición de ataque al mismo tiempo. Viri se dio cuenta entonces de que, si querían salir de allí, Reeve y ella tendrían que enfrentarse a ellos.

Pero, una vez más, se equivocó.

Porque Meera lanzó los papeles por los aires, se abalanzó sobre los guardias de la Nox para detenerlos y, en menos de cuatro movimientos, hizo que los dos acabaran en el suelo, inconscientes.

Sus ojos verde jade atravesaron a Viri y su voz mental sonó de lo más brusca cuando le advirtió:

— Tienes cinco segundos antes de que dé la alarma, así que aprovéchalos. —Meera la fulminó con la mirada—. Y no hagas que me arrepienta.

Viri se sintió agradecida por la oportunidad que le estaba dando su mentora y por la confianza que estaba depositando en ella sin tan siquiera exigirle respuestas.

—Gracias —murmuró.

— Nada, me basta con que hables bien de mí en mi funeral.

Quizás pueda aceptar que estés siguiendo un plan a medias para salvar a esos niños, pero Darik me va a matar cuando se entere de que te he dejado escapar —exclamó sin rodeos y, después, hizo un gesto hacia la puerta—.

Ahora, marchaos. Y ya puedes ir mentalizándote de que tendrás que hacer el informe más largo de tu vida cuando acabe todo este entuerto.

Viri asintió y no pudo contener las ganas de darle un rápido abrazo a su mentora. Jamás se había sentido tan agradecida de que Meera tuviera corazón de cazadora y estuviera dispuesta a saltarse las normas, y las leyes, para hacer lo correcto. O, en este caso, para que Viri pudiera hacerlo.

Había mucha información que había averiguado y que le habría e ncantado compartir con Meera y Sarielle, como lo de los cometas, el sacrificio y el plan de destruir los obeliscos, al igual que habría deseado tener un momento para asegurarse de que Sarielle sabía lo que había pasado con Jessalyn y tranquilizarla diciéndole que Soren ya había salido en su búsqueda.

No obstante, cada minuto que Viri se retrasara, era un minuto que Braedan ganaba para llegar antes hasta el Guardián y condenarlos a todos.

De modo que, aunque le costó, se obligó a ir hacia la puerta; justo cuando estaba a punto de salir, se dio la vuelta y le tiró un beso a Sarielle, que hizo como que lo atrapaba en el aire y se lo llevó al corazón.

Eso fue lo último que Viri vio cuando Reeve y ella salieron corriendo del despacho.

Fueron aumentando la velocidad de sus pasos hasta que pasaron prácticamente corriendo por el escritorio de Galen, que seguía vació, y se encaminaron hacia las puertas de cristal.

En ese momento, había personas arremolinadas por todas partes, concejales y líderes de distintos gremios que acababan de terminar la reunión, y todos estallaron en gritos al reconocer a Viri y a Reeve pasando junto a ellos; tampoco pudieron evitar llamar la atención de otros dos guardias de la Nox que estaban custodiando en la puerta y que, con casi total probabilidad, serían compañeros de los guardias a los que Meera había dejado fuera de combate.

Viri maldijo en voz alta cuando los guardias empezaron a perseguirlos y les gritaron que se detuvieran.

Se obligó a correr lo más rápido que le permitían sus piernas hacia la salida, con el corazón martillándole en el pecho y Reeve pisándole los talones.

Ambos avanzaron a toda velocidad por el túnel del interior de la montaña que atravesaba la Cumbre sin perder de vista el sendal mientras los gritos de los guardias resonaban sin cesar tras ellos.

Pero Viri y Reeve eran muy rápidos y su desesperación los empujaba con fuerza, así que, tras subir el ritmo durante los últimos metros, consiguieron atravesar el arco de piedra mágica.

Viri iba delante y los guio hasta el Distrito Mercantil, que seguía abarrotado de gente.

Se detuvo un segundo hasta que Reeve apareció tras ella y, después, le agarró y volvieron a cruzar el sendal con la esperanza de que alguno de los atareados clientes activara el portal justo después; de este modo, los guardias de la Nox no podrían seguirlos hasta su destino real: el sendal que había más al sur de la alterra.

En cuanto Viri salió por el arco, los deslumbrantes rayos del sol le cegaron la vista y se le escapó una leve mueca de dolor.

La llegada de Reeve no fue tan dramática, aunque no tardó en tapar los destellos del sol con la mano mientras tanto él como Viri trataban de recuperar el aliento después de la frenética carrera.

Qué poco ha faltado , pensó Viri; si hubieran tardado unos segundos más, los guardias de la Nox los habrían atrapado. Si no hubiera sido por lo comprensiva que había sido Sarielle y porque Meera los ayudó a escapar...

No quería pensar en lo que podría haber pasado si los tiempos o las circunstancias hubieran sido distintas.

—Creo que no quiero volver a hacer algo así —exclamó Reeve, jadeando y moviendo los hombros para destensar los músculos.

—Ya somos dos —murmuró Viri, que dio por hecho que el segador estaba hablando de la persecución de la Nox, aunque, en realidad, podía estar refiriéndose a cualquier otra cosa de todo lo que había pasado en la Cumbre, a todo lo que habían hecho...

Sabía de sobra que habría consecuencias, pero ya lidiaría con ellas cuando llegara el momento. Ahora debía centrarse en la misión que tenían por delante; eso era lo único que importaba.

Viri respiró hondo para terminar de recuperar la compostura y miró a su alrededor para orientarse.

Observó las extensas tierras de cultivo que se desplegaban hacia el este, con los animales a salvo tras las tutelas, y los antiguos mausoleos blancos que asomaban entre los árboles escarpados por el oeste.

Pero había algo más, algo que se encontraba entre la zona de las granjas y la necrópolis, algo que se alzaba alto e imponente bajo los rayos del sol.

El obelisco del sur.