Sombra carmesí (Sombra carmesí 1) 21
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L a primera parte de su plan fue todo lo bien que podía ir; salieron del laboratorio y volvieron sobre sus pasos por los túneles de la subterra hasta el sendal más cercano.

A esa hora del día, había mucha más gente en la calle que durante las primeras horas de la mañana, pero el gentío se movía en ambas direcciones buscando un sitio en el que almorzar.

Sin embargo, Viri agradeció el bullicio porque así había menos probabilidades de que los guardias de la Nox o los cazadores los descubrieran o los sintieran entre la multitud.

Wynter podía campar a sus anchas y Jonas también, siempre y cuando no se cruzaran con nadie que tuviera la marca de los segadores.

Viri y Reeve, por el contrario, eran fugitivos y los tenían en el punto de mira.

Aunque le costó, Viri venció la tentación de ir mirando a sus espaldas durante todo el trayecto hasta llegar al arco de piedra mágica, porque sabía que eso solo le serviría para llamar más la atención.

Cuando llegaron al sendal, Wynter pasó primero.

Habían acordado no ir directos a la Cumbre, sino regresar al arco que Viri y Reeve habían usado la noche anterior para la parada que hicieron en el Distrito Mercantil.

En ese momento, en las calles del interior de la montaña no quedaba nada de silencio y oscuridad, sino que estaban inundadas de espectáculos, sonidos y olores.

Había más gente que en el túnel de la subterra, tanta como para que los cuatro tuvieran que correr hacia uno de los laterales del sendal para que las hordas de personas que entraban y salían del arco brillante no los pisotearan.

—Aquí se separan nuestros caminos. —Wynter le dio un intenso abrazo a Viri—. Si tenemos suerte, la próxima vez que nos veamos, le habrás pateado el culo a tu hermano y podremos celebrar que has salvado a toda la ciudad.

—Sin presiones —exclamó Viri con ironía.

—Pediré que hagan unas camisas mientras estáis fuera —agregó su amiga en tono serio—. Viridia Solace: la salvadora de Aravell.

—Si haces eso, yo pediré que hagan otra para mí que ponga: Wynter Starling: ex mejor amiga.

La chica empezó a reírse, pero su alegría se desvaneció cuando volvió a abrazar a Viri y le susurró al oído:

—Sé que ya te lo he dicho, pero necesito repetírtelo. Te quiero, V. Por favor, ten mucho cuidado.

Viri estrechó a su amiga entre sus brazos con fuerza.

—Volveré antes de lo que te imaginas —espetó empujando a Wynter hacia el sendal—. Ahora vete y ayuda a Jonas a que saque todas sus armas de seducción.

Jonas se tomó las palabras de Viri como una señal para acercarse a ella. Sacó a Castaña de su bolsillo y se lo acercó.

—Castaña quiere desearte suerte.

Viri sintió que se le hizo un nudo en la garganta mientras acariciaba la suave cabeza del conejo.

—Gracias, Castaña —murmuró en voz baja. Sin embargo, clavó la mirada en Jonas al añadir—: Lo mismo te digo.

La cazadora se percató de los vidriosos ojos azules que se escondían tras las gafas de Jonas mientras este le dedicaba una sonrisa. Después, el chico se inclinó para abrazar a Reeve con cuidado de apartar a Castaña para no aplastarlo.

—No te preocupes, colega —dijo Reeve dándole unas palmadas en la espalda—. Es solo un almuerzo.

A Jonas se le escapó una carcajada y le dio un golpe suave a Reeve en el brazo.

—No es el almuerzo lo que me preocupa —respondió con mala cara—.

A ver, no quiero tener una cita falsa, pero eso es una tontería en comparación con lo que vais a hacer vosotros.

Cuídate y vuelve de una pieza, ¿vale? Y espero que.

.. —Se calló un segundo y miró a Viri casi con miedo.

Después, tosió un segundo y terminó la frase—. Espero que volváis con buenas noticias.

—Esa es la idea —contestó Reeve dándole un ligero empujón en dirección a Wynter—. Iros ya. Vamos justos de tiempo.

Jonas asintió, siguió a Wynter cuando cruzó el sendal y, en un abrir y cerrar de ojos, ambos habían desaparecido.

Viri resopló con fuerza y dijo:

—Y ahora a esperar.

—Esa siempre es la peor parte —murmuró Reeve antes de señalar unos puestos de frutas llenos de clientes que había cerca de ellos—. Vamos para allá. Así los veremos cuando vuelvan, pero podremos camuflarnos mejor y evitar que nos detecten.

Como la siguiente parte del plan dependía de que Galen no se oliera nada de lo que estaba pasando, Viri siguió a Reeve para esconderse entre las masas de gente comprando fruta, pero sin quitarle ojo al sendal, que se activaba cada vez que alguien salía de él.

Había tanto alboroto que era imposible mantener una conversación, pero no porque Viri no tuviera nada que decir, de modo que se dedicaron a recorrer los distintos puestecillos mientras observaban los productos como si estuvieran decidiendo qué comprar.

Sin embargo, no alargaron mucho su falso interés, ya que Wynter y Jonas volvieron a salir del arco de piedra mágica acompañados del alto y larguirucho de Galen.

—Esa es nuestra señal —murmuró Viri cuando los tres se perdieron por las calles del mercado—. Vamos.

Viri se acercó corriendo al sendal y lo atravesó primero para llevarlos hasta la Cumbre.

Al llegar, se encontraron con los fríos y clandestinos muros del Gremio Legal, que no quedaba muy lejos de las oficinas del Consejo Supremo y de las puertas de cristal que conducían a su interior.

Eso era algo que Viri solía apreciar porque consideraba que reflejaba la transparencia que desprendían los líderes de la ciudad, pero, en ese momento, la cristalina puerta no hacía sino aumentar el riesgo de ser descubiertos.

Por suerte, ya habían congregado a los consejeros para la reunión que se celebraba a mediodía y, dado que sus ayudantes trabajaban en una zona bastante alejada, en los túneles entrecruzados de la Cumbre, era muy improbable que Viri y Reeve se cruzaran con alguien.

Aun así, barrieron la zona con la mirada y, después, atravesaron las puertas, pasaron corriendo por el escritorio de Galen y se fueron directos al despacho de Sarielle.

Al llegar a la entrada, se encontraron con el primer contratiempo de su plan.

—Está cerrada con llave —susurró Viri tratando de abrir el picaporte una y otra vez para asegurarse—. Ayúdame a buscar una llave en el escritorio de Galen. O, si no, a ver si encuentras algo fino y afilado para manipular la cerradura.

—Reconozco que me encantaría ver cómo abres la cerradura; y, créeme, lo digo en serio. —El rostro de Reeve era una mezcla de curiosidad e intriga, con una pizca de algo más que hizo que Viri casi se sonrojara—. Pero tengo una idea mejor.

Agarró el pomo de la puerta y, al hacerlo, Viri sintió una repentina corriente de élixen que provocó que el aire que los rodeaba se volviera más denso. Al segundo, la puerta se abrió.

—Tú.. Tú... Acabas de usar la magia —exclamó boquiabierta. Se había olvidado por completo de que la noche anterior Reeve la había dejado inconsciente y que tenía pendiente preguntarle al respecto, aunque, por otra parte, reconocía que habían pasado muchas cosas desde entonces.

Reeve levantó la mano y apretó el dedo índice contra el pulgar.

—Solo un poquito.

—No deberías poder hacer...

—¿Qué te parece si lo hablamos dentro? —sugirió abriendo la puerta y señalando el interior del despacho en un intento por recordarle a Viri dónde estaban y que cualquiera podría verlos.

Aunque tuvo que contenerse, Viri se mordió la lengua y entró corriendo en el despacho de Sarielle.

Se sintió cómoda al estar en un lugar que conocía tan bien, desde la suave alfombra del suelo hasta el escritorio de madera pulida de roble y las hermosas vistas que ofrecía la enorme ventana de la pared del fondo.

Al estar en lo alto de la montaña, el panorama era incomparable; se veía toda la alterra de Aravell, la inmensidad del lago Mirtis, que brillaba bajo el sol de mediodía, e incluso el sombrío bosque Mistwood, que se desvanecía en el horizonte.

Viri sintió un escalofrío cuando cayó en la cuenta de que su hermano estaba por ahí, en alguna parte, y de que, más pronto que tarde, se adentraría en el letal bosque para ir tras él.

No obstante, se obligó a dejar los pensamientos a un lado y a centrarse en lo que tenían entre manos.

—Por aquí —murmuró Viri al ir hacia la puerta que había tallada en la pared rocosa, a la izquierda del escritorio de Sarielle.

Esa puerta no estaba bloqueada, de modo que la abrió y, justo cuando estaba a punto de entrar en el almacén, se percató de que Reeve no estaba a su lado.

Se dio la vuelta y vio a Reeve observando un retrato que había en la pared, regalo de uno de los artistas más prestigiosos de Aravell.

El hombre había pintado a Sarielle estrechando entre sus brazos a Wynter y a Viri cuando eran mucho más pequeñas, y las tres compartían una sonrisa radiante.

Viri le tenía mucho cariño a esa talentosa obra porque representaba a su pequeña familia y el amor que se tenían, pero, al observar a Reeve, se fijó en la extraña y casi resentida mirada con la que observó el cuadro.

No tenía ni idea de qué estaría pensando el segador, si le molestaba verla feliz con Sarielle y Wynter, o si, en cambio, estaba luchando contra sus propios demonios; él también había encontrado una segunda familia, la de Viri, pero la perdió y volvió a verse solo, además de tener que vivir como un fugitivo durante siete años.

Había una parte de Viri que sentía lástima de Reeve; sin embargo, la otra, su parte más fuerte, le recordó que era él quien la había abandonado.

Podría haberse quedado con ella. Podrían haber encontrado su camino juntos.

Pero eligió a Braedan y, sintiera lo que sintiera en ese momento, el único culpable era él mismo.

—Reeve —lo llamó. Su voz resonó por toda la sala, como si le hubiera dado un latigazo—. Mueve el maldito culo.