20 #2
—Me da igual lo guapo que sea porque yo lo que veo es a un segador.
No voy a negarte que hay... algo entre nosotros, puede que un poco de chispa, o atracción.
O tal vez no sea más que unos restos de nostalgia por la amistad que teníamos.
Pero nada de eso importa porque, como he dicho, es un segador . Y eso anula todo lo demás.
Wynter ladeó la cabeza y la miró pensativa.
—Bueno, en cierto modo, no lo es.
—Puede que ya no extraiga élixen, pero lo hizo una vez —espetó Viri, que se negaba a olvidar las acciones de Reeve—. Mató a una chica. Él mismo lo contó.
Wynter no le respondió a eso, pero bajó la voz para decir:
—Pude hablar con él y con Jonas un rato mientras estabas dormida y tengo que reconocer que me caen bien. ¿Sabes que Jonas, Sage y su otro amigo...? Ardin, ¿no? ¿Sabes que solo extraen élixen entre ellos y de otros segadores? No atacan a los niños y llevan mucho tiempo sin hacerlo.
Viri observó a Jonas al otro lado del laboratorio y lo vio acariciándole la cabeza a Castaña, que estaba asomado en su bolsillo.
—Sabía que podían hacerlo, pero no tenía constancia de que solo se alimentaban así.
—La verdad es que es algo significativo —murmuró Wynter—.
No pueden dejar de extraer élixen por completo por la adicción que les crea, pero la forma en la que lo hacen les permite tener más o menos fuerza, dependiendo de quién necesite más el élixen.
Si lo piensas, es una actitud casi altruista.
—Al ver la cara que puso Viri, añadió con cautela—: No se parecen a otros segadores.
No digo que no hayan podido cometer errores ni que me parezca bien lo que hicieran en el pasado; las dos sabemos cómo se han convertido en lo que son y el precio que han tenido que pagar para ello.
Lo que quiero decir es que... parece que se han estado esforzando por compensar las decisiones que tomaron en su momento. Y, en mi opinión, es algo admirable.
Viri, que no sabía qué responder, tragó saliva y apartó los ojos de la mirada penetrante de su amiga.
Había una parte de ella que estaba de acuerdo con Wynter; sí que era digno de admiración que los segadores fueran contra su naturaleza fomentada por el élixen y que eligieran tomar un camino alternativo en lugar de dejarse arrastrar por la violencia.
Pero, por otra parte, nadie los había obligado a convertirse en segadores; en algún momento, ellos mismos decidieron acabar con vidas inocentes y, aunque sí que tenía mérito que intentaran redimirse, la cazadora que llevaba dentro no podía obviar los crímenes que habían cometido con tanta facilidad.
Se veía capaz de trabajar con ellos e incluso había depositado parte de su confianza en ellos, pero hasta ahí llegaba su límite.
—Sé lo difícil que es esto para ti, sobre todo después de lo que les pasó a tus padres —dijo Wynter en voz baja—. Pero, no sé... Quizás podrías intentar abrir un poco la mente. Algo me dice que hay mucho más detrás de todo esto; y más aún en lo relacionado con Reeve.
—Reeve puede meterse sus secretos por donde quiera —exclamó, aunque ni ella misma se creía sus palabras—. Cuando todo esto acabe, estaré encantada de no tener que volver a verle la cara nunca más. —En cierto modo, deseó que todo eso fuera verdad.
Por desgracia, Wynter le pillaba a Viri todas las mentiras y, a juzgar por la expresión divertida que reflejaba su rostro, ese caso no había sido distinto. Aun así, Wynter se limitó a decirle:
—Si la forma que tiene de mirarte cuando tú no estás mirándolo a él significa algo, no creo que piense lo mismo que tú.
Viri no pudo evitar mirar a Reeve por encima de su hombro; seguía absorto en lo que Jonas le estuviera contando.
Sin embargo, en cuanto sintió la mirada de la cazadora, sus ojos se encontraron con los de ella y levantó una ceja, interrogante.
Entonces Viri giró la cabeza de inmediato para que el segador no viera que se le encendían las mejillas.
—Siete años es mucho tiempo —siguió diciéndole Wynter con una sonrisa burlona en los labios—, y ya sabes lo que se suele decir sobre la ausencia y el cariño de los corazones. Y, por mucho que me encantaría ser tu amante desafortunada, creo que, en realidad, tu Orión podría ser...
—¡Vaya! Parece que es hora de irse —exclamó Viri en voz alta para impedir que Wynter terminara la frase, lo que hizo que se riera con disimulo—. ¿Estáis todos listos?
Reeve y Jonas se acercaron a la mesa de trabajo cuando Viri se estaba guardando los frascos con los inventos de Wynter y le confirmaron que estaban preparados.
—Me preocupa un poco la parte del coqueteo de nuestro plan —reconoció Jonas conforme se quitaba las gafas y las limpiaba en su chaleco con nerviosismo—. Castaña se pone celoso cuando me ve con otro hombre.
Viri tuvo que morderse el interior del carrillo para no reaccionar a lo que acababa de decir Jonas y, al echarle un inoportuno vistazo a Reeve, vio que él estaba igual; sus brillantes y divertidos ojos volvieron a clavarse en los de ella, lo que hizo que tuviera aún más ganas de reírse.
Sin embargo, su risa se esfumó en cuanto se tiñó de resentimiento.
Viri anhelaba que todo fuera más fácil, que Reeve y ella pudieran reírse juntos, tal y como hacían antes; pero eso ya era algo imposible.
Él era un segador y ella, una cazadora. No podían volver a ser lo que habían sido, ni nada más.
Ahora eran aliados. Pero siempre serían enemigos.
Así era y así tenía que ser.
—No te preocupes —le dijo Wynter a Jonas dándole una palmadita en el hombro—. Cuando te presente a Galen y os vayáis a almorzar, me llevaré a Castaña y le daré un bonito y largo paseo por el Distrito Mercantil. Seguro que ni se entera.
Jonas parecía un poco perturbado por la idea, pero suspiró y les dijo a Viri y a Reeve:
—Mantendré a Galen alejado todo el tiempo que pueda, pero, si podéis, no os quedéis en el despacho de la magistrada.
Viri tenía muy presente que Reeve y ella se arriesgarían a que los capturaran con cada segundo que pasara, pero no eran los únicos que corrían peligro con el plan.
El Distrito Mercantil era un lugar muy transitado, así que era complicado que los cazadores que deambularan por sus caminos detectaran a Jonas o vieran sus venas negras, sobre todo después de que Sage hubiera extraído élixen de él la noche anterior; la posibilidad de que lo pillaran era mínima, pero existía.
El Gremio de Cazadores era pequeño en comparación con la Nox, pero, aunque no los superaban en número, lo compensaban con las habilidades que tenían, y una de ellas era la vigilancia constante.
Jonas podía ocultarse entre la muchedumbre, pero no debía bajar la guardia.
—No tardaremos mucho. Será entrar y salir —le prometió Viri—. Y, después, podrás volver aquí y enterrar la cabeza en todos estos libros.
Sus palabras tuvieron el efecto esperado y los nervios de Jonas quedaron eclipsados por la emoción que sintió.
—Me muero de ganas. Wynnie me ha dicho que va a enseñarme más sobre runas. ¡Qué bien nos lo vamos a pasar investigando sobre los cometas!
—¿ Wynnie ? —repitió Viri en voz baja mirando a Wynter, que carraspeó y negó con la cabeza, como si quisiera transmitirle que no tenía agallas para decirle al sorprendentemente amable segador cómo tenía que llamarla. O cómo no , más bien.
Reeve, después de observarlos a todos, exclamó en voz alta:
—La reunión de la magistrada con el Consejo Supremo no durará mucho, así que tenemos que aprovechar el tiempo que tenemos. —Con una sonrisa maliciosa, añadió—: Y ahora, vamos a saltarnos algunas normas.