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E n cierto modo, el plan que idearon era sencillo, sobre todo tras caer en la cuenta de que podían infiltrarse en la Cumbre sin que nadie los viera.
Cualquier otro día habría sido imposible, pero el Consejo Supremo se reunía los viernes a mediodía todas las semanas, lo que les daba una hora entera durante la cual Sarielle y sus compañeros estarían metidos en la sala de reuniones.
Aun así, su asistente, Galen, seguía siendo un problema porque su escritorio estaba justo delante del despacho de la magistrada, pero Wynter estaba segura de que podrían conseguir distraerlo durante el almuerzo sirviéndose de las sutiles dotes de coqueteo de su «nuevo amigo» Jonas.
Eso les dejaría a Reeve y Viri la entrada despejada para que pudieran colarse en el despacho, hacerse con lo que necesitaban y volver a salir a hurtadillas.
Y, con suerte, sin que los detuvieran en el proceso.
Cuando dejaron el plan todo lo atado que pudieron, había pasado tanto tiempo que, a través del cristal abovedado, se veían los rayos de sol hundiéndose en el lago y diversos tipos de criaturas nadando en él, lo que les indicó que ya era bien entrada la mañana.
En cierto modo, Viri se sentía aliviada de que no pudieran hacer nada hasta mediodía porque eso significaba que podría acurrucarse en el sofá de Wynter y descansar un poco; estaba agotada.
En principio, tenía pensado echarse una pequeña siesta, pero todo lo que vivió la noche anterior se apoderó de ella en cuanto se acostó: enfrentarse a los segadores, el envenenamiento de Reeve, el secuestro de Jessalyn, los cometas de los amantes desafortunados, el deseo de Braedan de encontrar al Guardián y la inminente destrucción de los obeliscos.
Acabó durmiendo mucho más de lo que pretendía y no se despertó hasta que Wynter la sacudió por el hombro y le tendió un puñado de ropa justo antes de señalarle el baño que había en el laboratorio.
Aunque seguía medio dormida, se deshizo de toda la mugre que la cubría de pies a cabeza y, después, se enfundó el uniforme que Wynter debió haberle traído del apartamento mientras ella estaba dormida; era una muda limpia de su traje de cuero negro de cazadora y de la capa carmesí.
Se echó un vistazo rápido en el espejo lleno de vapor y se fijó en sus deslumbrantes ojos violetas y en que parecía más descansada de lo que se esperaba; llevaba la melena pelirroja y plateada atada en una trenza que le caía sobre el hombro, y seguía teniendo el pelo mojado, pero limpio; los arañazos que ocupaban su mejilla habían desaparecido por completo gracias a la pomada curativa de Wynter.
Viri, que por fin volvía a sentirse persona, salió del baño y se encontró con Reeve y Jonas, que también se habían duchado y cambiado de ropa mientras ella estaba dormida.
Jonas se había puesto otro jersey sin mangas, solo que este era con cuadros rosas y morados, pero también tenía un bolsillo frontal para Castaña.
Reeve iba vestido de negro, como siempre, pero esta vez sin sangre, sin barro y sin trozos de tela rajados por dagas; todavía tenía el pelo húmedo de la ducha y su mirada estaba lo bastante clara y alerta como para que Viri supusiera que, en algún momento de la mañana, también había aprovechado para descansar un poco.
—Casi es la hora —anunció Wynter.
Viri no vio su bata de médica en prácticas por ninguna parte, pero decidió no decir nada al respecto, sobre todo teniendo en cuenta el poco tiempo que tenían antes de que Braedan llevara a cabo sus amenazantes planes.
Además, necesitaban que Wyn siguiera investigando para averiguar todo lo que pudiera de los cometas.
—Toma —dijo Jonas acercándose a Viri y dándole una bolsa de papel marrón idéntica a la que sujetaba Reeve—. He aprovechado cuando he ido a por ropa para Reeve y te lo he traído.
Viri abrió la bolsa con cuidado y el repentino pero delicioso olor le hizo la boca agua de inmediato.
—Es un bocadillo de huevo y beicon... Mi favorito.
Jonas le sonrió y sus ojos buscaron a Reeve, que parecía concentrado a posta en sacar una magdalena de arándanos de su bolsa de papel.
—Eso me han dicho.
Viri podría haberse dejado influenciar por el hecho de que Reeve, después de siete años, recordara cuál era su desayuno preferido y que se lo hubiera contado a Jonas.
Podría haberse sentido conmovida, enfadada, triste, eufórica y un sinfín de emociones más.
En cambio, decidió ignorar todo lo que amenazaba con aflorar en su interior y solo escuchó el rugido de su estómago, por lo que le dio un mordisco al bocadillo.
Justo en ese momento, se le vino a la mente la cara de Jessalyn y se le hizo un nudo en la garganta que le impidió tragar.
¿Le habrían dado de comer a Jessy después de secuestrarla?
¿Estarían cuidando tanto de ella como del resto de los niños? ¿Los segadores eran...?
No , se dijo a sí misma. Para .
Soren había ido a buscar a su hermana y tanto Sage como Ardin estaban con él. Viri tenía su propio cometido y no podía permitirse preocuparse de la hermana de su amigo, porque solo le serviría para distraerse. Céntrate, no temas , repitió en su mente. Jessalyn estaría bien; tenía que estarlo.
—Yo también tengo algo para ti. —Las palabras de Wynter sacaron a Viri de sus pensamientos.
Su amiga la apartó de Reeve y Jonas y la llevó hasta su mesa de trabajo, donde tenía una pequeña colección de frascos alineados—.
Si todo va según lo previsto y vais directos de la Cumbre a buscar a tu hermano, me quedaré más tranquila si sé que llevas esto.
—Empezó a señalar los frascos de uno en uno—.
Detenubis y vigoricitrus; estos ya sabes cómo se usan.
La pomada curativa y la morfinina también.
Pero este es nuevo. —Wynter agarró un frasco tapado en el que había un polvo rojo—.
Todavía no he tenido la oportunidad de probarlo, pero puede venirte bien.
Mientras masticaba un trozo de su bocadillo, Viri preguntó:
—¿Tengo que tomármelo?
— ¡No! —gritó con la cara pálida.
Viri se asustó y estuvo a punto de atragantarse con un trozo de beicon.
—Perdona —dijo Wynter mientras cerraba el frasco—, pero te puedo garantizar que no vas a querer tragarte esto. Y tampoco lo inhales. De hecho, si puedes, ni lo toques .
—Entonces, ¿qué...?
—Es un explosivo —soltó sin rodeos y, en cuanto vio la cara que puso Viri, se encogió de hombros—. O eso espero . Como te he dicho, no he podido probarlo todavía. Pero he estado trabajando en una nueva fórmula que vi en uno de mis libros y estoy casi segura de que lo he hecho bien.
—En una escala de no funciona a cuidado con no saltar por los aires , ¿cuál es el nivel de certeza de tu «casi segura»? —preguntó vacilante conforme se terminaba el último bocado de su desayuno y tiraba la bolsa a la basura.
—Cuando digo que es un «explosivo», no me refiero a que sea una bomba incendiaria, así que no vas a hacer estallar nada; ni nada ni a nadie.
—Wynter la tranquilizó y dejó el frasco en su mesa—.
En realidad, se podría decir que funciona de forma explosiva , en el sentido de que tiene más alcance que, por ejemplo, el detenubis.
Si ves que te ataca un grupo de segadores, como anoche, solo tienes que romper el frasco donde estén la mayoría.
Si el polvo entra en contacto con su piel, o si lo respiran, deberían sentir los efectos casi de inmediato.
—¿Y qué les hará?
—Pues, si lo he elaborado bien, tendría que bloquear sus habilidades potenciadas por el élixen —respondió Wynter—.
La velocidad, la fuerza, la curación... No podrán beneficiarse de ninguna de esas habilidades.
No tiene efecto drenante como tu fílux, pero te ayudará a que estéis en igualdad de condiciones a la hora de enfrentarte a ellos, al menos hasta que desaparezcan los efectos.
Viri se quedó mirando el polvo rojo escarlata boquiabierta.
—¿Como unas encancelas temporales, pero en la versión de alquimia?
—Exacto —respondió con una sonrisa.
—Eres un genio, Wyn. —Viri se lo había dicho ya en muchas ocasiones, pero toda y cada una de las veces lo decía en serio.
—No me des las gracias todavía —la advirtió Wynter—. A lo mejor no funciona.
—Bueno, pero no por eso dejas de ser un genio.
Wynter miró a Viri con ternura.
—Te quiero, V —murmuró en voz baja—. Prométeme que vas a tener cuidado.
—Siempre —exclamó, estrechando la mano de su amiga—. Y yo también te quiero. Eres el Orión de mi Aurora. Lo sabes, ¿no?
—¿Por qué no puedo ser yo Aurora? —Wynter fingió hacer pucheros.
—Está bien —dijo riéndose por lo bajo—. Estaría encantada de seguirte a donde fueras.
—Hablando de seguir... —susurró Wynter conforme miraba con disimulo en dirección a Jonas y a Reeve, que estaban hablando tranquilamente al otro lado del laboratorio—.
Solo nos quedan unos minutos antes de que te vayas, así que más te vale invertir cada segundo en explicarme cómo es posible que me hayas ocultado un secreto tan jugoso durante tantos años.
De pronto, Viri sintió que el desayuno se le revolvió en el estómago.
—Braedan...
Wynter levantó una mano.
—No, no me refiero a tu hermano, querida; ya hemos hablado bastante de eso. Me refiero a Reeve.
—¿Qué pasa con él? —preguntó sobresaltada.
— ¿Que qué pasa con él? —repitió Wynter con incredulidad—.
¿Tú lo has visto? A ver, no es mi tipo; no hace falta ser alquimista para saber que la combinación de atractivo, inteligencia y una seguridad que roza la arrogancia es la receta perfecta para un auténtico desastre.
Pero, por todos los Sabios..., hasta yo reconozco que es muy agradable a la vista.
A Viri se le escapó una sonrisilla por la sutileza de su amiga, pero se puso seria de inmediato.