19 #3
—Entonces, ¿qué es esto? ¿Un plan B por si le falla el primero?
—Se corrigió a sí misma de inmediato—. O, si ya ha ido en busca del Guardián, entonces el plan B es el sacrificio, aunque ya lo ha puesto en marcha por si no llega al castillo antes de que nos visite el cometa Aurora.
Es decir, que va a usar la magalía o el cometa para destruir los obeliscos y condenarnos a todos.
Reeve no dijo nada, pero Viri sabía que había dado con la tecla. En ese momento, su corazón retumbó contra su pecho al murmurar:
—Tenemos que detenerlo.
—Eso también lo he dicho —respondió Reeve en tono seco—. Y varias veces, además.
Viri lo había comentado también en muchas ocasiones; de hecho, se había pasado años intentando detener a su hermano. Sin embargo, ahora más que nunca, sentía la urgencia por pararle los pies retumbando en su interior. Si Braedan había encontrado al Guardián... Si le había concedido su deseo...
Se obligó a respirar hondo. Por ahora, los obeliscos seguían en su sitio, por lo que la ciudad estaba protegida, y eso era lo único que importaba. Preocuparse por el futuro no iba a cambiarlo, así que necesitaba centrarse, no dejarse invadir por el pánico. Solo así lograría sobrevivir.
—Entonces, ¿cuál es el plan? —preguntó Wynter con la cara pálida mientras se levantaba del sofá de un salto para ir junto a Viri y Reeve; Jonas fue detrás de ella.
Wynter le devolvió a Castaña a regañadientes, aunque el conejito parecía contento y volvió a acomodarse en el bolsillo del chaleco de Jonas.
—El plan es que Viri y yo vayamos tras Braedan —respondió Reeve—.
Ha tenido una sólida ventaja al principio, pero estoy seguro de que no le será tan fácil encontrar el camino que llega al castillo.
Si conseguimos el mapa, deberíamos poder llegar al Guardián antes que él.
—Después, se giró hacia Viri y añadió—: El mapa perteneció a tu familia, así que la magia solo funciona para los que tengan sangre de Solace.
De modo que, además de Brae, tú eres la única que puede usarlo.
«Sé dónde está, pero tú eres la única que puede encontrarlo» . Viri recordó las palabras que le había dicho Reeve y, de pronto, entendió por qué había decidido localizarla en un principio. La necesitaba , pero ella no tenía claro si eso la hacía sentir poderosa o... decepcionada.
—Y, según tú, ¿cómo vamos a encontrar el mapa? —preguntó Viri.
Por primera vez en toda la noche, aunque ya era de día, notó a Reeve un poco incómodo.
—Esperaba que tú me lo dijeras.
—Pero ¿ yo cómo voy a saberlo? —gritó sobresaltada—. Si me he enterado de su existencia hace unos minutos.
Reeve se pasó la mano por el pelo; Viri supo entonces por qué estaba tan inquieto y él no hizo más que confirmárselo.
—Debería estar con las pertenencias que heredaste de tus padres. Como el fílux.
A Viri se le encogió el estómago. Tocó el látigo dorado que tenía enrollado en la muñeca y respondió:
—No me lo dieron hasta que terminé mi formación como cazadora. Pero no había nada aparte del fílux, y menos un mapa. Ni mapa ni talismán.
El problema era que necesitaban ambos objetos para sobrevivir a la nebruma.
—Yo no he dicho que te dieran nada, sino que te lo dejaron —contestó Reeve—. Eras muy joven cuando tus padres murieron. Seguro que alguien se ha encargado de quedarse con sus bienes por ti, y lo más probable es que sea la misma persona que se quedó el fílux hasta que te lo entregaron.
Viri se giró hacia Wynter y ambas cayeron en la cuenta a la vez.
—Mi madre —dijo Wynter en voz baja.
Viri se percató de un destello de los ojos plateados de Reeve que le hizo sospechar que el segador ya sabía la respuesta, pero que había preferido esperar a que lo averiguara por sí misma.
—Sarielle me entregó el fílux cuando llegó el momento oportuno —afirmó Viri en voz alta—. Pero el único motivo por el que lo tuvo guardado fue porque antes no lo necesitaba. Si tiene algo más de mis padres, es tan fácil como pedírselo y que me lo dé.
—Así de fácil, ¿no? —preguntó Reeve con recelo.
Viri se encogió de hombros.
—Ella tiene tantas ganas como nosotros de detener al Padre Segador.
A Reeve se le escapó una extraña risa ahogada.
—Yo diría que más, teniendo en cuenta todo lo que está en juego. —Relajó las facciones y, después, añadió—: En cualquier caso, ahora estás huyendo de la ley...
—Gracias a ti —bufó Viri con los labios apretados.
—… y Sarielle Starling es la magistrada —continuó Reeve, ignorando el tono mordaz de Viri—. Por muy cercanas que seáis, la ley la obliga a delatarte. Si acudes a ella para hablar de esto, o de cualquier otra cosa , no le quedará más remedio que llamar a la Nox.
—Fue ella misma quien me dijo que no hay precio que no esté dispuesta a pagar si eso significa encontrar al Padre Segador —alegó Viri—. De hecho, se podría decir que, indirectamente, me dio permiso para sacarte de la Críptula.
—Seguro que eso es una exageración —murmuró Wynter—. Ya sabes cómo es mi madre.
Viri abrió la boca para llevarle la contraria, pero la cerró al segundo.
Sarielle quería a Wynter y a Viri más que a nada, pero tanto su vida como su carrera profesional se basaban en la honestidad.
Si las cosas se pusieran feas, Viri quería pensar que su tutora la protegería, y sabía que eso era lo que Sarielle querría hacer, pero, en realidad, no se atrevía a poner la mano en el fuego por ello.
La cazadora suspiró y preguntó:
—Entonces, ¿qué hacemos? Si Sarielle tiene el resto de las pertenencias de mis padres, te aseguro no las guarda en nuestro apartamento.
—Mi madre tiene un almacén enorme en su oficina —murmuró Wynter en tono reflexivo.
—Pero eso es para los archivos, los informes legales y otros papeleos del consejo —respondió Viri al acordarse de todas las veces que había visitado a Sarielle en horario de trabajo.
—Estoy completamente segura de que ahí es donde tenía guardado tu fílux —insistió Wynter con ojos pensativos—. Si está custodiando algo más, lo tiene ahí, así que ese sería el primer sitio en el que yo buscaría.
—Digamos que ahora mismo no creo que sea buena idea que entre en la Cumbre campando a mis anchas, Wyn —espetó Viri, que se dio cuenta de que la frustración había invadido su voz; pero no por su amiga, sino por la situación—.
Y, antes de que te ofrezcas voluntaria para ir, si el mapa solo responde ante mí, tengo que ser yo la que vaya hasta allí para identificarlo.
—Y yo debería acompañarte para identificar el talismán —intervino Reeve mientras le daba vueltas a su anillo de ónix.
La respuesta de Reeve hizo que Viri se riera de incredulidad.
— Tú sí que no puedes entrar en la Cumbre. Te arrestarían en cuanto te vieran.
El chico alzó la ceja y la retó con la mirada.
—Pues más nos vale ponernos a trazar un plan, ¿no? Porque no podemos detener a Brae sin esos dos objetos y, para conseguirlos... —Su voz se fue apagando, pero sus cejas se alzaron mientras esperaba a que Viri terminara la frase por él.
Viri volvió a suspirar, esta vez con más fuerza, al darse cuenta de que solo tenían una opción.
—Tenemos que colarnos en la Cumbre.
—Qué gran idea —exclamó Reeve con una sonrisa triunfante—. Siempre he querido participar en un buen asalto. Bien, esto es lo que había pensado...