Sombra carmesí (Sombra carmesí 1) 19 #2
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—Yo diría que el amigo acabó enfadado con ellos —murmuró Reeve, mirando a Wynter, no a Viri, como si esperara ver alguna reacción por su parte, pero se limitó a asentir.

—Opino igual —afirmó la chica—. Menuda forma de traicionar a alguien.

—Que es una leyenda —repitió Viri cortante.

—¿Y cómo es que la conoces? —Wynter inclinó la cabeza hacia un lado y el pelo le cayó sobre el hombro—. El Guardián, las magalías... No es algo que forme parte de la sabiduría popular y, aun así, tus padres te lo contaban por las noches antes de irte a dormir. ¿De qué la conocían? ¿Y por qué ?

Antes incluso de hablar, Viri ya sabía que iba a arrepentirse de lo que estaba a punto de contarle a su amiga.

—Porque se supone que el marido y la mujer son antepasados de mi familia.

A Wynter casi se le salieron los ojos de las órbitas.

—¿Eres pariente del bebé al que resucitaron con esa magia especial?

Viri negó con la cabeza.

—No. —Se mordió el interior los carrillos—. Bueno, técnicamente, sí. Pero puede que venga de la línea del primer hijo, el que no murió.

— O podrías venir...

—Sea como sea —Viri interrumpió a Wynter antes de que terminara la frase—, no tiene importancia, porque pasó hace mucho tiempo, si es que llegó a pasar, y, aunque fuera descendiente de un bebé resucitado, no tengo ni una pizca de esa magia especial.

—O, en caso de haberla tenido, se la había entregado a los obeliscos en su ceremonia de concesión—. Deja de mirarme así, Wyn.

—Ay, perdona —dijo la chica de mala gana—, pero no todos los días se entera una de que su mejor amiga forma parte de una leyenda ancestral .

—Porque no es así. Mis tatara-tatara-tatarabuelos sí, pero tampoco tiene importancia, porque todos tenemos familiares con historias interesantes que contar. Solo que la mía resulta que incluye un Guardián, magalías y magia heterodoxa para resucitar a un bebé.

—Y no te olvides de la parte de la traición —exclamó Reeve con la mirada todavía clavada en Wynter; ahora su rostro estaba relajado por lo que fuera que vio—. Eso también es importante.

—¿Qué sabrás tú? —bufó Viri en voz baja.

Wynter, que seguía confusa, preguntó:

—¿Cómo es que no queréis saber más de esta historia? Yo tengo mil preguntas. —Respiró hondo y se sentó aún más recta—. El mapa, el talismán... Si fueron pasando de generación en generación...

—Y, por fin, puedo explicaros por qué estamos aquí —interrumpió Reeve de pronto. Seguía de pie delante de Viri y fijó toda su atención en ella cuando le preguntó—: ¿Por qué te pensabas que quería que recordaras esa historia?

—Reeve, estoy cansada —protestó—. Llevo toda la noche sin dormir gracias a ti, así que, en lugar de jugar a las adivinanzas, suelta ya lo que tengas que decir. Pero, si vas por donde creo que vas, ni te molestes.

El segador se quedó mirándola con la esperanza de que sacara conclusiones por sí misma.

Viri volvió a protestar.

—No. No . Braedan no está buscando al Guardián de Isla Elverdine. Es imposible. Esa leyenda es un mito y, aunque no lo fuera, el Guardián llevaría muerto muchísimos años. Los magos ancestrales eran poderosos, pero no inmortales.

—Los Magos Sabios sí —intervino Wynter—. Pero, aun así, el título de «Guardián» podría haber pasado de generación en generación hasta llegar a otra persona.

—Muy bien —dijo Viri con la mandíbula apretada—. Si el Guardián existe por alguna clase de obra divina, Brae necesitaría igualmente...

—¿Recuerdas el mapa y el talismán que tenían tus padres? —preguntó Reeve, arqueando una ceja—. Esos que tenían guardados en un cofre protegido con tutelas detrás de la pared oculta de su armario.

Viri notó que sus pulmones se quedaron sin aire.

—¿Cómo dices? —exclamó con la respiración entrecortada.

—Los encontramos sin querer —respondió Reeve—.

Brae y yo... Fue un día que estábamos haciendo el tonto y buscando un sitio que estuviera bien oculto para la próxima vez que jugáramos al escondite contigo.

—Y, con tono triste, añadió—: Siempre nos encontrabas de momento y queríamos hacernos con un sitio donde te fuera más difícil dar con nosotros.

Viri ignoró la punzada de dolor que sintió y trató de dejar los recuerdos a un lado.

—La tutela estaba vinculada al linaje de tu familia, así que yo no podía abrirla.

Sin embargo, en cuanto Brae tocó el cierre del cofre, se abrió.

—Reeve siguió hablando—: Al principio, no sabíamos qué habíamos encontrado.

Con el mapa no tuvimos duda de lo que era, pero tardamos en darnos cuenta de qué lo hacía tan especial; cuando vimos que abarcaba toda la isla y que iba más allá de la ciudad, hacia lo que pensábamos que era territorio inexplorado, nos dimos cuenta de su peculiaridad.

Sin embargo, lo que nos dio la pista definitiva fue la línea de puntos que atravesaba Mistwood, porque se movía .

Cada vez que parpadeábamos, el camino cambiaba, aunque siempre desembocaba en el mismo punto: un lugar que se encontraba en el extremo noroeste de la isla que se llamaba castillo Nevarnost.

—Nevarnost... —susurró Wynter—. Suena bastante mágico; el sitio idóneo para que viva un mago ancestral.

Viri seguía teniendo muchas preguntas.

—Entonces, dices que encontraste el mapa...

—Yo no, nosotros .

—… pero, ¿lo del talismán? ¿Cómo estás tan seguro de que lo era?

Reeve le respondió con el mismo tono engreído con el que le había hablado ella.

—Porque lo probamos.

—Ya, claro, buena esa —se mofó Viri—. Eso significaría que... —Se calló un momento y se puso pálida—. Dime que no es verdad.

Reeve encogió un hombro.

—Éramos jóvenes e intrépidos.

— Estúpidos , querrás decir —le corrigió Viri.

Jonas tosió para disimular una risita que se le escapó, pero Wynter no se molestó en ocultar la suya.

—Teníamos que averiguar cómo funcionaba —respondió Reeve a la defensiva—.

Tus padres nos habían contado tantas veces esa historia que nos la sabíamos de memoria y no nos cabía la menor duda de que el mapa era mágico, así que tampoco era un disparate que confiáramos en que el talismán surtiera efecto.

Y, de hecho, funcionó, porque nos adentramos en la niebla y los dos seguimos vivos.

Viri no sabía qué decir; se le encogió el estómago solo de pensar en cómo se la habían jugado al traspasar la nebruma.

De pronto, en el rostro de Reeve se dibujó una media sonrisa.

—Vaya, sombrita, veo la preocupación en tu mirada...

Viri se pasó una mano por la cara.

—No, es solo que me decepciona que funcionara.

El chico empezó a reírse a carcajadas.

—Ahí están otra vez tus mentiras. —Reeve negó con la cabeza con aire divertido y, al segundo, retomó la historia—.

Brae y yo queríamos buscar al Guardián para que nos concediera las magalías, pero tus padres se enteraron de que habíamos estado fisgoneando entre sus cosas y, cuando volvimos a por el cofre, había desaparecido.

Buscamos hasta debajo de las piedras, pero nunca más dimos con él.

El alivio que sintió Viri se le reflejó en la cara.

—Entonces, Braedan no tiene el mapa y el talismán, ¿no? —El alivio quedó eclipsado por la rabia—. ¿Cuál es la finalidad de que me cuentes todo esto? No puede encontrar al Guardián sin el mapa y el talismán.

—El talismán forma parte de una colección, ¿te acuerdas? —dijo Reeve—. Puede que Brae no tenga el que le perteneció a tu familia, pero eso no significa que no haya podido encontrar otro.

—Claro, como crecen en los árboles... —respondió Viri con ironía.

—Mira a tu alrededor —exclamó el segador señalando el colorido laboratorio de alquimia—. Vosotras dos no sois las únicas de la ciudad que poseéis magia excepcional.

—En eso tiene razón —dijo Wynter, cambiando de postura en el sofá—.

Por experiencia os digo que la gente hace todo lo posible por atesorar y ocultar objetos encantados.

No me parece una locura pensar que tu hermano haya podido hacerse con uno de esos talismanes, por ejemplo, comprándoselo a un coleccionista discreto, sobre todo si ya sabía lo que estaba buscando.

Viri no quería darle la razón porque le aterraba la realidad que se ocultaba tras las palabras de Wynter.

—En el hipotético caso de que Brae hubiera conseguido uno de los talismanes, sería para nada, porque le faltaría el mapa.

—Sí, pero lo ha visto —contestó Reeve—. Aunque fuera hace años, siempre ha tenido muy buena memoria, incluso después de la ceremonia de concesión. Estoy seguro de que podría dibujar una copia mientras duerme.

—Pero no sería mágico.

—Y no es necesario que lo sea. El mapa mágico muestra el camino que va directo al castillo Nevarnost, el que cambia cuando el bosque se mueve.

Pero, como he dicho antes, el final que vimos siempre era el mismo.

Una persona que no supiera cómo moverse por el cambiante bosque Mistwood tardaría mucho más en recorrer el trayecto, pero Brae acabaría encontrando el camino de una forma o de otra.

Viri notó que se le iba acelerando el pulso conforme el miedo la invadía. Era imposible, estaba del todo segura, pero, aun así...

—Pongamos que te creo, que Brae puede atravesar la nebruma sin problemas y que lo único que necesita para encontrar el castillo es echar mano de sus recuerdos de un mapa que vio hace ya unos cuantos años —exclamó Viri.

Quiso sonar escéptica, pero tuvo que tragar saliva al notarse la garganta seca—.

Pongamos que, mientras hablamos, él está encontrando la forma de llegar hasta el Guardián.

Cuando llegue allí, ¿qué? ¿Va a pedir su magalía? ¿Y cómo pretende usarla?

—Ya te lo he dicho —espetó Reeve sosteniéndole la mirada—: si no lo detenemos a tiempo, todos en la isla morirán.

—Estabas hablando del sacrificio.

—No, eso lo has dado tú por hecho.

Viri dio un paso hacia atrás y, de repente, lo entendió todo.