18
V iri no podía dejar de temblar cuando Soren les contó lo poco que sabía sobre la desaparición de Jessalyn.
Empezó hablando del momento en el que se despertó después de que Reeve lo dejara inconsciente y del interrogatorio de un encolerizado Darik, que acabó mandándolo a su casa.
Cuando llegó, encontró una nota que había dejado la niñera de Jessalyn diciendo que su hermana se había ido a dormir a casa de su amiga Mia, algo que tenía la costumbre de hacer cuando a Soren le tocaba patrullar en el turno de noche.
—Como tenía tan reciente todo lo de los niños desaparecidos y el sacrificio, tuve que comprobar por mí mismo que estaba a salvo, aunque eso significara despertar a la familia de Mia —dijo Soren mientras daba vueltas por el laboratorio y se pasaba las manos una y otra vez por el pelo hasta que pareció un revoltijo de arena, algo muy poco propio de él.
Otra prueba de lo consternado que estaba era que tenía el uniforme negro sin abrochar y arrugado—.
Cuando llegué, sus padres estaban despiertos, y supe de inmediato que había pasado algo.
Me dijeron que Mia y Jessy habían quedado con unos compañeros de clase para tomarse un helado después de cenar, pero. .. —Tragó saliva—. Nunca volvieron.
Viri habría jurado que se quedó sin aire mientras escuchaba el relato de su amigo.
Sabía que Wynter estaba a su izquierda, moviéndose alterada, que Reeve estaba de pie a su derecha, completamente quieto, y que Sage y Jonas estaban un poco más atrás, prestando atención a lo que les estaba contando Soren.
—Volví corriendo al trabajo para dar la alarma, pero los guardias de la recepción me dijeron que acababan de salvar y llevar a sus casas a ocho niños, incluyendo algunos de los amigos de Jessy. Así que corrí volviendo al apartamento para ver si estaba allí, pero no.
Una mezcla entre grito ahogado y sollozo se escapó de los labios de Viri, que estaba horrorizada por la situación.
Se puso de pie, aunque estuvo a punto de caerse, pero Reeve la agarró de la mano y sentir su tacto la ayudó a estabilizarse.
Ni siquiera se planteó la opción de soltarlo, sino que lo agarró con fuerza y se giró hacia él; entonces vio en sus ojos pétreos que acababa de llegar a la misma conclusión que ella.
«¡Todo esto es culpa tuya !». La voz de Sage se abrió paso en la mente de Viri. «¡ Tú tienes la culpa de que hayamos perdido a esos niños!».
Soren siguió hablando y les explicó que había ido a buscar a los amigos de su hermana y les había preguntado sobre su paradero, pero ninguno sabía nada.
Viri apenas lo oyó; sentía una punzada tan aguda en el pecho que se le estaba nublando la vista conforme las palabras de Sage retumbaban en su cabeza sin cesar.
—Respira, sombrita —le susurró Reeve al oído para sacarla de sus tormentosos pensamientos. Se acercó tanto a ella que el calor que manaba de su cuerpo bastó para derretir el hielo que recubría el de ella—. Respira si no quieres desmayarte.
Al escuchar su tono autoritario, Viri dio un par de bocanadas de aire; empezó a recuperar la visión, la punzada de su pecho se alivió y las palabras cargadas de ira se callaron. Pero, aun así, el miedo que sentía le había calado hasta los huesos.
—Y, por fin, conseguí hablar con un chico, Mateo, y me dijo que una cazadora con una capa roja y otras tres personas que solo podían ser segadores por lo rápido que se movían los habían salvado del grupo de segadores que los habían secuestrado —contó Soren.
Miró a Viri y observó el barro seco del fangoso callejón y la sangre ya hecha costra que la cubría, y, al segundo, sus ojos se posaron en Reeve, Sage y Jonas—.
Erais vosotros, ¿verdad? Vosotros salvasteis a esos niños.
A Viri seguía costándole respirar, así que hablar le resultó imposible, por lo que no le dijo nada de que no era Jonas, sino Ardin, y se limitó a asentir.
Sin embargo, Reeve sí que intervino:
—Sí, fuimos nosotros. Pero, por desgracia, hubo un grupo que desapareció mientras estábamos luchando.
—Ya, me lo ha contado Mateo. —El rostro pálido de Soren se giró hacia Reeve—. Por eso he venido a buscaros. Por favor, tengo que encontrar a mi hermana. No puedo... —exclamó con la voz rota—. No puedo perderla. Haré lo que sea. Decidme... Decidme qué tengo que hacer.
Viri sintió como si acabaran de clavarle un puñal en el corazón. Era un hecho insólito que un guardia de la Nox le pidiera ayuda a un segador, y, sin embargo, allí estaban.
Reeve y Soren estuvieron un rato mirándose sin apartar los ojos plateados de uno de los marrones del otro, hasta que Reeve se giró hacia Sage y dijo:
—Viri y yo tenemos que ir a por Brae, pero, en caso de que el plan no vaya como tenemos previsto, os necesitamos aquí para encontrar a esos niños. Localiza a Ardin, haz que avise a sus contactos de confianza y dile que solo tenemos hasta el domingo, que es cuando llega el cometa.
— ¿El domingo? —exclamó Soren alarmado y más pálido aún. Wynter saltó del sofá y apareció a su lado de inmediato; le rodeó con un brazo y empezó a susurrarle algo para tratar de calmarlo.
Reeve siguió dándole órdenes a Sage.
—Si no podemos encontrar a los niños, entonces tendremos que averiguar dónde van a hacer el sacrificio. Pero no olvidéis que tanto los guardias de la Nox como los cazadores también estarán buscándolos, así que tened cuidado de no cruzaros con ellos, porque no tienen ni idea de que somos aliados.
Ahí estaba otra vez esa palabra: aliados.
Hasta esa noche, Viri jamás había contemplado la posibilidad de aliarse con un segador, pero todo apuntaba a que Reeve y sus amigos segadores estaban cumpliendo su promesa: ayudar.
No tenían por qué caerle bien, ya que hasta los Sabios sabían que eso era imposible que pasara, pero ya había llegado el momento de dejar a un lado las dudas y, al menos, intentar confiar en que estaban todos en el mismo bando.
Aunque solo fuera por unir fuerzas para encontrar a Jessalyn.
—Entendido —exclamó Sage asintiendo con decisión.
Reeve le devolvió el gesto y, después, la señaló a ella y a Soren.
—Archer, esta es Sage D’alia, una luchadora maravillosa y una fiel amiga. Si crees que puedes soportar trabajar con segadores, ella te llevará con otro de nuestros amigos, Ardin Avarni. Ellos se encargarán de hacer todo lo que esté en sus manos para ayudarte a encontrar a tu hermana.
Viri, al ver la desconfianza que reflejaba el rostro de Soren, sumado a la culpa que sentía por el secuestro de Jessalyn, dijo:
—Quizás yo deba ir con...
—No —la interrumpió Reeve, apretando su mano. Viri se había olvidado de que todavía tenían sus manos entrelazadas y soltó al segador de inmediato—. No sé cómo explicarte lo importante que es que encontremos a tu hermano.
La cazadora se había percatado de que Wynter seguía susurrándole algo a Soren; estaría poniéndolo al tanto de la verdadera identidad del Padre Segador y del pasado que compartían Viri y Reeve, pero, a pesar de la cara de sorpresa que le estaba viendo a su amigo, posó la mirada en Reeve y le respondió:
—Soren me necesita. Y Jessy también.
—La ciudad entera te necesita más —le rebatió Reeve—. Si no detenemos a Braedan antes de que haga lo que tiene previsto, todos los habitantes de la isla morirán.
Las palabras resonaron en la sala como un trueno y todos se sumieron en un silencio ensordecedor.
De repente, Viri se dio cuenta de lo que ocultaba su dramática afirmación y, en tono acusador, espetó:
—Tú sabes lo que tiene pensado hacer con el poder del cometa, ¿verdad?
Reeve contrajo la mandíbula mientras se debatía entre responderle o no. Tardó unos segundos, pero, después de dejar escapar un suspiro, compartió lo que sabía.
—Si el sacrificio sigue adelante, el poder que extraigan del cometa Aurora será lo bastante fuerte como para destruir los obeliscos.
Viri se quedó mirándolo, convencida de que debía de haberlo oído mal.
Y no fue la única, porque Wynter, aunque se le trabaron las palabras, preguntó:
—Pero... si destruyen los obeliscos, destruirán las tutelas protectoras que rodean la ciudad. Y no habrá nada que nos proteja de la nebruma.
Soren se llevó una mano a la sien; parecía mareado.
—Y si eso pasa, los niños no podrán llevar a cabo la concesión, por lo que los segadores tendrán vía libre para extraer élixen de quien elijan, sin limitaciones de edad.
—No podrán. Si los niños no entregan su magia, acabarán consumiéndose —explicó Wynter—. Al no saber cómo evitar que eso pase, morirán. O, en caso de que logren sobrevivir, van a ir por ahí como entes sin alma.
—¿Tú te crees que a los segadores les importa si las personas de las que se alimentan están conscientes o no?
—le rebatió Soren—. Mientras lo consigan, no les importa una mierda de dónde venga el élixen que extraen.
—Pasó la mirada por Reeve, Sage y Jonas e hizo una mueca, como si acabara de caer en la cuenta de que estaban allí para ayudar y añadió a regañadientes—: Sin ofender.
Viri intervino, aunque le temblaba la voz:
—Hay un problema muy grave. Si no hay tutelas protectoras que mantengan la nebruma alejada, entonces nadie podrá vivir en la superficie. Lo que significa que nos quedaremos atrapados en el interior de las montañas en la subterra. Y eso se traduce en que...
Wynter se llevó la mano al pecho.
—Las granjas. Los muelles. No podremos llegar hasta ellos.
Viri asintió con expresión sombría. Sin nada que los protegiera de la nebruma, no tendrían forma de acceder a sus fuentes de alimentos: cereales, verduras, frutas, carne, pescado.
.. Lo perderían todo . Tendrían que abastecerse con lo que tuvieran almacenado, pero, al final, la población entera acabaría muriéndose de hambre.
—Un momento... Esperad —murmuró Wynter con la frente arrugada—. Si todos morimos, el Padre Segador no se beneficiaría en absoluto. Los segadores son humanos y, por tanto, también necesitan comida.
Sage se señaló las venas negras del brazo.