Sombra carmesí (Sombra carmesí 1) 17
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C uando Viri volvió a entrar en el laboratorio, Reeve y Sage interrumpieron de forma repentina lo que parecía una conversación bastante tensa.

Jonas, que estaba al otro lado de la sala, se apartó de un salto del terrario mágico; su cara era una mezcla de culpabilidad, asombro y un poco del brillo de la rosa angelical, una indiscutible señal de que había tocado los pétalos y, después, se había pasado los dedos por la cara.

El pelaje marrón de Castaña también emitía algunos destellos, como si tuviera unas manchitas rosas que brillaban al mover la nariz.

—¿Todo bien? —preguntó Reeve en un tono inseguro y receloso cuando Viri y Wynter se acercaron a ellos.

Viri entendía que fuera cauto, pero ahora ella volvía a tener el control y estaba preparada para, al fin, obtener las respuestas que necesitaba, de modo que soltó lo primero que se le pasó por la cabeza:

—¿Por qué estabais en el callejón esta noche? ¿Por qué salvasteis a esos niños, a pesar de que eso significara enfrentaros a algunos de los vuestros?

Si a Reeve le pilló por sorpresa que esas fueran sus primeras preguntas, no lo demostró; su rostro permaneció tranquilo y decidido cuando respondió:

—Prometí darte respuestas, así que pregunta lo que quieras. Pero ten en cuenta que, como te dije, ambos estamos luchando por lo mismo.

Viri no pudo evitar que su tono reflejara sus dudas al decir:

—Detener el sacrificio del cometa Aurora.

Wynter levantó una mano.

—Lo siento, ¿el sacrificio de qué?

Reeve la ignoró y le respondió a Viri:

—Nosotros tres —dijo señalándose a sí mismo, a Sage y a Jonas— llevamos meses trabajando para impedir todos los traslados posibles, para ser exactos, desde que oímos los primeros rumores sobre los niños secuestrados y el motivo que había detrás.

Ardin tiene muchos contactos en el mundo de los segadores, así que, cuando se entera de que van a trasladar a los niños a algún sitio o a reubicarlos, averigua la ruta que van a tomar y ahí es cuando intervenimos.

Por lo general, vamos solos o en grupos de dos para que a tus amigos de la Nox no les dé por husmear, ya que solemos llevar a los niños a los que ayudamos de vuelta a sus casas sanos y salvos sin ni siquiera saber por qué los secuestraron.

De hecho, casi nunca se dan cuenta de que fue un segador el que los secuestró ni de que son segadores los que los salvan.

Viri se acordó de todos los documentos con números tres en rojo y todas las casas a las que acudió donde ya habían vuelto los niños. En ese momento, se preguntó a cuántos de ellos habrían salvado Reeve y sus amigos.

—Pero esta noche ha sido distinto —siguió diciendo Reeve, aunque la preocupación que sentía le hizo bajar el tono—. Nunca había visto un grupo tan grande.

—Ya sabes lo que eso significa —exclamó Sage con seriedad—. Solo puede haber un motivo por el que estén asumiendo tantos riesgos, con tal cantidad de segadores vigilando el traslado... Y todo por unos niños a los que consideran «repuestos».

Jonas se quedó pálido.

—El cometa debe estar cerca.

—¿Qué cometa? —preguntó Wynter con el ceño fruncido—. ¿Y qué pasa con esos niños?

—Me estás diciendo que esta noche —espetó Viri dirigiéndose solo a Reeve—, cuando me dejaste inconsciente con tu magia, algo de lo que, por cierto, hablaremos después, ¿fue para que pudieras irte a salvar a esos niños?

¿Que todo ha sido para impedir que los utilicen para el sacrificio del cometa Aurora?

—Más bien para ralentizarlo —contestó Reeve—.

No podemos controlar los tiempos del cometa, pero los niños.

.. Necesitan cincuenta para el sacrificio, así que cada niño que salvemos es otro niño al que secuestran en su lugar.

—Se encogió de hombros—. Hemos hecho lo que hemos podido con la poca información que teníamos.

Viri casi no podía creer lo que estaba escuchando, pero había una voz en su interior que no dejaba de gritarle.

—¿Y por qué no me lo dijiste ?

Reeve la miró fijamente.

—¿Acaso me habrías creído?

—Yo...

—No me mientas.

La cazadora se dejó caer sobre sus talones; le molestaba que Reeve tuviera razón una vez más. Jamás habría creído que un segador protegiera a unos niños en lugar de aprovecharse de ellos para extraer élixen. Sin embargo, era algo que había visto con sus propios ojos.

Estaba frustrada con Reeve, consigo misma y con el hecho de que hubieran perdido a cuatro niños, aunque consiguieran salvar a ocho; no dejaba de pensar que era algo que no habría pasado si ella hubiera estado al tanto de todo. Entonces, arrastrada por el resentimiento, le soltó:

—Antes, Sage dijo que todo había sido culpa mía, pero el único responsable eres tú . Es imposible que te odie más de lo que te odio ahora mismo.

—No —dijo Reeve en un tono de lo más calmado—. Odias a la persona que crees que soy. Hay una diferencia muy grande.

Antes de que Viri pudiera responderle o procesar lo que el segador le había dicho, Wynter gritó:

— ¡Perdonad! —Todos los ojos se clavaron en ella—. ¿Alguien puede explicarme de qué demonios estáis hablando? ¿ Qué sacrificio?

Viri, tras hacerle un gesto en señal de disculpa a su amiga, la puso al día. Le contó todo lo que sabía sin entrar mucho en detalles y acabó explicándole que no sabían cuándo ni dónde tendría lugar el sacrificio, ni qué tenía pensado hacer Braedan con tanto poder si acababa completándolo con éxito.

Cuando terminó de contárselo todo, el rostro de Wynter había adoptado un tono verde enfermizo, pero no era la única que estaba aparentemente afectada por todo lo que estaba pasando.

Sage parecía estar conteniéndose las ganas de darle un puñetazo a Viri por lo que había dicho de las malvadas intenciones de Braedan y Jonas acababa de sacarse a Castaña del bolsillo para acunar al conejito contra su pecho para tranquilizarse.

Reeve era el único sereno y estaba observando otra vez la cúpula de cristal; ahora que estaba a punto de amanecer, el tono del agua era más claro aún.

—Aurora... Aurora... —Wynter repitió el nombre con los ojos vidriosos mientras se perdía en sus pensamientos—. ¿De qué me suena...?

La chica parpadeó, ahogó un grito y salió corriendo hacia sus estanterías. De pronto, sacó otro grueso tomo, uno con la portada llena de estrellas fugaces y planetas refulgentes.

—El cometa Aurora. Estoy segura de que ya he leído algo sobre ello —exclamó Wynter mientras pasaba las páginas a toda prisa y volvía al sofá para sentarse. Entonces soltó un grito triunfante—. ¡Lo tengo!

Se apoyó el libro en el regazo y señaló con el dedo un párrafo de la página que tenía por delante para que todos se acercaran a ella; Viri se sentó a su lado y tanto Reeve como Sage y Jonas se quedaron de pie, hombro con hombro, y se inclinaron para ver el libro más de cerca.

El texto estaba escrito en la indescifrable lengua de runas y había una ilustración brillante en dorado en la esquina de la página: dos seres de luz dándose un apasionado abrazo.

—El cometa forma parte del Adastrum Devotis: los amantes desafortunados —explicó Wynter al traducir las runas.

—¿Parte de qué? —insistió Reeve mientras examinaba el dibujo.

—Aurora es solo una de las partes; es el primero de los dos cometas que aparecen una vez cada doscientos años —dijo Wynter conforme hojeaba la página—.

La historia cuenta que Aurora y su amado, Orión, eran dos magos con un poder tan impresionante que, cada vez que se tocaban, temblaban los cimientos del mundo entero.

La devastación que provocaban era un peligro para todas las criaturas que vivían en él, de modo que los Magos Sabios los desterraron a los cielos y se aseguraron de que estuvieran separados para siempre; por mucho que Orión luchara por su amada, nunca sería capaz de alcanzarla.

—Acarició el dibujo de la pareja abrazada—.

El cometa Aurora y el cometa Orión; donde vaya uno, el otro le sigue, y así para toda la eternidad.

—Qué historia tan deprimente—murmuró Jonas, apretando a Castaña contra su pecho—. ¿Por qué hay tan pocas leyendas que tengan un final feliz?

—Sea deprimente o no —exclamó Wynter, que seguía concentrada leyendo las runas con el ceño fruncido—, tengo una buena noticia, una mala noticia, una noticia peor y, por último, una muy buena noticia.

—Creo que me imagino cuáles pueden ser las malas. —Reeve, desde el instante en el que Wynter había empezado a contar la historia de los amantes desafortunados, estaba tenso—. Si hay un segundo cometa, significa que hay otra oportunidad para hacer el sacrificio, aunque consigamos frenar el primero.

Viri se quedó petrificada al darse cuenta de que Reeve estaba en lo cierto.

—Correcto —confirmó Wynter—. Pero la buena noticia es que, según esto…

—Señaló los antiguos escritos—. El sacrificio que se necesita para el cometa Orión es distinto al del cometa Aurora.

Aquí no se da mucha información, así que tendré que investigar más al respecto, pero se hace referencia a algo llamado ellixen abyssus , que podría traducirse más o menos como «magia abismal».

No sé qué quiere decir con exactitud, pero, al parecer, es bastante inusual.

Es decir que los dos cometas comparten los mismos elementos base: un corazón puro, poder mágico y un derramamiento de sangre.

Sin embargo, para el cometa Orión también hace falta esa magia abismal, lo cual es algo bueno porque, sea lo que sea, no creo que lo encuentre ni en un niño ni en muchos.

—Entonces, el cometa Aurora sigue siendo la principal amenaza —dedujo Viri sin sentir ni una pizca de alivio.