16 #2
—Quería mucho a mi padre. Era un hombre bueno y honesto, y no hay ni un día en el que no lo eche de menos.
—Algo cambió en su mirada al apartarla de Wynter y observar el techo abovedado de cristal—.
Mi madre, en cambio, puede arder en el infierno por las decisiones tan egoístas que tomó en su momento.
Esa manifestación tan violenta de Reeve hizo que Wynter se ablandara más aún.
—Yo me siento afortunada por la madre que tengo, pero mi padre... —Wynter se calló un momento y, al segundo, añadió—: Así que sé lo que sentiste cuando tu madre te abandonó. No se lo deseo a nadie.
El chico no dijo nada, pero el músculo de su mandíbula se tensó mientras sus ojos seguían clavados en el sombrío lago.
Viri se aclaró la garganta y retomó su historia:
—En cuanto Reeve se mudó con los vecinos, empezó a estrechar lazos con mi familia.
Sus padres adoptivos eran bastante mayores, tanto que ya no están con nosotros, y los míos siempre estaban por ahí cazando, así que la mayoría del tiempo estábamos solo nosotros, los niños.
Él y... Braedan... —Le costó decir el nombre de su hermano, ya que se había pasado siete años sin pronunciarlo en voz alta—.
Ellos hicieron buenas migas desde el primer momento.
Brae me saca cuatro años, así que es tres años mayor que Reeve, pero la diferencia de edad no impidió que se hicieran mejores amigos. Y, a donde iban ellos, iba yo.
—Sombrita... —A Reeve se le dibujó una escueta sonrisa, aunque no apartó la mirada del agua.
A Viri le fastidiaba que la llamara así y apretó los labios, pero se limitó a decir:
—Así fue como nos conocimos; éramos amigos de la infancia. Fin de la historia.
Wynter colocó los brazos en jarra.
—Fin de la historia, y una mierda. Has dicho que llevabas siete años sin verlo, y justo hace siete años que murieron tus padres.
Tus padres, a los que mató el Padre Segador.
.. Eso significa que fue tu hermano quien los asesinó.
—Wynter se inclinó hacia delante—. Creo que te has dejado atrás algunos detalles, V.
¿Por qué no me has contado que tenías un hermano?
¿Qué pasó hace siete años? ¿Por qué...? —Se calló un instante y suavizó el tono—. Por favor, V. Solo quiero entenderlo.
Viri se abrazó a sí misma; se negaba a mirar a Reeve, aunque por el rabillo del ojo vio que no movió ni un dedo. Sage y Jonas también se habían puesto bastante tensos ahora que sabía que Braedan, su líder, se había convertido en el tema de conversación.
—No tienes por qué responder —murmuró Wynter ante la falta de respuestas de Viri—. No quiero que te sientas obligada a contármelo. Solo quiero que sepas que... estoy aquí si necesitas hablar. Llevo aquí siete años.
La voz rota de Wynter fue lo que hizo que a Viri se le encogiera el corazón y que se diera cuenta de que quería contárselo todo a su amiga.
Así que respiró hondo y dijo:
—Fue en mi ceremonia de concesión, pero eso ya lo sabías. Tu madre me acogió ese día y tú misma viste el desastre de persona que fui durante los meses siguientes.
Reeve se movió, inquieto, pero Viri lo ignoró y siguió hablando:
—Lo que no sabes es que también era la ceremonia de concesión de Braedan.
Ese día, cumplía catorce años y, en realidad, no le hacía ni pizca de gracia.
Siempre había fantaseado con la idea de tener magia, aunque las leyes impidieran que se la quedara para siempre.
Para que le resultara más fácil, nuestros padres decidieron que ambos entregaríamos nuestro élixen a la vez.
Yo podría haber esperado otros cuatro años, pero les preocupaba que mi magia se volviera inestable antes de tiempo; o al menos eso es lo que los escuché hablando un día en secreto, así que sabía que tenían miedo de que me consumiera antes de la cuenta.
Y, al contrario que Brae, a mí no me importaba entregar mi élixen.
De hecho, me hacía ilusión compartir esa experiencia con él.
Al contarlo, revivió ese fatídico día y analizó los vagos recuerdos que solía mantener ocultos en lo más profundo de su mente.
—Mis padres eligieron el obelisco del sur para nuestra ceremonia porque es el más tranquilo, así que estuvimos solos en el límite con la necrópolis; no había nada a la vista salvo las tierras de cultivo y el bosque. Y allí estábamos los cinco: mi madre, mi padre, Braedan, Reeve y yo.
—¿Reeve estaba contigo? —le preguntó Wynter en voz baja; era la primera vez que llamaba a Reeve por su nombre.
—Era como de la familia —respondió Viri en el mismo tono al ver que el chico seguía moviéndose inquieto, pero con más violencia—.
Brae fue el primero en entregarle su magia al obelisco y todo parecía ir bien.
Después, me tocó a mí, y no sé si fue porque era más joven o porque mis padres tenían razón con lo de estar a punto de consumirme, que me desmayé en cuanto me deshice de mi magia.
Fue solo un momento, pero con eso bastó porque, cuando recuperé el conocimiento.
.. —Se tragó el nuevo nudo que se le había hecho en la garganta y su voz sonó tan áspera como una piedra cuando terminó la frase—. Mis padres ya estaban muertos.
Wynter se quedó pálida y dudó al preguntarle:
—¿Estás segura de que fue tu hermano?
—Afirmativo —exclamó y tragó saliva otra vez—. Braedan mató a nuestros padres. Sé lo que vi.
De pronto, Reeve se pronunció:
—En realidad, no. Tú misma lo has dicho: te habías desmayado.
Viri se dio la vuelta rápidamente.
—Así que, según tú, me imaginé a mis padres en el suelo después de que les robaran hasta la última gota de élixen y a Braedan de pie a su lado con las venas teñidas de negro, ¿no?
—Viri sintió como si el corazón se le volviera a hacer añicos; su dolor era crudo e imperecedero—.
No había nadie más allí, Reeve. Fue Braedan el que les extrajo el élixen.
El que los asesinó . Y, después, te marchaste con él antes de que los cazadores y la Nox llegaran. Lo elegiste a él.
Y, al tomar esa decisión, Reeve la abandonó, justo cuando más lo necesitaba. Viri sabía que jamás lograría desprenderse de ese pesar, como si fuera una herida que nunca sanaba.
Le costaba respirar y sintió que le ardían los ojos cuando volvió a girarse hacia Wynter.
—Estaba tan aterrorizada por lo que Braedan había hecho que le mentí al consejo.
Les dije que a mi hermano lo habían matado, al igual que a mis padres, y que su cadáver se lo había llevado el segador, que por eso los cazadores no iban a encontrar su cuerpo.
Tu madre se dio cuenta de lo afectada que estaba, aunque no por el motivo que ella pensaba, pero, para mí, fue un alivio que tuviera el detalle de prometerme que jamás volveríamos a hablar de él.
Por eso no sabías de su existencia y por eso, los que lo conocían, pensaban que estaba muerto.
El rostro de Wynter reflejó la mezcla de asombro y comprensión que sentía.
—No sé por qué has tenido que cargar con eso sola durante tanto tiempo, V. Ojalá me lo hubieras contado.
Viri no sabía cómo explicarle que no quería que lo supiera. Ni ella ni nadie . El dolor y la vergüenza que sentía... eran demasiado. Por aquel entonces y en ese momento.
En cuanto se tranquilizó, la cazadora se obligó a terminar de contar la historia.
—Al poco de morir mis padres, empezaron a circular rumores de que había un nuevo Padre Segador y decían que se trataba de un chico joven y poderoso; demasiado joven y demasiado poderoso.
Fue entonces cuando supe que lo de Braedan no había sido un accidente ni una tragedia de la que se hubiera arrepentido de inmediato.
Había sido un asesinato calculado, y me atrevería a decir que premeditado.
Braedan no quería entregar su magia y había encontrado la forma de poder conservarla; no solo dejó que aflorara su lado más oscuro, sino que, además, se convirtió en un líder despiadado y venerado por los demás segadores.
Yo no... —Resopló con fuerza—. No tengo ni idea de cómo pasó, de cómo se hizo con tanto poder con tan solo catorce años.
Aun así, siempre había sido bastante maduro para su edad, y ambicioso.
.., muy ambicioso. —Volvió a resoplar—. Y no era el único.
Viri se giró hacia Reeve y se secó con rabia una lágrima que recorrió su mejilla sin apartar la mirada de él.
—Tú lo apoyaste cuando se convirtió en ese monstruo. Y, al hacerlo, te convertiste en lo mismo que él.
Reeve no dijo nada para defenderse de las palabras de Viri, pero le sostuvo la mirada.
Sage, sin embargo, se entrometió.
—No sabes nada, cazadora. Si tuvieras idea de lo que...
—Sage —murmuró Reeve—. Déjala.
—No, por favor, me encantaría escuchar lo que tienes que decir —espetó Viri cortante conforme su dolor se transformaba en ira y señalaba las venas negras que cubrían los antebrazos de Sage—.
¿Fue Braedan el que os convenció de que matar a personas inocentes era la mejor vida que podíais elegir?
¿Ha cumplido el Padre Segador con vuestras expectativas de líder asesino?
—V... —Wynter se puso nerviosa al observar a Sage, que tenía las manos cerradas sobre las empuñaduras de sus dagas—. Tal vez podríamos salir a dar un paseo para que nos dé el aire.
—No necesito tomar el aire. —Viri casi le gritó a su amiga al sentir que la sangre le ardía por dentro solo de pensar en que alguien defendiera las decisiones que había tomado su hermano.
Y las de Reeve. Tenía tanta rabia dentro que una parte de ella quería que Sage la atacara, aunque solo fuera por tener una excusa para enfrentarse a la segadora.
—Bueno, pues yo sí —insistió Wynter, agarrando a Viri del brazo y arrastrándola tras ella.
— Wyn ... —exclamó Viri entre dientes.
—Dos minutos —la interrumpió su amiga mientras la empujaba por el laboratorio hasta que estuvieron fuera, en el sombrío final del túnel.
Cuando la puerta se cerró a sus espaldas, soltó a Viri y le dijo—: Como ves, me refería a tomar el aire literalmente.
Todo eso que acabas de contar es muy fuerte, así que vamos a zanjar el tema.
Tómate unos segundos para recuperar el control de la situación antes de volver ahí dentro.
—No necesito ...
—Sí que lo necesitas.
Viri apretó los dientes; odiaba que su amiga tuviera razón.
Había permitido que todas esas emociones negativas se apoderaran de ella, así que tenía que encontrar la forma de recuperar la compostura antes de volver al laboratorio, porque, de lo contrario, podría acabar haciendo algo de lo que, sin duda, se arrepentiría.
Tras hacer caso a su amiga y quedarse unos minutos en el túnel, cerró los ojos y respiró hondo.
Sus pulmones se llenaron del húmedo aire del subsuelo y el aroma terroso le recordó al relajante petricor.
Tomó aire una, dos y hasta tres veces. El fuego de la ira dejó de abrasarle las venas y la tensión de sus músculos desapareció.
El dolor, en cambio, permaneció con ella; nunca la había abandonado y nunca lo haría.
—¿Mejor? —preguntó Wynter.
Viri se dejó caer contra la pared.
—Un poco —murmuró, mordiéndose el labio y mirando a su amiga a los ojos—. ¿Estás enfadada conmigo por haberte ocultado tantos secretos?
—Todos tenemos secretos. —La expresión que invadió el rostro de Wynter era indescifrable, pero, al momento, se tornó en una sonrisa de culpabilidad cuando señaló con la cabeza su laboratorio clandestino—. Créeme, sé de lo que hablo.
A Viri se le escapó una carcajada.
—Ya, supongo que sí. Pero, aun así...
—No estoy enfadada —le aseguró—. Un poco decepcionada sí, porque me duele que no me lo dijeras.
Pero lo entiendo perfectamente. Que alguien a quien querías tanto te traicionara de esa manera.
.. —Negó con la cabeza—. Siento mucho que tuvieras que vivir todo eso.
Y que sigas teniendo que cargar con las consecuencias.
No sabía si Wynter se refería a Braedan, a Reeve o a ambos. En cualquier caso, se pasó una mano por la cara, agotada por la situación, y dijo:
—Odio todo esto. —Viri lanzó una mierda fulminante en dirección a la puerta—. Y odio que eso signifique que tengo que trabajar con ellos .
—Reconozco que no tengo muy claros los motivos, pero sé que nunca haces nada sin una buena razón —dijo, bajándose las mangas de su jersey azul cobalto—. Imagino que es uno de esos tratos de «el enemigo de mi enemigo es mi amigo».
Viri hizo una mueca.
—Creo que «amigo» es mucho de decir... —Suspiró—. Supongo que, más bien, somos aliados, en la definición más amplia de la palabra.
—¿Hay alguna posibilidad de que quieras explicarme qué sucede? —Wynter volvió a señalar el laboratorio con la barbilla—. Antes, dijiste que Reeve tiene información que necesitas sobre un asunto de vida o muerte.
Para Viri, recordar de dónde venía todo ese embrollo fue como si le tiraran un jarro de agua fría.
Aunque deseaba con todas sus fuerzas huir y dejar atrás todos sus problemas, sobre todo a los tres segadores que la esperaban detrás de la puerta, los niños desaparecidos seguían necesitando su ayuda. Y no pensaba decepcionarlos.
—Dentro te lo explico —prometió tras respirar hondo por última vez y empujar la pared que tenían delante—. Vamos a interrogar a esos segadores.