Sombra carmesí (Sombra carmesí 1) 15 #2
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—¿Te has vuelto loca? —gritó Wynter cuando recuperó la compostura y avanzó a toda prisa hacia Viri, con su brillante melena negra ondeando a sus espaldas—.

¿Sabes cuánta gente hay buscándote? Si estoy despierta es porque Darik ha entrado a empujones en el apartamento y nos ha despertado a mi madre y a mí para contarnos que le habías atacado.

La mitad de los guardias de la Nox están por ahí, buscándote.

Y supongo que a él también. —Wynter señaló a Reeve con el dedo—.

Ese es Ashton, ¿verdad? La mano derecha del Padre Segador.

—Después, señaló a Sage y a Jonas—. ¿Esos son sus amiguitos segadores?

Viri se estremeció y, por un momento, deseó que su amiga no fuera tan avispada.

—Esperaba contar con algo más de tiempo antes de que vinieran a por nosotros.

Los ojos zafiro de Wynter la miraron con recelo.

—Estoy completamente a favor de romper las normas, y lo sabes —exclamó señalando todos los objetos mágicos de contrabando que había a su alrededor—. Pero ¿ qué demonios , V?

—Necesitaba la ayuda de Reeve —confesó—. Se trata de algo muy importante.

—Teniendo en cuenta lo que has hecho, espero que se trate de un asunto de vida o muerte. ¿Tienes idea del enorme lío en el que te has metido?

—Sí, es un asunto de vida o muerte. Reeve tiene información que podría...

—¡Eh! —las interrumpió Sage, observándolas con el rostro serio y enfadado—. ¿Podéis poneros al día cuando nuestro amigo no se esté muriendo?

Viri se estremeció otra vez; sabía que Sage tenía razón.

—Por favor, Wyn —le suplicó Viri—. Le han envenenado con una armaligna.

Al mencionar la excepcional daga mágica, los ojos de Wynter se abrieron como platos y, al segundo, se entrecerraron de nuevo con desconfianza.

—¿Por qué debería ayudar a un segador?

—Porque el arma iba para mí —respondió Viri con tono áspero. Le aguantó la mirada a su amiga y, después, añadió—: Me salvó la vida. Y ahora yo tengo que salvar la suya.

Wynter se quedó mirando a Viri en silencio mientras sopesaba qué hacer; al momento, suspiró y dijo:

—Cuéntame qué ha pasado. El arma, los efectos del veneno... Todo.

Viri sintió una oleada de alivio y empezó a contarle con rapidez a su amiga todo lo que sabía, desde el momento en el que el segador sacó la daga hasta los síntomas que había experimentado Reeve antes de desmayarse.

Cuando terminó, Wynter asintió con decisión, se subió las mangas del jersey azul cobalto que llevaba puesto hasta los codos y se digirió hacia Reeve, que seguía tumbado en el sofá.

—Tú, chica del pelo morado —dijo Wynter chasqueando los dedos—. Dale la vuelta para que pueda verle la herida.

—Ella es Sage. —Viri la presentó de inmediato—. Y Jonas es el que está detrás del sofá.

Al oír su nombre, el chico rubio salió de su escondite y saludó a Wynter con timidez. Esta última parpadeó, incrédula.

—¿Eso que tienes en el bolsillo es un conejito ?

—Se llama Castaña —respondió Jonas acariciando la cabeza del conejo—.

Tiene ansiedad por separación, así que intento no dejarlo solo mucho tiempo.

—Se calló un segundo—. Técnicamente, es un conejo enano de orejas caídas, así que es mucho más pequeño que los conejos comunes.

Tiene el tamaño de una cría, pero se queda así para siempre.

Wynter seguía parpadeando, atónita.

—Es tan curioso como bonito —murmuró la chica antes de volver centrarse en Reeve, que en ese momento estaba descansando sobre su lado bueno para que la herida quedara a la vista de todos.

Al ver cuánto se extendía, Wynter reprimió una arcada.

—Puaj, sangre... Qué asco.

De pronto, Sage fulminó a Viri con la mirada.

—¿No habías dicho que tenía conocimientos de medicina?

—Se está formando para ser médica —respondió Viri. Después, bajando la voz, añadió—: Pero lo cierto es que no se le da muy bien que digamos.

—Perdona, guapa —exclamó Wynter con el ceño fruncido—. A mí se me da muy bien. O así acabará siendo, siempre y cuando me dejen curar a las personas a mi manera.

—Lo que quiere decir es que prefiere curar a sus pacientes usando la magia —les aclaró Viri a Sage y a Jonas—. Lo malo es que las curas creadas mediante alquimia están prohibidas.

—Las leyes son absurdas —dijo Jonas, subiéndose las gafas, que se le habían resbalado en el puente de la nariz—. Los magos ancestrales usaban la magia para todo, pero especialmente para curar.

—Y también sabían lo que hacían —señaló Sage—.

Se pasaron años y años formándose y tenían a su disposición conocimientos que habían recabado durante varias generaciones.

—Miró a Wynter, que estaba tocándole la herida de Reeve mientras intentaba no vomitar, y añadió con rotundidad—: Pero algo me dice que este no es el caso.

—Por desgracia para vosotros, soy vuestra única opción —dijo Wynter conforme se apartaba de Reeve y se iba directa a la estantería más cercana.

Estudió los lomos de los libros y sacó dos tomos gruesos forrados de piel, los llevó hasta su mesa de trabajo y los dejó caer con un golpe sordo—.

Tú, el del conejo, ven aquí. Tienes pinta de manejarte bien con los libros.

—¿Qué necesitas? —preguntó Jonas tras ir corriendo hacia ella.

La chica sujetó en alto uno de los tomos, que tenía una tapa en la que había grabados unos símbolos dorados.

—¿Sabes leer runas?

Jonas negó con la cabeza.

—Solo las letras básicas.

Wynter agarró el segundo libro, en el que se leía Potente Toxicum en la portada, y se lo dio a Jonas.

—Entonces, encárgate tú de este. Busca algo sobre piel verde y coagulación lenta. Si no encuentras nada, entonces prueba a buscar cualquier otro síntoma que haya tenido tu amigo desde que lo apuñalaron.

Jonas se puso a ojear el libro de inmediato y Wynter hizo lo mismo con el de las runas; había aprendido la lengua por su cuenta en los años que habían pasado desde que tuvo constancia de su laboratorio secreto y de la colección de libros antiguos que venía con él.

—¿Qué podemos hacer nosotras? —preguntó Viri señalándose a sí misma y a Sage.

—Toma. —Wynter le tendió un frasco con un líquido naranja brillante—. Que se lo tome.

Viri dudó un segundo al reconocer la pócima que tenía entre las manos.

—Mmmm... Esto es tu vigoricitrus, ¿no?

—No te preocupes, he perfeccionado la fórmula desde que lo probaste —respondió distraída mientras pasaba las hojas del libro que tenía delante—. Ahora es todo adrenalina y nada de abstinencia.

A Viri no le preocupaba lo de la abstinencia, sino el hecho de que era un potenciador de energía y Reeve estaba fuera combate. Solo los Sabios sabrían el efecto que la pócima podría tener en él.

Al ver que a su amiga la invadían las dudas, Wynter marcó con un dedo por dónde iba leyendo y paró para darle algunas explicaciones.

—Las enfermedades mágicas son muy complejas, V.

Tiene muchas más probabilidades de sobrevivir si está consciente para poder combatirla.

—Se puso seria y siguió hablando—: Sus pulsaciones son cada vez más bajas, así que no le queda mucho tiempo.

Es un riesgo, sí, pero está calculado, y sabes que no haría nada que pudiera hacerle más daño aún.

Él te ha salvado la vida y ahora vamos a salvarlo a él, ¿vale?

A Viri se le hizo un nudo en la garganta por lo agradecida que le estaba a su amiga, de modo que asintió con decisión y, después, destapó el frasco y lo posó sobre los labios de Reeve justo antes de inclinarle la cabeza hacia atrás con cuidado.

Viri enredó los dedos en el sedoso pelo negro como la medianoche de Reeve mientras, con una mano, lo ayudaba a tragarse el vigoricitrus y, con la otra, le sujetaba el cuello.

Mientras tanto, Sage los observaba desde un poco más atrás con actitud protectora.

Al igual que le pasó a Viri cuando se lo tomó, el efecto del vigoricitrus fue inmediato. Reeve se incorporó con la respiración entrecortada y empezó a toser.

La cazadora, que era la que más cerca estaba de Reeve, se sentó en el sofá y le dio unas palmaditas en la espalda.

—Respira hondo, Reeve.

—Duele —exclamó este apretando los dientes.

Viri sintió como esa única palabra le atravesó el pecho.

—Lo sé —murmuró Viri—. Tú respira. En un segundo se te pasará.

Pero no era así, no mientras el veneno de la armaligna siguiera inundando sus venas.

Al menos volvía a estar despierto y el vigoricitrus ayudó a que sus mejillas fueran recuperando su color poco a poco.

Ahora sus ojos también lo observaron todo con atención cuando paró de toser.

De pronto, se puso tenso al no reconocer nada de lo que había a su alrededor, aunque volvió a relajarse cuando vio a Sage y a Jonas.

—¿Dónde estamos?

—En el laboratorio de Wynter —respondió Viri señalando a su amiga—. Wyn, este es Reeve Ashton. Reeve, te presento a Wynter Starling.

—El placer es tuyo —murmuró Wynter.

—Al parecer, la hija de la magistrada ha estado guardando un secretito de lo más curioso —le dijo Sage a Reeve canturreando—. Lleva años practicando alquimia delante de las narices de su querida mami.

Wynter no se molestó en levantar la vista de su libro para responderle:

—Para que lo sepas, también sé lo bastante de alquimia como para llenarte de furúnculos de pies a cabeza y provocarte un sarpullido bastante bochornoso. —Bajó el tono en señal de advertencia—. Cuidadito conmigo, segadora. No me subestimes.

Reeve se había quedado mirando a Wynter y su rostro estaba invadido por una mezcla de asombro y algo más, algo imposible de descifrar, como recelo o cautela.

Y, al momento, su expresión reflejó el dolor que volvió a sentir al darle otro ataque de tos, que no cesó hasta que se inclinó hacia adelante y escupió más bilis negra.

Wynter tuvo que hacer un esfuerzo enorme por detener las arcadas.

—Puaj, qué asco da la gente —se quejó Wynter antes de lanzarle a Sage un frasco con polvo blanco—. Echa todo el frasco sobre el vómito.

La chica hizo lo que le pidió y la masa negra se evaporó en cuanto los polvos blancos la tocaron.