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Un estruendo ensordecedor retumbó en mitad de la tormenta cuando la cazadora se estaba acercando a la pelea; los llantos de los niños, que ahora escuchaba a la perfección, se mezclaron con el choque metálico de las armas de los recién llegados, que estaban enfrentándose a unos oponentes rápidos y fuertes a causa del élixen.
A Viri le sorprendió que no estaban luchando por defenderse de las habilidades potenciadas de los segadores, sino que se enfrentaban a ellos con golpes limpios y tan rápidos que apenas se distinguían.
Gracias al siguiente rayo que cayó, Viri pudo ver mejor a los atacantes y, entonces, se percató de por qué no estaban teniendo problemas para enfrentarse a los segadores. De pronto, se tambaleó y se detuvo en mitad del callejón, atónita por lo que estaban viendo sus ojos.
Los recién llegados también eran segadores.
El viento les había quitado las capuchas y pudo reconocerlos sin problemas: eran Reeve, Sage y Ardin.
Y no estaban secuestrando a los niños, sino que estaban enfrentándose a los secuestradores.
Viri no podía permitirse el lujo de pararse a pensar si lo que estaba viendo tenía sentido, mucho menos cuando uno de los segadores que estaba tirando de la fila de niños soltó la cuerda para abalanzarse sobre ella.
Empujada por su instinto, se agachó justo a tiempo para esquivar un puño que iba directo hacia su cara y, al segundo, dio un salto hacia atrás cuando el segador asestó un golpe con la daga hacia su abdomen.
No le quedaba detenubis ni llevaba encima ninguno de los experimentos alquímicos de Wynter, solo sus armas y sus propios puños, pero no necesitaba nada más.
Cuando el segador v olvió a atacarla, en lugar de esquivar el ataque, se abalanzó hacia él y se giró en el último segundo; Viri siseó cuando la daga del segador atravesó la tela de su capa y le rozó el antebrazo, un rasguño con el que ya contaba pero que le permitió agarrar a su contrincante del brazo y desequilibrarlo.
El suelo fangoso hizo el resto y los pies resbaladizos del hombre le dieron la oportunidad de atacarlo con su fílux y rodearle la muñeca para dejarlo incapacitado.
De pronto, Viri le dio una patada en el pecho, lo empujó hacia uno de los laterales del callejón y el segador emitió un gruñido mientras intentaba volver a levantarse sin éxito.
Estaba convencida de que el segador seguiría en el suelo mientras el látigo dorado rozara su piel, de modo que se dio la vuelta para enfrentarse al siguiente enemigo, aunque le preocupaba tener un único fílux y que todavía quedaran seis segadores.
En ese momento, se percató de que quedaban solo cinco; Reeve acababa de derrotar a otro y se giró justo a tiempo para hacer frente a otros dos mientras la lluvia caía con fuerza sobre su cuerpo.
Por un momento, Viri no pudo evitar observar con detenimiento cómo Reeve luchaba bajo la tormenta, asestando golpes con la espada y con la daga, con el cabello negro como la noche empapado y los ojos brillando como los relámpagos que atravesaban el cielo.
Era la muerte en persona, frenando y golpeando a sus dos rivales a una velocidad sobrehumana con un ataque implacable.
Viri no había visto en su vida algo tan hermoso, tan hipnótico y tan. .. letal.
Hizo un esfuerzo por apartar la vista de Reeve al recordar dónde estaba y la amenaza que seguía allí presente.
Sage estaba tratando de defenderse de uno de los segadores, al igual que Ardin, pero aún quedaba otra segadora.
Era una mujer que había estado intentando llevarse a los doce niños por sí sola, pero ahora los había dejado solos e iba directa hacia Viri, empuñando su daga.
La segadora era alarmantemente rápida y su fuerza estaba al mismo nivel.
Viri, que frenó el ataque con su propia espada, sintió que le temblaba cada hueso del cuerpo al recibir el impacto.
Empujó el arma de la segadora con todas sus fuerzas y ganó el espacio justo para desenvainar una segunda daga y asestarle un golpe a su atacante.
Sin embargo, la mujer se limitó a girar la cintura y, de pronto, volvió a atacarla con su propia espada; Viri tuvo que saltar hacia un lado para que el golpe no le diera de lleno.
—Parece que sin tu latiguillo dorado no eres tan poderosa, ¿no? —exclamó la segadora con desprecio y con los ojos rebosantes de maldad—. A ver cuánto duras sin él.
Entonces se abalanzo hacia Viri, o lo intentó; antes de que pudiera dar un paso, jadeó y se tambaleó mientras bajaba la mirada hasta la espada negra que le atravesaba el pecho desde la espalda.
Los segadores podían curarse con rapidez, sobre todo cuando sus niveles de élixen eran altos, pero ni siquiera toda la magia robada del mundo podría salvarlos de un golpe mortal.
Era imposible que la segadora sobreviviera a la herida de la espada que le había atravesado el corazón; el brillo de sus ojos se fue apagando poco a poco conforme se desplomaba en el suelo.
Justo en ese momento, delante de Viri, apareció un furioso Reeve con el arma goteando sangre y una mirada atronadora clavada en ella.
—¿Qué demonios haces aquí? —gritó el chico por encima del ruido de la tormenta mientras avanzaba hacia ella.
Fue entonces cuando Viri se dio cuenta de que el choque de las espadas había desaparecido y que los siete segadores estaban fuera de combate.
—¿ Yo ? —chilló Viri con la respiración entrecortada y apartándose el pelo mojado de la cara. Fue casi liberador tener que gritarle para que la escuchara—. ¿Qué haces tú aquí? ¿Por qué te estás enfrentando a los tuyos?
—¡Deberías estar inconsciente! —le respondió Reeve con rabia—. ¡Te dije que te lo explicaría todo cuando volviera!
Los nudillos de Viri palidecieron al agarrar con fuerza las empuñaduras de sus armas; estaba tan enfadada como Reeve.
—¡Ya, claro! ¡Será porque hasta ahora te has parado a darme muchas explicaciones! ¿En serio pensabas que iba a quedarme de brazos cruzados con tu niñera hasta que llegaras?
Reeve la asesinó con la mirada.
—Si te hubieras esperado ...
—¡ REEVE ! —gritó Sage por encima de la tormenta para advertir a su amigo.
Los ojos de Reeve se abrieron de par en par al ver a qué se refería Sage. Se puso en movimiento al instante y saltó hacia Viri justo cuando otros ocho segadores aparecieron de entre las sombras y uno de ellos lanzó una aterradora daga roja a una velocidad sobrehumana.
Directa al corazón de Viri.