Sombra carmesí (Sombra carmesí 1) 12
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V iri se despertó sobresaltada al escuchar el estruendo de un rayo que atravesó el cielo. Se sentía débil y desorientada hasta que, de pronto, empezaron a venirle recuerdos de esa misma noche.

Se puso de pie de un salto y se giró a un lado y a otro, buscando alguna señal de amenaza que pudiera haber en el salón de Jonas, pero parecía estar sola.

Echó un vistazo por la ventana y observó la tormenta que descargaba con furia; la lluvia golpeaba el cristal sin cesar y los relámpagos caían a cada segundo que pasaba.

Eso quería decir que, por suerte, no había estado mucho tiempo inconsciente.

Como no estaba dispuesta a quedarse esperando a que Reeve volviera y le diera todas las respuestas que le debía, incluyendo una explicación sobre cómo era capaz de usar la magia , se fue corriendo hacia la puerta del salón.

No tenía ni idea de dónde podría estar, pero no debería haberle sacado mucha ventaja y confiaba en que sus habilidades de cazadora fueran suficientes para encontrarlo.

O, tal vez, podría servirse de algo más que de sus habilidades, ya que el calor que sintió Viri en la palma de la mano fue la señal que necesitaba para darse cuenta de que no estaba tan sola como creía.

En lugar de ir corriendo hasta la puerta principal, se obligó a ralentizar el paso y empezó a andar por el pasillo, hacia el interior del apartamento.

La marca, que cada vez le quemaba más, la llevó hasta una puerta abierta, por lo que, con cuidado y en silencio, echó un vistazo a la habitación.

Dentro había un despacho, o quizás se trataba de una pequeña biblioteca, a juzgar por la enorme cantidad de libros que cubrían las paredes y que caían hasta el suelo en cascada, formando pilas desordenadas.

No vio ningún escritorio, pero sí una mesita baja y varios sillones verdes de aspecto lujoso que estaban mirando hacia la ventana.

Viri se fijó entonces en el pelo rizado de Jonas, que estaba sentado en uno de los sillones e inmerso en uno de los libros.

La cazadora era plenamente consciente de los sentidos agudizados de los segadores, de modo que avanzó sin hacer ruido y conteniendo la respiración; lo único que se escuchaba eran las páginas del libro que pasaba Jonas y la tormenta que asolaba fuera.

El chico no se percató de la presencia de Viri hasta que esta le deslizó su fílux por la garganta.

—No te muevas —le ordenó Viri, aunque tampoco era necesario, ya que su arma impedía que Jonas la atacara o incluso que se pusiera de pie.

—Sí, la verdad es que no es nada agradable. —Jonas gruñó al sentir que el fílux le drenaba la magia—. Pero me sigue pareciendo fascinante.

Viri rodeó el sillón para plantarse frente a él con cuidado de que en ningún momento el fílux dejara de estar en contacto con su piel, tanto por incapacitarlo como por asegurarse de que dijera la verdad.

No esperaba encontrar a Castaña durmiendo en su regazo, pero no dejó que el mullido conejito desviara su atención.

—¿Dónde está Reeve? —preguntó.

Jonas cerró el libro y sus ojos azules se abrieron de par en par, llenos de curiosidad.

—¿Cómo es posible que hayas tardado tan poco en despertarte? Por la cantidad de élixen que ha usado contigo, deberías haber estado inconsciente durante horas.

Aunque su prioridad seguía siendo encontrar a Reeve, Viri tuvo que preguntarle:

—¿Qué ha sido eso ?

Jonas negó con la cabeza; su mirada evasiva le dejó claro que no era que no lo supiera, sino que no quería contestarle.

—Será mejor que le preguntes a él.

—¿Y dónde está? —insistió con impaciencia.

—Reeve está... —Jonas protestó al sentir los efectos del fílux, que impidió que mintiera.

Aunque se le veía incómodo, los ojos le brillaron al presenciar esa magia completamente nueva para él y acarició el látigo dorado—.

Así que te obliga a decir la verdad. Había oído algunos rumores, pero, aun así.

.. me parece extraordinario. Daría lo que fuera por investigarlo más a fondo. ¿Te importa si...?

— Jonas —bramó Viri—. Responde a la pregunta.

—No puedo decírtelo. —Hizo un gesto de impotencia con las manos, aunque tuvo cuidado de no molestar a Castaña—. Si te lo digo, irás a buscarlo. Y eso sí que sería mala idea.

—¿ Por qué ?

—Porque entonces verás... —Jonas se calló de forma repentina.

—¿Veré qué? —exclamó Viri, inclinándose hacia delante—. ¿Qué está haciendo Reeve? ¿A qué se refería tu amigo Ardin con lo del traslado?

Jonas empezó a alarmarse.

—No es nad... —Soltó un grito de dolor cuando el fílux reprimió otra mentira, pero repitió entre jadeos—: No puedo decírtelo. —Al instante, añadió—: Te juro que es por el bien de todos.

—Justo esas fueron las palabras que dijo Reeve antes de atacarme —espetó con rencor—. Me vas a perdonar, pero no te creo.

—Reeve no te atacó . —Jonas la miró con los ojos cargados de incredulidad—. Lo que hizo fue protegerte .

Viri soltó una carcajada.

—Yo no necesito que nadie me proteja, y mucho menos él .

En ese momento, el chico dejó escapar una risa de incredulidad pero sincera.

—Reeve es la última persona en el mundo que...

—No pienso discutir contigo —le interrumpió Viri; no estaba dispuesta a escuchar a un segador defendiendo a otro—. Si no me dices dónde está, iré a buscarlo por mi cuenta.

—Lo siento —murmuró Jonas. Tanto su cara como el fílux confirmaron que su disculpa era honesta—.

No puedo ayudarte. Pero puedes sentarte aquí conmigo y ver la tormenta mientras esperamos a que vuelvan.

Es más, si quieres te dejo que le des mimos a Castaña un rato —exclamó acercándole el conejo, que estaba dormido—. No sabes lo suave y achuchable que es.

Viri bufó, frustrada, y se apartó de Jonas con la intención de cumplir con su amenaza y salir en busca de Reeve por sí misma.

Sin embargo, justo antes de liberar a Jonas del fílux, se fijó en las venas que subían por sus antebrazos; el negro que las teñía se había ido desvaneciendo y apenas era perceptible.

De repente, recordó la difusa escena que presenció antes de desmayarse, aunque estaba convencida de que podría haber sido una alucinación porque no le parecía que fuera posible.

Y, a pesar de ello, no pudo evitar preguntarle:

—¿Le diste élixen a Sage?

Jonas se quedó callado un momento.

—¿Qué dirías si respondiera que sí?

—Te diría que los segadores no podéis extraer élixen unos de otros —respondió al instante—. Porque, si así fuera, no iríais por ahí matando a niños inocentes por una mísera dosis de élixen.

El chico se encogió en el asiento al mencionar a los niños, como si acabaran de golpearlo, y Viri lo observó con las cejas levantadas. ¿Un segador con remordimientos? Aquello era algo de lo más insólito.

—En realidad, sabes muy poco de nosotros —dijo Jonas—.

Pero te daré la respuesta corta: sí, le di élixen a Sage.

No es una práctica muy común y el que la entrega tiene que pagar un precio —explicó señalándose las venas cada vez menos oscuras, señal de que la magia se estaba debilitando—, y el élixen que se le pasa a la persona que lo recibe no es tan fuerte como el que se extrae de. .. de...

—De un niño —interrumpió para terminar la frase.

Jonas se estremeció otra vez, pero asintió.

—Por eso la mayoría de los segadores ni siquiera contemplan esa posibilidad, a no ser que no les quede más remedio. Prefieren extraer el élixen directamente de la fuente, por así decirlo.

Viri no daba crédito a lo que acababa de descubrir: que los segadores podían elegir de dónde extraer élixen y que, aun así , atacaban a los niños. Pensaba que los segadores no podían parecerle más despreciables aún, pero se equivocaba.

—Me estás diciendo que como esta noche Sage necesitaba una dosis adicional de magia para lo que sea que Reeve y ella estén haciendo y no había niños por aquí a los que pudiera asesinar, ¿ha extraído el élixen de ti?

Por primera vez desde que se habían conocido, vio a Jonas molesto y algo enfadado.

—No funciona así. No somos así.

—Ah, ¿no? —Viri lo cuestionó—. ¿Nunca habéis matado a nadie?

Jonas bajó la vista a Castaña y el silencio habló por él.

—¿También le das élixen a Reeve? —Necesitaba saber a qué se enfrentaría cuando encontrara a Reeve porque, si acababa de recibir una dosis de élixen, sería bastante más fuerte de lo normal.

—¡Claro que no! —exclamó Jonas, como si la pregunta de Viri fuera ridícula.

De pronto, se le vino a la vente otra idea y murmuró con la voz entrecortada.

—¿Y de mí ? ¿Ha robado mi élixen?

En cuanto lo dijo en voz alta, se dio cuenta de que no podía haberlo hecho.

No tenía suficiente élixen como para tentar a un segador y, si alguno de ellos estaba tan desesperado como para intentarlo, su élixen era tan escaso que la dejarían seca en segundos, hasta el punto de poder matarla. Y lo sabía por experiencia.

Porque eso era lo que les había pasado a sus padres.

—Tienes una imagen bastante pésima de la persona que te salvó la vida —dijo Jonas en voz baja. Al escuchar esas palabras, Viri dejó a un lado sus recuerdos y soltó una risa de incredulidad.

—Reeve jamás me ha salvado la vida. Si eso es lo que te ha dicho, que sepas que es mentira. Es lo que mejor se le da: mentir.

Jonas se limitó a encogerse de hombros, pero Viri ya había perdido demasiado tiempo con esa conversación y no pensaba quedarse sentada allí escuchando cómo uno de los colegas segadores de Reeve se deshacía en elogios por él.

Reconocía que Jonas era el monstruo más amable con el que se había encontrado en su vida, algo de lo más antinatural teniendo en cuenta que era un segador, pero eso no significaba nada porque todos los demás habían intentado matarla.

Su veredicto seguía pendiente y dependía de si Reeve y Sage tenían previsto hacer lo mismo o no.

—Es la última oportunidad que te doy para que me digas dónde está —dijo Viri.

—Estás cometiendo un grave error al ir tras él —respondió, mirándola con ojos suplicantes—. Por favor, confía en mí.