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E l plan que idearon fue alarmantemente simple, sobre todo después de que Soren señalara que lo más fácil para que Viri y Reeve se libraran de los guardias de la recepción de la Nox era no tener la necesidad de librarse de nadie.
—El mejor engaño siempre es el más evidente —dijo Soren cuando entraron en el ascensor. Se desabrochó con agilidad las pulidas hebillas plateadas de su oscuro abrigo, se lo quitó y se lo tendió a Reeve—. Si te mimetizas con el lugar, nadie sospechará ni pensará que no debes estar aquí.
—Muy astuto —canturreó Reeve, señalándose las muñecas para que Viri le quitara las encancelas.
Fue entonces cuando la cazadora le dedicó una mirada de advertencia, pero se las quitó.
Reeve se puso el abrigo encima de su atuendo negro; parecía un auténtico guardia de la Nox—.
Si viviéramos en otro mundo, podríamos haber sido buenos amigos, Archer.
—Qué pena que el único que vayas a ver sea el inframundo, porque yo no tengo intención de pisarlo —respondió Soren sin dudar ni un instante.
Ignoró el bufido de Reeve y señaló su abrigo antes de advertirle—: Espero que me lo devuelvas.
Como te vea por ahí aprovechando para hacerte pasar por uno de nosotros, ni siquiera Viri podrá protegerte.
—Tranquilo, no tengo previsto caer tan bajo. —Reeve arrugó la nariz cuando observó su reflejo en el cristal del ascensor que iba subiendo a toda prisa—. El negro me queda bien, pero el honor no.
Era la primera vez desde que se habían encontrado que Viri estaba de acuerdo con algo que decía.
Aun así, se quedó callada y se limitó a volver a colocarle las encancelas.
Sabía que no podía escaparse mientras estuvieran dentro del ascensor, pero, una vez que se abrieran las puertas, no quería correr el riesgo de que Reeve se esfumara sin cumplir con su parte del trato.
—Llamadme paranoico si queréis, pero... ¿qué pasa si alguien se da cuenta de que me llevas atado como a un perro? —preguntó Reeve despacio conforme levantaba las manos y señalaba con la cabeza el látigo dorado que lo unía a Viri.
Viri, al darse cuenta de que tenía razón, frunció el ceño. Los guardias del turno de noche estarían cansados, pero no ciegos. Y, aunque Reeve fuera con el uniforme de Soren, si se fijaban en las esposas, sería demasiado cantoso y acabarían dándose cuenta de que no era un guardia de la Nox.
Tenía que pensar con rapidez. De pronto, Viri liberó una de sus muñecas y se envolvió el resto del fílux alrededor de la suya y, con la otra, agarró la mano aún atada de Reeve y entrelazó sus dedos con los de él.
Se percató de la sorpresa de Reeve cuando levantó sus cejas oscuras, incrédulo.
Sin embargo, estaba muy ocupada tratando de no pensar en el tacto de la piel cálida y callosa del segador, por lo que no fue capaz de explicarle por qué, al ir agarrados de la mano, los guardias no se darían cuenta de que lo llevaba atado.
Aun así, al parecer, Reeve no necesitaba que le diera ninguna explicación; estaba más que entretenido presenciando lo incómoda que se sentía ella.
—Cuidado, que puedo ser contagioso —dijo Reeve, observándola con sus ojos plateados llenos de diversión—. A ver si al final se te va a pegar algo de mí.
Viri, que entendió al instante lo que quería decirle, respondió impasible:
—Te puedo asegurar que soy inmune.
Reeve dejó escapar una risa ahogada y le dio un ligero apretón en la mano.
—Ya lo veremos.
Soren se aclaró la garganta con descaro y miró a su amiga como diciéndole ¿Qué demonios pasa entre vosotros?
, pero Viri se las arregló para ignorarlo.
Soren no sabía nada de su historia con Reeve y, aunque estaba empezando a arrepentirse de guardar un secreto tan importante, en un momento así le beneficiaba que no supiera nada; de lo contrario, su amigo podría cuestionar el motivo por el que estaba liberando a Reeve.
El segador no era más que un medio para lograr un fin, pero Viri no quería arriesgarse a que Soren lo pusiera en duda.
Por suerte, Soren apartó la mirada cuando el ascensor empezó a frenar.
—Ya casi hemos llegado —dijo el guardia—. ¿Estáis listos?
Viri asintió justo cuando las puertas se abrieron y siguió a Soren hasta la zona de recepción de la Nox, rodeada de paredes de mármol blanco; Reeve avanzó junto a ella con confianza.
Viri agarró con más fuerza la mano de Reeve cuando pasaron frente a los dos guardias, que levantaron la cabeza.
Eran distintos a los que estaban en el puesto cuando la cazadora llegó al cuartel general y parecían mucho más espabilados.
Al notar a Viri inquieta, Soren le acarició la espalda con la mano que tenía libre para tranquilizarla y se fue directo hacia los guardias para interpretar su papel a la perfección.
—Jost, Estrin, ¿todo en orden por aquí? —preguntó, dejándose caer con aire despreocupado sobre la mesa para taparles la vista mientras Viri y Reeve pasaban por detrás.
—Más muerto que la necrópolis —dijo Jost, uno de los guardias—. ¿Ya habéis terminado vuestro turno esta noche?
—Sí, por fin —respondió Soren, cambiando un poco la postura para seguir tapando a Viri y Reeve mientras se dirigían al sendal que había al fondo, en una de las esquinas de la sala—.
A ver si con suerte podemos dormir algunas horas antes de la reunión a la que nos ha convocado el capitán Farrow mañana.
La otra guardia, Estrin, pestañeó de forma seductora.
—Estamos cubriendo a Caz y a Hutton, que están descansando un rato. En cuanto vuelvan, acaba mi turno, por si acaso no te apetece acostarte todavía.
Por el amor de todos los Sabios , pensó Viri, que casi se atragantó con su propia saliva al escuchar la descarada proposición.
Reeve no la ayudó; chocó su cuerpo con el de ella mientras se aguantaba la risa.
Entonces le estrujó los dedos a Reeve en señal de advertencia, pero solo consiguió que este dejara escapar una risita más fuerte de lo normal.
Por suerte, estaban lo bastante lejos del mostrador de recepción como para que los guardias no los escucharan y Viri se ahorró enterarse de la respuesta de Soren.
Estaban a tan solo unos pasos del deslumbrante arco de piedra mágica que los trasladaría hasta su próximo destino, a salvo del posible arresto.
Había una parte de Viri que no se podía creer que los guardias hubieran caído en la trampa; de hecho, Soren seguía hablando con ellos, ajenos por completo al prisionero que se estaba escapando delante de sus narices.
Pero, por otra parte, estaba empezando a arrepentirse de haberle dicho a Reeve que podía elegir a dónde irían después.
Había tenido mucho tiempo para pensarlo y eso se traducía en que el destino de Viri era incierto, ya que, si quería, Reeve podría entregársela al grupo de segadores asesinos que tendría por amigos.
Como no estaba dispuesta a caer con tanta facilidad en una trampa, tiró de la mano de Reeve cuando llegaron al sendal y se preparó para entrar la primera y elegir ella misma su destino.
Sin embargo, en ese momento, alguien salió del arco y apareció justo delante de ella.
Y no era una persona cualquiera...
Era Darik.
Los ojos negros del capitán de la Nox se abrieron de par en par al ver a Viri y, en cuanto reparó en Reeve, lo miró con odio; por mucho que llevara el uniforme de Soren, era imposible ocultarle su identidad a Darik al tenerlo tan cerca.
El pánico se apoderó de Viri y se quedó petrificada. Abrió la boca, preparada para ponerle alguna excusa. Pero, antes siquiera de decir nada, Darik se precipitó hacia delante y empezó a darles órdenes a los guardias.
A partir de ese momento, todo se volvió borroso.
Viri, empujada por su propio instinto, se movió para detener a Darik, pero Reeve se zafó de su mano y se le adelantó.
Fue tan rápido que le resultó imposible seguir sus movimientos, pero, en menos de un segundo, el segador se las había arreglado para tumbar al capitán, que estaba inconsciente en el suelo.
Viri ahogó un grito al ver a Darik. Entonces le gritó a Reeve:
—¿Qué has hecho ?
—Tenemos compañía —dijo Reeve. Entonces tiró del fílux que los conectaba para apartar a Viri justo cuando llegaron Jost y Estrin.
Aunque una vocecita en su cabeza le gritaba que parara, se vio obligada a defenderse y, a los pocos segundos, los dos guardias de la recepción estaban en el suelo, junto a su capitán.
—Y todo esto por escaparme —murmuró Reeve, observando los tres cuerpos tendidos y haciendo una mueca—. Qué desastre...
Viri podría haberlo matado con la mirada.
— Te dije que liberar a Ashton te iba a traer problemas —gruñó Soren conforme iba hacia ellos. Se arrodilló junto a Darik y comprobó su pulso—. Ya no hay vuelta atrás para...
Antes de que pudiera terminar la frase, Reeve le dio a Soren un fuerte golpe en la nuca que hizo que se cayera de bruces junto a sus compañeros de la Nox.
—Ya me darás las gracias luego, Archer.
La cazadora observó horrorizada el cuerpo inerte de su amigo y, entonces, se volvió hacia Reeve y le gritó:
— ¿¡Por qué demonios has hecho eso!?
Reeve la miró como si ella fuera la idiota.
—Pensé que dijiste que no querías meterlo en un lío.
—Yo no he...
—¿No crees que sería bastante sospechoso que él fuera el único al que no le hubieran tocado ni un pelo? Pensarían que nos ha dejado escapar —exclamó, señalando a Soren y al resto de los guardias con la mano que tenía libre—. Acabo de hacerle un favor a tu amigo.
Viri apretó tanto la mandíbula que le dolieron los dientes. Odiaba que Reeve tuviera razón, que la mejor forma de cubrirle las espaldas a su amigo fuera fingir que lo habían atacado al igual que a los demás guardias.
Al igual que a Darik.
—Por todos los Sabios... Acabamos de cavarnos nuestra propia tumba. —Suspiró con los ojos clavados en el cuerpo del capitán y no pudo evitar imaginar la cara iracunda de Meera cuando lo viera. A su mentora no iba a hacerle ni pizca de gracia saber lo que había pasado—. Estoy condenada.