Sombra carmesí (Sombra carmesí 1) 7
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L a voz de Reeve retumbó en la cabeza de Viri durante todo el camino de vuelta a casa, como si su propuesta fuera un cántico. « Tus respuestas a cambio de mi libertad. Tus respuestas a cambio de mi libertad». Para cuando llegó al apartamento, por fin había conseguido librarse de esas palabras.

Reeve era un segador, y los segadores mentían.

Aunque estuviera dispuesto a cumplir con su parte del trato, nada le garantizaba que él pudiera darle información útil sobre los niños desaparecidos.

De hecho, cabía la posibilidad de que no supiera dónde se encontraba el Padre Segador, independientemente de que tuviera algo que ver con los casos de los niños o no.

Tal vez Reeve no supiera nada relevante y solo estuviera intentando escapar.

Viri no podía arriesgarse. No iba a arriesgarse.

A pesar de su determinación, su cabeza siguió dándole vueltas a lo mismo una y otra vez cuando entró en su apartamento y vio que no había nadie.

Lo más probable era que Sarielle se hubiera ido a la reunión de emergencia del consejo y que Wynter estuviera en su laboratorio creando alguna ilegalidad.

Viri habría dado lo que fuera por encontrar algo con lo que distraerse, incluso estaba dispuesta a hacer de conejilla de indias para su amiga, pero le había dicho a Meera que se quedaría en casa, así que decidió cumplir con su palabra.

Aun así, no se sentía cansada en exceso y, después de cenar tarde un sándwich de queso que apenas le supo a nada, empezó a caminar de un lado a otro del salón; la habitual vista apacible del lago iluminado por la luna no le sirvió para aliviar toda la tensión que había acumulado mientras esperaba a que su tutora regresara.

Aunque tardó un poco más de lo que esperaba, por fin escuchó la puerta principal abriéndose y el familiar sonido de los tacones de Sarielle conforme avanzaba por el vestíbulo.

Sin embargo, la magistrada no fue a su habitación, sino que sus pasos se perdieron por el pasillo; lo siguiente que escuchó fue la puerta del dormitorio de Sarielle cerrándose con sigilo.

Viri se estremeció al darse cuenta de que su tutora estaría más disgustada por las novedades de lo que esperaba.

Pensó en prepararle uno de los tés relajantes de Wynter y llevarle una taza, pero decidió que no sería buena idea.

Sarielle saldría de su habitación cuando estuviera lista para hablar y Viri quería respetar su espacio, aunque eso significara tener que resignarse e intentar dormir.

Tal y como se esperaba, le resultó imposible.

Tras horas dando vueltas en la cama, se dio por vencida y decidió levantarse de la cama para ir a por un vaso de leche caliente, algo que le reconfortaba desde que era niña.

La puerta de Wynter estaba abierta, lo cual era normal, porque a veces se quedaba hasta tarde en su laboratorio, pero le sorprendió ver que la del dormitorio de Sarielle también estaba abierta.

De pronto, la encontró en mitad del salón a oscuras, mirando por la ventana.

Se habían ido formando nubes desde que Viri estuvo dando vueltas por el salón y, ahora, se avecinaba una tormenta, como si el clima se hubiera adaptado a su estado de ánimo.

—Veo que tú tampoco puedes dormir —dijo en voz baja acercándose a su tutora.

Sarielle debió escuchar a Viri llegar porque no se sobresaltó al escucharla.

—Y no creo que lo haga mientras esos niños sigan desaparecidos.

Viri siguió acercándose, hasta que se detuvo a su lado y observó la tormenta en el horizonte.

—Todos los cazadores van a estar trabajando en este caso. Los encontraremos. En eso consiste nuestro trabajo.

La verdadera pregunta era si los niños seguirían vivos para entonces, pero ninguna de ellas les dio voz a sus miedos.

—¿Has pensado en cómo vas a mantener tus emociones a raya, sobre todo si el Padre Segador está implicado?

—preguntó Sarielle. Al escuchar el grito ahogado de Viri, siguió hablando—: Sé que quieres darle su merecido por lo que les hizo a tus padres, pero ya te juegas bastante la vida buscándolo.

—La mujer se frotó el pecho, justo por encima de su corazón—.

Yo ya he perdido a un hijo. No podré soportar que te pase algo a ti también.

Viri suspiró en su interior ante la naturaleza sobreprotectora de su tutora.

Sabía de dónde le venía y estaba al tanto de que había perdido a un hijo años antes, y todavía seguía sufriendo el dolor y la pena por su ausencia.

El niño habría sido el hermanastro de Wynter; antes de que Wynter naciera, el chico y su padre tuvieron una muerte trágica tras contraer termagalgia, una enfermedad rara que no tenía cura.

No obstante, aunque se compadecía de Sarielle, su trabajo como cazadora era peligroso, cazara a quien cazara.

Y Sarielle lo sabía mejor que la gran mayoría, ya que ella misma había sido cazadora antes de dedicarse a la política.

Lo único que Viri podía hacer era consolarla, así que, en un tono tranquilizador, le dijo:

—No sabemos con seguridad si el Padre Segador tiene algo que ver con todo esto. Así que lo mejor será que no nos preocupemos por ello hasta que no...

Se quedó callada al percatarse de la mirada indescifrable que se dibujó en el rostro de su tutora, visible incluso en la oscuridad.

—¿Qué? —preguntó Viri girándose hacia ella—. ¿Sabes algo?

Sarielle tardó en responder, pero, al final, dijo:

—Si tuvieras que elegir entre salvar a los niños o cobrarte tu venganza, ¿puedo confiar en que harías lo correcto?

Se le encogió el estómago solo de pensar en tener que tomar esa decisión.

—Te lo he dicho, no sabemos si el Padre Segador está...

—Sí, lo está.

Al escuchar esas tres palabras, sintió como si la habitación empezara a girar a su alrededor.

—Meera y Darik dijeron que solo eran suposiciones —dijo Viri en tono ronco.

—Ni la comandante Roth ni el capitán Farrow son la magistrada —respondió—. Ellos se basan en hechos, no en rumores. Pero mi trabajo es escuchar, incluso las teorías más descabelladas. Aun así, nunca pensé que... —De pronto, se le quebró la voz y fue incapaz de terminar la frase.

Viri notó que se le aceleraba el pulso.

—¿Qué rumores?

Sarielle cerró los ojos y Viri observó sus rasgos pálidos iluminados por la tenue luz de la luna.

—Hace seis meses, empecé a escuchar rumores sobre que el Padre Segador estaba planeando algo. —Se pasó una mano temblorosa por la oscura melena—. Algo grande.

A la cazadora se le hizo un nudo en la garganta.

—Pensaba que era una falsa alarma, porque no es la primera vez que se extiende un rumor así.

—Sarielle volvió a abrir los ojos y contempló el horizonte con una mirada sombría—.

Pero el origen de estos rumores era distinto.

Al principio, siempre incluían detalles muy específicos: que el Padre Segador había atacado a alguien, que se había enfrentado a tal y cual o que estaba intentando convertir en segadores a algunas personas.

Toda esa información se le pasó a la Nox y a los cazadores para que lo investigaran.

Pero este rumor del que te hablo era bastante ambiguo y se tomó más como una advertencia.

Viri sintió que se le erizaban los vellos de la nuca.

—¿Qué clase de advertencia?

—Que habría niños involucrados, muchos niños —murmuró Sarielle en un tono casi inaudible, pero alzó la voz cuando siguió hablando—: En su momento decidí ignorarlo, porque no era nada nuevo que los segadores atacaran a los más jóvenes.

Pero anoche, cuando me enteré de los secuestros en masa, me di cuenta de que no se referían a un secuestro individual , sino en grupo .

Todos juntos . —Entonces miró a Viri con los ojos cargados de preocupación—.

El Padre Segador ha estado secuestrando niños. Justo como advirtieron los rumores.

—Pero... ¿por qué? —preguntó sin entender el motivo—.

No tiene sentido que los secuestre y se los quede para tener reservas de élixen de las que alimentarse, porque, si así fuera, iría dejando un rastro de c adáveres.

Tiene que haber algo que explique por qué se ha tomado tantas molestias y por qué lleva tanto tiempo escondiéndose.

Sarielle se abrazó a sí misma.

—Hubo otro rumor, aunque este solo lo escuché una vez. He estado teniendo pesadillas durante tanto tiempo que estaba convencida de que me lo había imaginado. Pero ahora... no estoy tan segura.

—Cuéntamelo.

—¿Alguna vez has oído hablar del cometa Aurora?

—No... ¿Debería? —preguntó Viri con el ceño fruncido.

—Es un cometa que pasa por Isla Elverdine una vez cada doscientos años —explicó—.

Los magos ancestrales decían que se trataba de un evento celeste, algo que podía incrementar la intensidad de su élixen hasta niveles incalculables, que los hacía casi invencibles.

Pero, para poder canalizar la energía del cometa Aurora, necesitaban tres cosas: poseer magia suficiente como para absorber el poder del cometa, un corazón puro y. ..

Viri la interrumpió resoplando con incredulidad.

—Si lo que te preocupa es que el Padre Segador pueda probar a hacer algo así, entonces puedes estar tranquila. Su corazón no tiene nada de puro, más bien al contrario, y el élixen que corre por sus venas lo ha robado de otras personas. Así que no creo que cumpla los requisitos.

Sin embargo, Sarielle no parecía tranquila en absoluto. De hecho, estaba más tensa aún.

—No lo entiendes, Viri. El rumor que escuché no decía que el Padre Segador tuviera la intención de usar su propio corazón ni su propia magia, sino de otra persona. —Tragó saliva—. De otras personas , más bien. Porque lo tercero que se necesita para hacer el ritual es... sangre.

Viri se quedó petrificada al darse cuenta de lo que quería decir su tutora.

—¿Crees que el Padre Segador va a... sacrificar a los niños? ¿Que va a utilizarlos para...? —Recordó lo que había dicho Sarielle y el miedo la invadió mientras sus palabras trastabillaban—. ¿Para hacerse invencible? ¿Es eso posible ?

—En lo que respecta a este tipo de magia tan antigua, todo es posible.

De hecho, fueron los mismos magos antiguos los que prohibieron los rituales de sacrificios por motivos evidentes —le contó Sarielle—.

Piénsalo, Viri. Si para hacer un ritual mientras el cometa Aurora sobrevuela nuestro cielo se necesita un corazón puro y élixen potente e inmaculada, ¿sabes con cuánto poder podría hacerse el Padre Segador si sacrificara a cincuenta niños a la vez?

—¿Cincuenta?

La mujer asintió con seriedad ante la gravedad del asunto y dijo:

—El capitán Farrow envió un mensaje hace una hora tras recibir las últimas cifras. Tiene sentido —añadió reflexiva—, ya que, según la numerología antigua, el número cincuenta representa el poder. El Padre Segador se está cubriendo bien las espaldas para asegurarse de que el sacrificio funcione.

Viri no sabía nada de numerología, pero había cincuenta niños desaparecidos. ¡Cincuenta! Y, si los rumores que habían llegado a oídos de Sarielle estaban en lo cierto, el Padre Segador tenía previsto matarlos a todos.

—¿Cuándo llega el cometa? —preguntó la cazadora con la voz entrecortada.

Sarielle negó con la cabeza.

—El Gremio de Académicos está intentando averiguarlo, pero los magos nos dejaron muy pocos textos antiguos y casi ninguno habla sobre acontecimientos mágicos como este. Puede que no encontremos nada, o al menos no a tiempo.

—Así que debemos asumir que puede ser cualquier día —exclamó Viri cada vez más preocupada.

—Y, si no encontramos a los niños a tiempo —espetó—, el Padre Segador, además de asesinarlos, tendrá acceso a cantidades de magia nunca vistas hasta ahora.

Viri sintió como si le cayera una roca enorme encima y le aplastara todo el cuerpo, pero su mente seguía activa, procesando toda esa información.

—¿Y cuál es su objetivo? —preguntó en voz alta—. ¿Qué es lo que quiere en realidad el Padre Segador?

—Pues lo que querría cualquier persona con unas intenciones tan perversas —respondió, agotada—: poder.

—Tiene que haber algo más —insistió Viri—. Vamos a suponer que consigue absorber la magia del cometa. Entonces, ¿qué? ¿Para qué quiere usar todo ese poder?

—Ojalá alguien pudiera responder a esas preguntas. —Sarielle suspiró—. Lo que sabemos con seguridad es que tenemos que encontrarlo antes de que llegue el cometa. Porque, de lo contrario... Que los Sabios se apiaden de nosotros.

Viri casi ignoró el final de la frase que le estaba diciendo su tutora; se había quedado reflexionando el principio. En ese momento, escuchó en su cabeza una voz ya familiar que le susurraba con insistencia: «Tus respuestas a cambio de mi libertad».

Con mucho cuidado, preguntó:

—Si hubiera una forma de obtener las respuestas que necesitamos, incluso averiguar dónde se encuentra el Padre Segador, pero el precio fuera... muy alto... —Tragó saliva y terminó de hablar—. ¿Merecería la pena pagarlo?

De pronto, cayó un relámpago a lo lejos que iluminó unas sombras oscuras bajo los ojos de Sarielle.

—Voy a serte sincera, querida—dijo su tutora en un tono que reflejaba lo agotada que se sentía—. No hay precio que no esté dispuesta a pagar si eso significa encontrar al Padre Segador a tiempo para detenerlo.

Viri sintió entonces un nudo en el pecho conforme sus pensamientos empezaban a retumbar en su cabeza.

Apenas se percató de que se había quedado callada un buen rato y casi no escuchó que Sarielle le dijo algo sobre dormir.

Ni siquiera fue consciente de que su tutora le dio un beso en la mejilla antes de marcharse y dejarla sola frente a la inminente tormenta.

Lo único que podía oír era la voz de Reeve en su mente, repitiendo lo mismo una y otra vez.

Pero, ahora, no eran solo las palabras de su propuesta, sino las últimas que le dijo para provocarla:

« Ambos sabemos que soy tu única esperanza si quieres encontrarlo. Estaré aquí esperándote hasta que cambies de opinión».

—Espero que los Sabios me ayuden a no arrepentirme de esto.

Resopló en la oscuridad, se dio la vuelta y se fue corriendo a su habitación; no podía creerse lo que estaba a punto de hacer, aunque sabía que no le quedaba otra opción.

Tenía que intentarlo .

Aun a riesgo de perderlo todo.