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Asintió, conmovida porque su mentora creyera en ella y aliviada por tener un plan, aunque, en el mejor de los casos, no la llevara a ninguna parte.
Tras confirmarle a Meera que la mantendría informada, Viri se marchó de la sala de combate para refrescarse y pasarse por su panadería favorita a comprar el desayuno antes de dirigirse a los archivos.
Al estar tan cansada, las tutelas de élixen hicieron que se sintiera más fatigada aún, por lo que fue tambaleándose tras Thornton hasta su despacho; al llegar, vio que había montones enormes de documentos apilados esperándola que le parecieron incluso más grandes que el día anterior.
La cazadora resopló y se puso a trabajar de inmediato.
Las horas se le hicieron tan eternas como el día anterior, con la diferencia de que, cada vez que encontraba un documento con un número tres en rojo de los últimos seis meses, sentía que se venía abajo.
Estaba tan nerviosa que, aunque era bastante temprano, decidió hacer una pausa para tomarse el almuerzo y seguir el consejo de Meera, por lo que aprovechó el descanso para visitar dos de las direcciones que aparecían en los archivos; ambas familias confirmaron que sus hijos estaban sanos y salvos.
Los padres confirmaron que había sido una falsa alarma y que se sentían avergonzados por haber importunado a la Nox sin motivo.
Viri sintió que se había quitado un peso de encima. Sabía que no debía darse por vencida porque solo había comprobado dos direcciones, pero aquello la tranquilizó.
El día siguiente fue exactamente igual: entrenar, ordenar archivos y visitar a más familias; todas confirmaron que sus niños ya habían aparecido. De hecho, Viri conoció a algunos de los niños, por lo que pudo ver con sus propios ojos que estaban vivos y a salvo.
Al tercer día, aunque era el cuarto que pasaba en los archivos, ya había visitado a doce familias que se encontraban en la subterra, en la alterra y dentro del monte Tembris, y todos los niños estaban bien.
Estuvo a punto de abandonar la misión, y lo habría hecho de no ser por el montón de documentos con números tres en rojo, que no dejaba de crecer.
Y también se habría rendido si no fuera por lo que pasó el cuarto día que estuvo investigando.
Ese día, cuando estaba visitando a una familia en su descanso para el almuerzo, los padres de la chica de once años que llevaba desaparecida más de un mes le dijeron que todavía no la habían encontrado.
Fue como si unas compuertas se abrieran después de ese primer caso y, desde entonces, cada familia a la que Viri visitaba, le confirmaba, con los ojos llenos de lágrimas, que sus hijos seguían desaparecidos.
Avelin. Trece años. Dos meses desde su desaparición.
Dale. Nueve años. Seis semanas desde su desaparición.
Makir. Doce años. Quince días desde su desaparición.
Lilly. Diez años. Tres meses desde su desaparición.
La lista era más larga aún y las edades de los niños iban desde los siete hasta los trece años.
Todos eran lo bastante jóvenes como para no haberse sometido todavía a la ceremonia de concesión, por lo que sus niveles de élixen eran altos y eso los convertía en el objetivo perfecto para los segadores.
A Viri le daba un vuelco el estómago cada vez que llamaba a una puerta y se encontraba con un padre o una madre de ojos llorosos que la miraba con esperanza, hasta que esta se desvanecía al ver que la cazadora no le traía buenas noticias.
Primero se juntaron decenas de niños desaparecidos y, poco después, superó la veintena, por lo que se confirmaron las sospechas de Viri: alguien estaba secuestrando niños.
Las preguntas que se hizo eran quién y por qué .
Ni Meera ni Darik conocían las respuestas, de modo que los dos se pusieron serios cuando Viri les informó sobre sus hallazgos el jueves por la noche, después de terminar su último turno en los archivos.
Había ido hablándole a Meera sobre sus avances a diario, pero su mentora quería que el capitán de la Nox se les uniera cuando se reunieron en su despacho en el Gremio de Cazadores para evaluar todo lo que Viri había descubierto tras una semana investigando.
—Según mis cálculos, hay treinta y dos niños desaparecidos, pero solo he podido revisar la mitad de los casos —explicó una vez que terminaron con el interrogatorio.
Observó la luna, que se alzaba imponente sobre los acantilados, a través del ventanal del despacho de Meera—.
Solo los Sabios saben cuántos más casos de niños perdidos habrá entre todos esos documentos.
—Le pediré a alguno de mis hombres que sigan investigando el resto y que le dé la máxima prioridad posible —dijo Darik con los ojos negros como la noche clavados en las notas de Viri, que se extendían por toda la mesa—.
También pediré que confirmen que tus cifras son correctas, ya que me cuesta creer que haya tantos casos de desapariciones como dices.
Viri tuvo que morderse el interior de la mejilla para no responderle. No ganaba nada mintiéndole, y Darik lo sabía.
—Si estás en lo cierto —siguió diciendo—, me parecería bastante grave que este asunto hubiera pasado desapercibido hasta ahora. Los archivistas nunca han cometido un error de tal calibre.
—No creo que sea culpa suya —murmuró Viri—. Thornton me contó que llevan meses faltos de personal y todo lo que había en el despacho en el que he estado trabajando lo habían considerado como no urgente.
— Eso es algo que también pretendo averiguar —respondió Darik con severidad—. Y no solo porque no tenga sentido.
Al ver la cara de confusión de Viri, Meera se lo explicó:
— Los archivos no se envían a clasificar a menos que Darik, algún miembro del Gremio Legal, alguien del Consejo Supremo o yo misma los haya firmado.
Por eso cada caso sigue un código de color y número; somos nosotros quienes hacemos esas anotaciones.
Y, después de eso, se mandan a los archivos con la categoría de urgente o no urgente.
—Eso significa que alguien ha metido la pata, varias veces, además. —Viri se alarmó al darse cuenta de que podía ser incluso peor—. O puede ser que lo haya hecho a propósito.
—Puede que haya más de una persona detrás de todo esto —dijo el hombre jugueteando con los puños de sus guantes negros. Al segundo, puntualizó—: Siempre y cuando todo esto sea verdad, claro.
Viri volvió a morderse el carrillo y, esta vez, le vino el sabor a sangre.
— Por ahora, nos interesa actuar partiendo de la base de que sea cierto —propuso Meera igual de mordaz que Darik—, así que nuestra prioridad deberían ser los niños, no perder más el tiempo con el descuido de los documentos.
Le pediremos a la magistrada que abra una investigación en la que participemos los dos Gremios para localizar a la persona que firmó esos casos, pero tenemos que centrarnos en encontrar a esos niños y llevarlos de vuelta a sus casas.
—Eso si siguen vivos —murmuró Darik—. Los segadores no son precisamente las personas más compasivas del mundo.
— No sabemos con seguridad si los segadores están detrás de todo esto.
—Meera siguió hablando a pesar de las objeciones del hombre—.
Dado que el objetivo son niños, es bastante probable que sí que sean ellos, pero un secuestro masivo de esta envergadura no termina de encajar con el modus operandi de los segadores.
La mayoría no tienen capacidad de autocontrol como para raptar a niños y mantenerlos con vida durante minutos, mucho menos durante meses.
Y, de hecho, ni siquiera han aparecido cadáveres.
—La mayoría —repitió Darik con la mirada oscura clavada en Meera. La mentora de Viri se quedó callada, como si el capitán de la Nox le hubiera dicho algo con solo mirarla.
Fue entonces cuando Viri se quedó de piedra. No le hizo falta leerles la mente para saber lo que estaban pensando. O, más bien, en quién estaban pensado.
Porque sí que había un segador que había demostrado en varias ocasiones tener la capacidad de controlar su sed de élixen; si no, no habría podido permanecer oculto tanto tiempo.
—¿Creéis que el Padre Segador está detrás de todo esto? —soltó Viri de pronto.
Meera se giró hacia ella al instante.
— No sabemos nada. Solo son conjeturas.
—Pero tenemos que contemplar la posibilidad de que sea así —afirmó Darik—. Al fin y al cabo, es la hipótesis que más encaja con toda la información que tenemos.
Viri hundió los dedos en los reposabrazos de terciopelo de la silla en la que estaba sentada y se le erizó la piel solo de pensar que el Padre Segador podría estar detrás de los secuestros. Si estaban en lo cierto, ya podían dar a esos niños por muertos.
— Por ahora, y hasta que avisemos al Consejo Supremo, no podemos hacer nada más —dijo Meera en un tono tranquilizador al darse cuenta de que Viri se aferraba en su asiento—. Voy a ir a la Cumbre para solicitar una reunión de emergencia para ponerlos al tanto de lo que hemos averiguado.
La cazadora se tensó más aún al pensar en cómo se tomaría Sarielle la noticia. Este tipo de asuntos le desgarraban el alma, pero nunca se quitaba su coraza cuando tenía que meterse en el papel de magistrada.
—Voy a enviar a un equipo de la Nox a los archivos y, después, te veré allí —exclamó el capitán mientras se alisaba el uniforme—.
Les pediré que, si encuentran más documentos con el número tres en rojo, contacten a los familiares para comprobar si los niños siguen desaparecidos.
Dentro de unas horas, podremos confirmar la cifra real de desaparecidos.
Viri apretó la mandíbula al escuchar el énfasis que puso al decir «confirmar», lo que dejaba claro que no estaba del todo convencido de que la amenaza fuera real. En cualquier caso, lo acabaría averiguando más pronto que tarde.
—Y yo... —Viri quiso decirles que iba a empezar a buscar pistas, pero la interrumpieron.
— Te irás a casa.
Miró boquiabierta a su mentora.
—No pretenderás que me quede de brazos cru...
— Si necesito tu ayuda para algo, te la pediré —la advirtió.
Viri abrió la boca para quejarse, pero la cerró en cuanto se percató de cómo la estaba mirando Meera.
— Mañana convocaré a todo el Gremio para una reunión a primera hora de la mañana —explicó—.
Pediré que acudan todos los cazadores que estén disponibles.
Si vamos a buscar a esos niños, necesito que estés en plenas facultades.
En otras palabras: tienes que descansar.
Has hecho un gran traba jo investigando estos casos, pero lo duro empieza ahora. ¿Cuento contigo o no?
Sabía que era una pregunta retórica, así que no respondió. En cambio, se le vino otro asunto a la mente.
—¿Qué pasa con Reeve?
Darik se inclinó hacia delante con los ojos entrecerrados.
—¿Ashton? ¿Qué pasa con él?
—Puede que él sepa algo, sobre todo si es obra del Padre Segador.
Había intentado no pensar en Reeve desde que lo vio el viernes anterior, pero acababa colándose en sus pensamientos sin permiso todos los días.
Cuando le pasaba, a Viri le daban ganas de echar mano de una de las pociones limpiadoras de prueba de Wynter para borrarse la imagen de su sonrisa de superioridad y de sus ojos grises de la cabeza.
Ahora, en cambio... Reeve podía ser una pieza clave para resolver el misterio que tenían entre manos.
—Sigue sin colaborar —confesó Darik. Aunque era frustrante, a Viri no le sorprendió lo más mínimo.
— Yo creo que merece la pena intentarlo —respondió Meera estudiando la reacción del capitán de la Nox hasta que este suspiró y cedió.
—Está bien —dijo—. Bajaré a su celda y veré si puedo sonsacarle algo que nos sea útil.
Pensando en el bien común, Viri se armó de valor para insistir de nuevo.
—Yo podría ir...
— No —dijeron Darik y Meera a la vez tajantes.
La cazadora irguió la postura.
—Si aún sigue en pie su propuesta de hablar conmigo, podemos aprovecharla. Podemos aprovecharnos de él .
—¿Y qué conseguiste la otra vez con eso? —preguntó Darik con las cejas arqueadas.
Viri se sonrojó; todavía tenía muy reciente su metedura de pata.
— Por ahora, debes confiar en nosotros —dijo Meera en tono amable—.
Tú misma dijiste que a Ashton le gustan los jueguecitos, así que dejarte hablar con él solo va a servir para que vuelva a hacer lo mismo, y no puedo permitirme el lujo de que pierdas el foco de atención.
Los niños desaparecidos deben ser tu objetivo y tu prioridad, al igual que la de tus compañeros cazadores. Eso significa...
—Que me vaya a casa y descanse —respondió con resignación.
Meera asintió y, después, se puso de pie. Darik hizo lo mismo, así que no le quedó más remedio que imitarlos.
— Como tengo que preparar la reunión del Gremio, mañana nos saltaremos el entrenamiento —dijo Meera mientras acompañaba a Viri a la puerta—, pero te avisaré si averiguamos algo antes.
Viri, que no podía decir ni hacer nada más, se marchó del despacho de su mentora.
Y, justo cuando iba de vuelta hacia su apartamento, se acordó de un detalle de la propuesta que le hizo Reeve la semana anterior, algo que su mente había decidido obviar por no faltar a la regla más sagrada de los cazadores: no hacer tratos con un segador.
Y, aun así, no pudo evitar volver a escuchar en su cabeza las palabras de Reeve:
« Si me sacas de aquí, te contaré todo lo que quieras. Esa es mi oferta, Viri. Tus respuestas a cambio de mi libertad».