Sombra carmesí (Sombra carmesí 1) 6
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S é que te dije que no faltaras al entrenamiento hoy —dijo Meera a la mañana siguiente. El amuleto que le permitía comunicarse brilló sobre la cicatriz de su cuello—, pero no sabía que tenía que especificar que vinieras despierta .

Viri gruñó cuando recibió otro golpe de su mentora que, en esa ocasión, fue directo hacia su abdomen y la dejó sin aire; las paredes de color verde oscuro del Gremio de Cazadores empezaron a dar vueltas a su alrededor.

—Estoy despierta —exclamó con la respiración entrecortada y levantando la mano para pedirle una pequeña pausa.

Meera no se detuvo y le dio otro golpe que hizo que Viri retrocediera por la enorme alfombra gris mientras hacía todo lo posible por recuperar el aliento.

— Pareces un cervatillo recién nacido que ni siquiera puede mantenerse en pie —dijo frunciendo el ceño—. No te veía pelear tan mal desde que eras una novata.

A Viri le pareció un comentario bastante cruel, pero no le faltaba razón.

Era culpa de Wynter. De Wynter y de su estúpida alquimia.

Viri, que todavía lo tenía muy reciente, recordó lo que había pasado la noche anterior después de que su amiga la hubiera arrastrado hasta su laboratorio en la subterra. Los recuerdos le vinieron de forma intermitente:

—Yo lo llamo vigoricitrus. Es una pócima para aumentar la energía — le había explicado Wynter dándole a Viri un vial con un líquido naranja brillante—. Lo he llamado así por el efecto vigorizante y porque sabe a cítricos. Vigor y cítrico, ¿lo pillas?

—¿Y qué tiene de malo el café? —le había preguntado Viri dándole vueltas al vial con desconfianza.

—Cuando digo que aumenta la energía, es que la aumenta de forma notable, como un fogonazo —había recalcado su amiga—. Ningún café en el mundo te va a hacer tanto efecto ni tan rápido como esta pócima.

Lo cierto era que a Viri le intrigó bastante. Era peligroso salir a cazar segadores sin energía, pero a veces no le quedaba más remedio. De modo que una pócima así podría marcar la diferencia entre vivir o morir.

Aun así...

—¿Cuánto dura el efecto? Esta noche necesito dormir algo, Wyn.

—Todavía estoy mejorando la fórmula, pero no debería durar mucho —le había asegurado—. Está pensado para que dure segundos, como para atacar a alguien por sorpresa. Cuando te lo tomes... ¡Bum! Será como si te hubieras inyectado adrenalina en las venas.

Viri confió en su amiga y se bebió el vial.

Al principio, parecía que las palabras de Wynter eran ciertas: saboreó el toque cítrico y sintió un chispazo de energía que le atravesó todo el cuerpo.

Una oleada de fuerza se apoderó de su cuerpo y le hizo sentir que podía derrotar a todos los segadores del mundo sin derramar ni una gota de sudor.

Sin embargo, aunque el efecto sí que desapareció a los minutos, tal y como dijo Wynter, siguió notando un cosquilleo agitado en su interior durante horas ; sus latidos estaban acelerados, le retumbaba la cabeza, se notaba el cuerpo febril y con escalofríos, como si tuviera síndrome de abstinencia.

Por suerte, los síntomas desaparecieron a tiempo para que pudiera dormir una hora antes de tener que irse a entrenar con Meera al amanecer.

Y, para colmo, el único comentario que hizo Wynter cuando Viri irrumpió furiosa en la habitación de su amiga esa misma mañana fue:

—Interesante... Corregiré la fórmula para la próxima vez que la pruebes.

Viri se quedó con las ganas de tirarle algo a la cabeza.

En cambio, se marchó enfadada para encontrarse con Meera y solo se sintió empujada por la irritación que la invadía, pero cuando llegó al entrenamiento, ya no le quedaba nada de esa ira y casi era un milagro que consiguiera aguantar de pie mientras se enfrentaba a su mentora a paso de tortuga.

Por suerte, ese día solo estaban practicando combate sin armas, así que no tenía que preocuparse por nada afilado que pudiera hacerle una herida. Para ella, era un consuelo.

— Si querías hacerme perder el tiempo, al menos podrías haber tenido el detalle de avisarme —dijo Meera cuando Viri no logró esquivar otro de sus sencillos ataques. Le enganchó una pierna por detrás de la rodilla e hizo que se cayera sobre la estera.

—El tiempo es un constructo, así que eso de «perder» es subjetivo.

—Jadeó en el suelo y dejó escapar una mueca de dolor al darse cuenta de que, de todas las personas que conocía, había decidido citar a medias una frase de Reeve.

Al ver la cara que le puso Meera, hizo otra mueca—.

Quiero decir... —Se puso de pie de un salto y trató de corregir su error de inmediato—.

Tienes razón. Lo siento, hoy no tengo un buen día.

El rostro de Meera se destensó en cuestión de segundos. No volvió a atacarla, sino que se colocó delante de Viri y se cruzó de brazos.

— Cuéntame. ¿Qué te pasa?

—Nada. Es que no he dormido bien anoche.

— ¿Es por las tareas que te han asignado en los archivos? —preguntó—. Si hubiéramos estado solas ayer, no habría sido tan severa contigo.

—No te preocupes. Lo entiendo.

Meera siguió hablando como si no hubiera escuchado a Viri.

— Eres una de las mejores cazadoras que conozco, así que es evidente que preferiría que estuvieras ahí fuera salvando vidas que ordenando montañas de documentos. Pero todo lo relacionado con la Críptula es competencia de Darik como capitán de la Nox, así que estoy atada de pies y manos.

—Lo sé —respondió, aunque eso no quería decir que le gustara la idea—. Es bastante aburrido, pero no conozco a nadie que haya muerto de aburrimiento, así que espero no ser yo la primera.

— Entonces, ¿qué te pasa? —insistió con los ojos jade clavados en Viri—. Sé que estás cansada, pero también te noto distraída. —Inclinó la cabeza hacia un lado—. ¿Es por Ashton?

Viri se sobresaltó ligeramente y Meera aprovechó su reacción para ir más allá.

— Ayer no quise presionarte para que hablaras cuando estábamos con Darik porque sé que siempre te ha dado un poco de miedo...

—¡No me da miedo ! —farfulló. En realidad, no le caía bien, y era porque ella tampoco le caía bien a él .

— … pero tú y yo tenemos bastante confianza, así que puedes contarme lo que sea. Discúteme todo lo que quieras, pero sé que no debe haber sido fácil plantarle cara a un fiel seguidor del asesino de tus padres.

—Claro que no fue fácil —respondió Viri, que seguía dolida porque pensara que le tenía miedo a Darik—. Y, aunque me resultó bastante desagradable hablar con Ree... Ashton, eso no fue lo que me tuvo preocupada ayer.

A Viri le fue imposible contener las palabras, aunque eso no hacía que fueran menos ciertas.

Al pasarse toda la noche sin dormir, había tenido tiempo más que de sobra para darle vueltas a las horas que pasó en los archivos, sobre todo al tema de los niños desaparecidos; había intentado autoconvencerse de que no tenía de qué preocuparse, pero algo en su interior le gritaba lo contrario.

— Te escucho —dijo Meera dejando caer todo el peso en los talones.

Viri se lo pensó un momento porque no tenía previsto verbalizar ese tema todavía.

—Lo más seguro es que no sea nada.

— Deja que sea yo quien lo decida.

Al percibir el tono imperativo de su mentora, dejó escapar un suspiro y empezó a hablar:

—Ayer ocurrió algo en los archivos.

Meera parpadeó con sorpresa y desconfianza.

— Ahora sí que me estás mintiendo.

La respuesta seca de su mentora le arrancó una sonrisa reacia a Viri.

—No he dicho que fuera algo emocionante , ¿eh? Es solo que pasó... algo.

Sin entrar en detalles, empezó a relatarle todo el tema de ordenar los documentos, le explicó el sistema de clasificación por color y por número, y le habló del montón con el número tres que no paraba de crecer y que correspondía a los últimos seis meses.

—Como te he dicho, estoy casi segura de que no es nada —repitió Viri—. Thornton insistió en que la Nox ha investigado todos los casos, pero anoche me acordé de algo que me dijo y soy incapaz de sacármelo de la cabeza.

El rostro de Meera era imposible de descifrar en ese momento, al igual que durante todo el rato que Viri estuvo contándole lo sucedido.

— Dímelo.

—Thornton dijo que cada caso que investigaba la Nox, lo resolvía o lo desestimaba si se quedaba sin pistas —le explicó—. Son dos soluciones casi opuestas.

— Tienes toda la razón —reconoció Meera, que seguía sin transmitir nada, aunque arrugó un poco la frente—. ¿Te dijo algo más?

—Que las desapariciones no podían estar relacionadas con los segadores porque no se dedican a secuestrar niños, sino a matarlos —exclamó Viri rascándose la barbilla—. Y no se equivoca.

— Y, aun así, te preocupa, ¿no?

Viri bajó la vista hacia la estera, dudosa.

—No lo sé. ¿Quizás sí? Sé que los miembros de la Nox son muy perseverantes y también soy consciente de que lo más probable es que esos niños ya hayan vuelto con sus familias, por lo que sus casos estarán cerrados. Y, a pesar de eso, tengo una... corazonada que me impide estar tranquila.

— Tu intuición nunca te ha fallado —afirmó Meera. Su voz mental estaba cargada de reproche—. Así que no empieces a dudar de ella ahora.

—¿Qué quieres decir con eso? —exclamó Viri levantando la mirada.

— ¿Eres cazadora o no? —Su mentora la miró con las cejas arqueadas—. La mayor parte de tu trabajo consiste en investigar. Así que investiga.

—Pero... Mi castigo... Los archivos...

— Tienes descansos, ¿no? Y seguro que puedes echar algunas horas más.

—¿Crees que es posible que encuentre algo? —Se le hizo un nudo en el pecho solo de pensarlo.

Meera reflexionó su respuesta.

— Por lo general, te diría que no. Si hubiera algún problema, Darik y yo nos habríamos enterado.

—A rrastró los pies y sus botas de cuero dejaron marcas en la esponjosa estera—.

Pero te elegí como mi pupila por una buena razón, Viri.

Confío en tu intuición. Así que averigua todo lo que puedas, aunque sea para quedarnos tranquilas y confirmar que no hay nada de lo que debamos preocuparnos.